Se armó la bisteciza

No hay una cultura como la mexicana en la que cualquier cosa, por pequeña que sea, termine en reunión, comilona, risas y diversión. Por ello me viene a la mente el sufijo –iza, que en español mexicano pasa por el campo semántico de la comida y también del de la fiesta

Los sufijos son morfemas que cumplen con la tarea de unirse al final de ciertos lexemas —raíz o unidad de significado— con el propósito de constituir nuevas palabras, en dos vertientes:

flexión: por un lado, algunos sufijos podrán cumplir con tareas flexivas, por ejemplo en un verbo: comer, comería, comía, comiera, etcétera, como parte de una conjugación.

derivación: en segundo lugar, pueden cumplir también con tareas derivativas, uniéndose entonces a ciertos lexemas, con el fin de crear nuevas palabras, como señor, señorío, señorón, señorear, señorito, etcétera, que son palabras familiares.

En el caso del sufijo –iza, en el español general, todas las gramáticas apuntan que comparte con -dizo/-diza el significado básico de ‘propensión o tendencia’, como cobrizo, ‘de color cobre’, pajizo, calizo o antojadiza. En algunos casos intensifica el adjetivo, en otros convierte a un sustantivo en otro de índole distinta, como en el caso de cabelleriza o porqueriza.

No obstante, en ninguna gramática se encuentra la definición del sufijo -iza como el que le damos en el español de México; es decir de profusión: en el español mexicano cuando a algún sustantivo se le agrega –iza, en casi todos los casos se relaciona con el sustantivo, pero de forma copiosa, abundante, desbordante, excesiva e incluso continua y diversa; así a alguien le ponen una madriza, cuando le dan muchos madrazos, o una golpiza o putiza, que viene siendo lo mismo, o bien está en chinguiza cuando ha estado en chinga mucho tiempo; por su parte cuando se va a una pozoliza se espera encontrar pozole en abundancia con todo su jardín y variedad de condimentos y tostadas; o cuando alguien le agarran ojeriza porque ya le han estado echando el ojo mucho tiempo. Pero a lo que quiero llegar es al curioso hecho de que los mexicanos usemos tanto este sufijo —sobre todo cuando se trata de invitar, convidar, armar u organizar el festín— y lo relacionamos con muchos invitados y muchos antojitos juntos.

Encuentro las raíces de -iza en el lenguaje coloquial de los mexicanos, más o menos a finales de los años 50 o principios de los 60, justo cuando se pusieron de moda los famosos tacos al carbón y la gente «bien» empezó a entrarle al taco, el cual antes sólo era para «pelados» —como bien nos lo cuenta Alberto Peralta de Legarreta, experto en cultura gastronómica y autor de El Chilangonario—; es decir, los tacos de tripa o de cabeza sólo se vendían en puestos de la calle y también en el rancho la gente siempre había taqueado.

Por otro lado, existían los tacos de guisado —los famosos tacos Beatriz, desde 1910, o los del Salón Corona en 1928— o tacos de carnitas y de mil cosas más en toda la República, preparados de forma distinta, pero no para convidar entre los invitados de una casa de clase media. A partir de esa fecha, el taco cobró relevancia y las clases urbanas los pusieron

en su mesa y así organizaron taquizas en el jardín de su casa.

Cuando te invitan a una taquiza, te están invitando a una comida donde va a haber muchos tacos —de guisado, la mayor parte de las veces— y de gran variedad: desde mole verde hasta rajas, tinga, chicharrón, papas con chorizo y hasta nopalitos; acompañados con su arroz y sus frijolitos. Lo mismo pasa con lo que antes era una tamalada, que ahora es una tamaliza. Pero la cosa no se queda ahí, porque también los poblanos organizan sus chalupizas, los estudiantes se juntan en caguamizas e incluso muchos de nosotros hemos sido invitados a una bisteciza, donde se asa carne con sus cebollitas, tortillas, salsa, etcétera.

La invitación a estas -izas puede ser improvisada o de «traje» —es decir, de coperacha—: alguien lleva las chelas; otros, la ensalada; otra, el tequila, y otro, la botana; también pueden ser parte de un festejo y planearse con mucha antelación.

En fin, que la vida del mexicano y su gusto por convidar y por comer y beber en abundancia hace indispensable tener un sufijo como -iza y así, quién sabe si en un abrir y cerrar de ojos, en poco tiempo nos encontremos con otras palabras con él como: quesadilliza, hotdogsiza, hamburguesiza, burritiza, panuchiza, ginandtonicsiza y hasta cupcakesiza.

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