Guardianas del nacimiento: doulas de la CDMX se organizan contra la frialdad del quirófano

En un país donde uno de cada dos nacimientos termina en cesárea y el sector público obliga a las mujeres a parir en aislamiento, una red de acompañantes obstétricas busca profesionalizar y dignificar el soporte emocional en el parto

Integrantes del Colectivo Doula durante su visita a Ciudad Imagen.
Integrantes del Colectivo Doula durante su visita a Ciudad Imagen.Pavel Jurado Canseco

El parto coloca a la mujer en una línea cero donde se transita entre la vida y la muerte. Nace un bebé, pero también nace una madre. En una época obsesionada con automatizar procesos y perfeccionar el uso de la IA, la labor de una doula —el soporte puramente humano, físico y emocional en el nacimiento— sigue sin valorarse por completo en las estructuras institucionales.

Sin embargo, para quien ha experimentado el instante en que todo se descontrola en el quirófano, una doula funciona como un ancla. "La mayoría sentimos el llamado tras nuestras propias maternidades, al conectar profundamente con lo que pasó en nuestros partos", explican las integrantes de la naciente Asociación de Doulas de la Ciudad de México.

La organización nace como un grito de resistencia ante un entorno médico que suele deshumanizar el proceso. En los hospitales públicos del país la realidad es tajante: “Si vas al sector público, vas a entrar sola. No vas a tener celular, ni tu ropa, ni nada. El sistema de salud carece de contención emocional y la experiencia puede ser muy fuerte”.

El puente intermedio

A diferencia de lo que se cree, la doula no es una partera empírica ni busca desplazar la seguridad clínica; es una acompañante obstétrica reconocida por la OMS. La línea que las separa del personal médico es absoluta: no asumen responsabilidad clínica; no toman la presión, no hacen tactos, no recetan ni atienden la expulsión.

Nuestra tarea es ser un punto de apoyo. Entendemos el lenguaje médico porque nos preparamos, pero a quien acompañamos es a la mamá y a su pareja."

Su perfil combina vocación con formación rigurosa: la asociación exige diplomados teóricos, exámenes y prácticas clínicas supervisadas en hospitales.

Durante el trabajo de parto, las doulas actúan sobre el sistema nervioso de la madre para disminuir el estrés y modificar la percepción del dolor mediante la estimulación de los sentidos. “Sabemos dónde aplicar calor o presión. El parto tiene etapas; cuando la mamá necesita aire, sacamos abanicos. Es como una orquesta: ahorita va el masaje, ahorita música”, comentan. Utilizan herramientas como el rebozo o pelotas de pilates para liberar espacio en la pelvis.

Las integrantes del Colectivo Doula dan contención a la madre mediante la estimulación de los sentidos.
Las integrantes del Colectivo Doula dan contención a la madre mediante la estimulación de los sentidos.Pavel Jurado Canseco

Esta contención se mantiene en los quirófanos privados de la capital, donde su presencia es cada vez más requerida en cesáreas de emergencia. En esos momentos de miedo, la doula entra a la sala de operaciones a mirar a los ojos a la madre, convirtiéndose en su conexión humana mientras el equipo médico opera.

La lucha contra el privilegio

México enfrenta una crisis silenciosa: los índices de cesáreas son críticos. "Hoy, uno de cada dos mexicanos nace por cirugía. Las doulas, junto con médicos que hacen práctica respetada, somos agentes de cambio", afirman.

En el hospital, su labor frente al ginecólogo requiere diplomacia:

A veces nos mordemos la lengua porque confrontar al médico cerraría puertas. Nos toca contener y, estratégicamente, sugerirle al esposo al oído: 'Oye, esto no está en su plan de parto, pregúntale al doctor', pero nunca entramos en choque directo.”

El gran obstáculo de la profesión es la desigualdad. Como el sector público prohíbe su entrada, sus servicios se han vuelto un artículo de lujo. "Al entrar solo a hospitales privados, atendemos a familias de ingresos altos. Es una situación de privilegio que nos confronta; queremos cambiar eso", confiesan. Para romper la brecha, la asociación impulsa voluntariados en clínicas públicas como el Hospital de La Perla, el Gea González o el Ajusco Medio.

El costo invisible de cuidar

Sostener el parto de otra mujer implica un alto costo personal. Un nacimiento no avisa; puede ocurrir de madrugada en Navidad o en el cumpleaños de sus propios hijos, prolongándose hasta 40 horas. "Para sostener esto necesitas una red familiar muy fuerte que te respalde al salir corriendo", comparte una fundadora. Por ello, la asociación también funciona como una red de autocuidado psicológico y guardias mutuas para evitar el colapso del gremio.

Para la ginecoobstetra Graciela de la Luna, el acompañamiento de una doula está validado por la ciencia: disminuye las tasas de cesáreas, reduce la necesidad de epidural y frena el uso sistemático de oxitocina.

Muchos ginecólogos de la vieja escuela se sienten intimidados porque creen que la doula calificará su desempeño."

"Si el sistema público abriera las puertas a las doulas, los costos hospitalarios caerían muchísimo. Habría menos gasto en quirófanos y analgésicos". En un sistema que trata los nacimientos como procesos industriales, la organización de estas mujeres demuestra que parir sigue requiriendo intimidad, paciencia y una mano humana.