María del Pilar Montes de Oca Sicilia
El acertijo de la bolsa
El otro día estaba leyendo una nota sobre una bolsa de Hermes, llamada «The Birkin Bag», la cual prácticamente me dejó estupefacta —la nota, no la bolsa—. Y para que ustedes se asombren igual o similar a mí, va la historia. Resulta que esta célebre bolsa es la más cara de las caras —entre todas esas de marca que cuestan unos dinerales, como las de Gucci, Prada, Louis Vuitton...—; se llama así en honor de la actriz y modelo británica Jane Birkin y salió al mercado en 1984; de inmediato ganó seguidoras y adeptas —que querían parecerse a Jane o, por lo menos, tener algo parecido a ella—. Hoy por hoy, de acuerdo con la gente de la moda, «toda mujer de mundo cosmopolita, urbana y moderna, debe tener una»
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Todos somos pedófonos
Después de este bonito y tradicional Maratón Guadalupe-Reyes pude comprobar que no cabe duda que los niños, los leggings y los borrachos siempre dicen la verdad. Y en el caso de los borrachos, esto no puede ser más cierto, porque que levante la mano aquel que, después de echarse varios drinks y pasar del estado alegre al estado de «dolor y contra ell@s» no ha caído alguna vez en la pedofonía.
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El arcaico apellido de casada
Nunca he usado el apellido de casada. Soy María del Pilar —mis padres me pusieron el nombre de mi mamá—; Montes de Oca, el apellido de mi padre, del cual estoy muy orgullosa y que ya es bastante que venga primero que el de mi mamá, que es Sicilia, del que también lo estoy y mucho. Y ésa soy yo y he sido desde que me registraron a los tres días de nacida, y lo constata mi credencial de elector, mi pasaporte y todo lo demás. Mi nombre, pues —como el de la mayoría de los habitantes de Occidente—, habla de mi estirpe.
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Gebrydguma
No sé si a ustedes les ha pasado, pero es que a mí me da no sé qué cuando veo por ahí a algunos de mis ex andando con unas tipas, mediotontas, pero mediobuenonas, interesadas, ignorantes, sin cerebro, vaya; me da una mezcla entre grima y pena ajena, al pensar que si él —mi ex— puede andar con una mujer así, que yo desprecio —y mira que pueden ser despreciables—, entonces yo dónde quedo, es decir, ¿es que también yo soy despreciable? ¿Cómo pudo pasar de mí a ella? O peor aún, ¿qué me veía él a mí? ¿Por qué andaba conmigo?
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De disolutas a mojigatas
La palabra disoluta generalmente salía de los labios de una mujer para atribuírselo a otra; pero esas mujeres son ya de la edad de una abuelita o bisabuelita —que hubieron nacido en las primeras décadas del siglo XX—, y que siempre las decían en tono despectivo, y acompañadas de un gesto de desaprobación: «esa mujer es una disoluta». Pero, a decir verdad, se trata de un vocablo tan antiguo, que ya se usaba en latín y con el mismito significado
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Schadenfreude
Oooh, esos alemanes tienen palabras para todo. Homero J. Simpson Quizá el bueno de Homero Simpson tenga razón, pero no del todo, porque así como los alemanes tienen palabras para unas cosas, en náhuatl hay ...
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A intensear que es latín
Yo no sé si los intensos se pusieron de moda o sólo es que encontramos el adjetivo adecuado para calificarlos o clasificarlos o segmentarlos o llamarles por su nombre. Y es que aunque la palabra existe y ha existido desde hace casi mil años en la lengua española —viene del latín intensus— y nos sirve para calificar a algo —de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española— «que tiene intensidad», o a alguien que es «muy vehemente y vivo», nunca como antes se había usado tanto ni de tan diversas formas en el español, por lo menos en el español mexicano
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De mujeres, fuego y cosas peligrosas
En «El idioma analítico de John Wilkins» de su libro Otras inquisiciones, Borges habla acerca de «cierta enciclopedia china» que clasifica a los animales de la siguiente manera: «(a) pertenecientes al emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (l) otros, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas»..
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De fifís, fufurufos, pirruris y otras cosas
La gente de dinero, la gente bien, los pudientes, siempre han sido considerados una clase aparte que ha sido denostada por la clase media y popular y viceversa. Si para «los de arriba», «los de abajo» son: nacos, pelados, corrientes, ordinarios, payos, lumpen, pus, populacho, peladaje, runfla, raspa… para «los de abajo» la clase acomodada se tacha con diversos adjetivos: En la época de Tintán y el Jamaicón Villegas, se les llamaba rotos que, de acuerdo con Francisco J. Santamaría, significa «un petimetre, un pisaverde, un individuo sin quehacer que viste bien porque tiene los medios, alguien finolis»
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Habla como quieras, pero escribe bien
Como todos sabemos el lenguaje es estrictamente oral y nace de la necesidad de comunicación de todos los seres humanos.
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¿Por qué los chilangos nos llamamos chilangos?
Chilango es hoy por hoy un “exdefeño”, un “capitalino”, un güey o güeya de ésos que nacieron y viven en “esa megaciudad enorme y llena de gente, contaminación, inseguridad y tráfico”
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Se armó la bisteciza
No hay una cultura como la mexicana en la que cualquier cosa, por pequeña que sea, termine en reunión, comilona, risas y diversión. Por ello me viene a la mente el sufijo –iza, que en español mexicano pasa por el campo semántico de la comida y también del de la fiesta
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¿Limpian, fijan y dan esplendor?
Alguna vez ustedes se han preguntado ¿para qué sirven las academias? ¿Cuál es su utilidad y su razón de existir? ¿Por qué muchos hispanohablantes —llámese colombianos, mexicanos, peruanos o cubanos— nos seguimos rigiendo por los cambios ortográficos o de uso del español que hagan las academias? ¿Hay academias en todas las lenguas? ¿En las lenguas donde no hay academias qué pasa?
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Pusilánime
Era un tipo de esos que podrían pasar desapercibidos, de ésos que, aunque guapo y sexy, no se deja ver después de visto; porque se esconde detrás de su cara de buena gente y sus buenos modales.
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Hablando de que hablamos...
La lengua es el único instrumento que tenemos los seres humanos para conocer y para comunicarnos. El niño aprende a conocer el mundo que lo rodea a través de la lengua: sabe que el agua es agua y la leche, leche, que mamá es mamá y papá —si está por ahí— es papá y así se sigue. La lengua es la manera de enfrentarnos al mundo y lo que nos diferencia a nosotros los homo sapiens sapiens del resto de los animales
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