Con admiración por Juan Pablo
La alegría desborda cuando una mujer rompe algún techo de cristal. Pocas reparan en que los cristalitos los limpiarán otras muchas que, a pesar de ellas mismas, están paradas en pisos pegajosos. Y sí, esos pisos también serán tarea pendiente a fregar por ellas. Mónica Lavín: “Las vidas simples no hacen Historia”, pero sí hacen estadística y peor, su silencio reproduce el mal vivir. Pensamos desde el cuerpo, ¿clausurando dolores, se borrarán heridas?
Dicen que somos guardianas de la memoria familiar. Curiosamente, no de la propia y tampoco de la de las mujeres de la familia. No de las vivencias incómodas de cada una. El silencio se impone a los dolores que las atraviesan. Hay que exaltar el recuerdo de “grandes hombres” del clan, aunque hayan sido depredadores.
Hablar de fracasos, errores, desengaños y violencias no es ¿prudente? ¿Cómo prevenir “males mayores”, cómo evitar que las niñas sufran atropellos? Desde hace más de un siglo, muchas afirmaron que las relaciones amorosas debían transformarse de manera profunda. ¿Cómo, si los dolores son tema inconveniente?
Las y los pequeños confían en quien les cuida. Un día, ¿sin más explicación? desaparece la confianza. No saben nombrar qué pasó, pero sí que les duele. No pueden denunciar, de un criminal depende su vida. ¿Cómo prevenir, si hay asuntos que no se tocan? La autoridad perdida de las mujeres sobre sus cuerpos y su palabra. ¿Lealtad familiar obligatoria?
La confianza en las madres se esfuma por esos silencios. Los abusos dentro de las familias no terminan. Se nos enseña a no confiar en la palabra de las mujeres. A las que hablan, les han dicho veleidosas, impulsivas, irracionales, primitivas, emocionales, sensibleras, desubicadas, frenéticas. No les crean.
Hay que saber escuchar el estruendo bajo las palabras. Aun, de las que por una u otra razón son famosas, como Margarita Maza, “primera embajadora”, refugiada en Nueva York. De la lectura de sus cartas, David Cárdenas dice: “Margarita evitaba la queja y ofrecía consuelo, demostrando una entereza que sostuvo a su familia en los momentos más difíciles”. De 12 hijos, cinco fallecidos ¿Evitar la queja es silenciar el dolor? ¿Será por eso que murió a los 44 años?
Cada madre tiene un lenguaje único de palabras y expresiones propias. Esa historia silenciada quizá quedó plasmada en esas frases. No tenemos la clave para descifrarlas y poder consolarlas. Interrogarla es posible. Y, aunque muchas griten, madres buscadoras, se les ignora.
¿Por qué tanto empeño en borrar la memoria femenina? Cuando algunas ganan un lugar por su talento, lo que se pone en riesgo es su legado. Zaha Hadid, arquitecta, puso su nombre al estudio que fundó, dirigió y prestigió. En tribunales británicos se determinó que el valor de su marca, el prestigio intangible del “Zaha Hadid”, no era argumento para que mantuviera su nombre. Podrán cambiarlo y borrar de la memoria a esta gran arquitecta. Aquí, la colección de Natasha Gelman, el Dolores Olmedo. Tenemos a Frida Escobedo, gran arquitecta, hay que reconocerla y cuidarla.
Aún persiste una sistemática minusvaloración del talento femenino. Ejemplo: simplificar con la etiqueta “políticas de identidad”, a una de las revoluciones de la subjetividad, la vida cotidiana, la filosofía política y las sexualidades más dinámicas de la historia: los feminismos. Más profundas que el Renacimiento.
¿Cómo honrar las batallas de las que nos antecedieron, que limpiaron cristalitos y pisos pegajosos e hicieron posible nuestra vida en mejores condiciones? Tenemos derecho a nuestra historia y a comprender la de nuestras madres y abuelas. La Plaza de las mujeres que luchan, la Monumenta, lugares de memoria feminista. Falta más.
¿Es posible la autoviolencia política de género? De alguna manera, debe olvidar al mentor. Su sueño electoral, como los otros, se inunda, se descarrila, explota.
