En Cuajimalpa, el asfalto se rompe dos veces y el caos se paga diario

Tal parece que en la alcaldía Cuajimalpa, gobernada por Carlos Orvañanos Rea, el presupuesto no aprieta, una vialidad que ya había sido repavimentada volvió a ser abierta.

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El resultado no es menor, tráfico detenido, bocinazos interminables y un cuello de botella permanente en una zona donde confluyen cinco avenidas de entrada y salida a la colonia.Cuartoscuro

Tal parece que en la alcaldía Cuajimalpa, gobernada por Carlos Orvañanos Rea, el presupuesto no aprieta. Al menos eso piensan vecinos y automovilistas que todos los días padecen obras mal planeadas y repetidas, como ocurre en el bajo puente que conecta Noche de Paz con Camino al Olivo, en la colonia Lomas de Vista Hermosa.

Ahí, una vialidad que ya había sido repavimentada volvió a ser abierta sin mayor explicación. Por lo menos 20 metros cuadrados de asfalto nuevo fueron rotos para, otra vez, volver a pavimentar. El resultado no es menor, tráfico detenido, bocinazos interminables y un cuello de botella permanente en una zona donde confluyen cinco avenidas de entrada y salida a la colonia.

El problema se agrava en días laborales. Por las mañanas y al caer la tarde, cuando la movilidad alcanza su punto más alto, las máquinas aparecen y el tránsito simplemente colapsa. No hay agentes de vialidad, no hay rutas alternas claras y tampoco señales suficientes que adviertan el cierre parcial.

Linda Castro, vecina de la zona, resume el malestar con una frase directa. Para ella, la falta de planeación convierte las obras en dinero tirado a la basura y en un riesgo constante para quienes circulan por ahí.

Apoyo que ayuden, que hagan algo, que por favor nada más planeen antes, no es abrir nada más así a lo tonto”.

La molestia no es solo por el tráfico. Los accidentes, dice, son cosa de todos los días. Conductores desesperados intentan pasar al mismo tiempo por una vialidad que apenas cuenta con dos carriles.

Hay accidentes, siempre hay un choque, eso perjudica la circulación porque se paran y solo son dos carriles, no hay policías, no hay nadie que apoye”.

Para quienes viven del tiempo, el impacto es directo al bolsillo. Abraham Salazar, repartidor de comida por plataforma, asegura que los retrasos superan con facilidad los 10 minutos por viaje, lo que significa menos pedidos y menos ingresos.

Desde su experiencia, la solución no es complicada, horarios adecuados y trabajos más ágiles.

Que se agilizaran y yo creo que trabajaran más como en la noche, porque en la noche no hacen nada y en el día, donde está todo el desastre, es cuando están trabajando”.

Vecinos y trabajadores coinciden en algo más, la sensación de que el alcalde Carlos Orvañanos Rea no circula por esa zona y, por lo mismo, no dimensiona el caos que generan estas decisiones. De hacerlo, dicen, las obras no se repetirían ni se ejecutarían en los peores horarios.

fdm