De disolutas a mojigatas

La palabra disoluta generalmente salía de los labios de una mujer para atribuírselo a otra; pero esas mujeres son ya de la edad de una abuelita o bisabuelita —que hubieron nacido en las primeras décadas del siglo XX—, y que siempre las decían en tono despectivo, y acompañadas de un gesto de desaprobación: «esa mujer es una disoluta». Pero, a decir verdad, se trata de un vocablo tan antiguo, que ya se usaba en latín y con el mismito significado

Este precioso adjetivo calcado de la voz latina dissolutus, a, um, viene del participio del verbo dissolvere, que quiere decir justamente «disolver», en el sentido estricto de «disipar», como se disuelve el azúcar en el agua y las ideas en el devenir histórico. Y, creo que es más atinado que otra cosa, es casi icónico, transparente, porque, piense usted, si una persona es o está «distraída», «diseminada», ya se podrán ustedes imaginar lo poco que le importa lo que digan de ella. Es decir, está disipada, en lo suyo, y a la vez disuelta en su entorno, por lo tanto, ligera y sin espuelas como la Sabina de La insoportable levedad del ser de Kundera.

Y así y por extensión, se puede pensar, que aquel —y sobre todo aquella que es disoluta, es licencioso y se entrega libremente a los vicios, tal como nos lo dice el diccionario porque, en lugar de recatarse, se «disuelve» en ellos y, de esta manera, se va rindiendo fácilmente a todo, aun y cuando sea «contrario a la moral».

Y es que es seguro que todos hemos conocido a alguna mujer así, o más aún muchas hemos sido eso para algún hombre y para alguna que otra mujer: disolutas y casquivanas, este último, otro adjetivo que el DLE1 define como: «producto de la unión de casco y vano», la palabra casquivana nos remite a una mujer de cascos o piernas ligeras que, además, «no tiene formalidad en su trato con el sexo opuesto» y también además de sexista, está pasado de moda.

Del otro lado de la brújula de la moral y la decencia están aquellas que son justamente lo contrario: recatadas, conservadoras, decentes, mochas y, por tanto, mojigatas. De acuerdo, otra vez, con el DLE, un mojigato es aquel «que afecta humildad o cobardía para lograr su intento en la ocasión, beato hazañero que hace escrúpulo de todo». Esta palabra viene de mojo, «voz para llamar al gato», y gato propiamente... O sea que equivale a sospechoso o sospechosa, a esos que lo hacen todo por debajo del agua y que me recuerdan a varias primas lejanas, de las que es mejor no acordarme.

Y es que ¿se ha dado cuenta de que de alguien es muy recatado y lo hace todo con recelo mejor habría que desconfiar? María Moliner, lo define bien cuando dice que mojigato «se aplica a las personas que se escandalizan con excesiva facilidad por la inmoralidad de las cosas, que muestran recato, moralidad o virtud exagerados o afectados», y para muestra pone algunos sinónimos como: monjil, pazguato, pudibundo, remilgoso, timorato, mustio y hasta melindroso e hipócrita.

Mojigatas conocemos todos —siempre hay una tía, una amiga, una conocida o una suegra— que además de ser moralistas en su propia conducta, lo son en la de los demás y siempre están diciendo cosas como: «¿Ya viste que Fulanita…?» o «¿Te habías dado cuenta de que…?»  ¡Quién sabe qué mal vicio esconderán tras de tanto recato y recelo!

Desdeñosas, cuellivueltas y cejijuntas, las mojigatas les llamaban disolutas a las mujeres que consideraban livianas, tornadizas, frívolas, volubles, locas. Pues la que es mojigata —a diferencia de la disoluta— era melindrosa y no «se disuelvía» con la vida y sus placeres, sino que los rechazaba y les «hacía el fuchi» amargándose y amargando a los que la rodean.

Hoy en día sigue habiendo mojigatas —aunque ya menos—, pero ya nadie oye exclamar que fulana es de «costumbres disolutas» o que perengana lleva «una vida disoluta», y menos aún que «zutanita es una disoluta», porque, en los últimos tiempos, en lugar de este adjetivo, suele aplicarse otro más corto, de cuatro letras pero que rima con él.

                1 Diccionario de la Lengua Española: https://dle.rae.es

Directora de Algarabía Editorial

Twitter: @palabrafilica

Temas: