Fernando Valenzuela: La soledad en el montículo

El Toro dio una explicación de cómo se debe lanzar en una Serie Mundial, previo a la que disputaron los Mets y Medias Rojas en 1986

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Fernando Valenzuela, durante un juego en la Mayores.

Ahora sé que no ver la cara ni los ojos de Fernando Valenzuela durante la entrevista fue una gran ventaja. Seguramente El Toro de Etchohuaquila pensaba: “¡Qué clase de preguntas hace este tipo?”, pero como ni lo veía ni me veía no había manera de avergonzarse.

Fue una larga entrevista… telefónica. Valenzuela en Los Ángeles y el reportero en la Redacción de Fresas #13, en la colonia del Valle, en la Ciudad de México. Resulta obvio decir que no había FaceTime ni Zoom ni ninguna otra app de ese tipo. Vamos, no había ni siquiera teléfonos celulares ni, por supuesto, internet.

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Se sabe: octubre es el mes del Clásico de Otoño, la Serie Mundial del beisbol.

En el otoño de 1986 ni Fernando Valenzuela, -el ídolo de México y protagonista de la llamada Fernandomanía en Estados Unidos-, ni los Yankees de Nueva York del director de la revista Proceso llegaron a la Serie Mundial.

En el pasillo, como ocurría siempre, Julio Scherer García me dijo:

-Don Gerardo, ¿qué vamos a hacer para la Serie Mundial? (la disputaban los Medias Rojas de Boston y los Mets de Nueva York, equipos importantes, pero no muy populares en México, en donde había renacido la fiebre por el beisbol, gracias a Valenzuela).

-Pues no se me ocurre nada atractivo-, respondí.

-No me diga, no me diga eso. Piénsele.

Nos fuimos a comer y horas más tarde el director preguntó:

-Entonces, ¿qué vamos a hacer con la Serie Mundial?

Sabía ya por experiencia que cualquier respuesta negativa lo haría explotar, así que guarde un prudente silencio.

-…

-Así que no se le ocurre nada.

-No, pues la verdad, no. (Además, yo cubría la fuente política y sí, era, sigo siendo aficionado al beisbol).

-Mire: ¿Y si le pregunta a Fernando Valenzuela cómo se pitchea en una Serie Mundial? (Ya había gando una Serie Mundial, el premio Cy Young, y ese año había obtenido 21 victorias con un equipo colero).

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Cartón dedicado a Valenzuela.

*Un cartón dedicado al gran

lanzador mexicano.

Imposible cuestionar una orden de trabajo como ésa.

Se sabe que el beisbol es un deporte exacto, según lo proclamaba Pedro El Mago Septién, quien junto Jorge Sony Alarcón ayudaron al reconocimiento en México del de por sí grande Gordo Valenzuela, aquel que antes de cada pitchada entornaba los ojos para ver el cielo y hacía creer que ni siquera miraba el home.

Pese a su exactitud, hasta los errores van a la tirilla (el marcador, para los legos), el beisbol también es un deporte de mitos, leyendas, cábalas, estadísticas infinitas, reglas para cada jugada y la estrategia infalible de cómo debe jugarse está contenida en un “librito” que todos, absolutamente todos, han leído, aunque nunca haya sido impreso por nadie, pero el “librito” siempre ordenará el siguiente lanzamiento, cómo batearlo, qué esperar, la siguiente jugada y sus respuestas.

El pitcher es el centro de la atención arriba del montículo, la lomita de las responsabilidades; sus lanzamientos son el control o descontrol del juego. Dicen los que dicen saber que no hay ningún beisbolista más concentrado que el lanzador, y quien antes de cada pitchada envía señales y las recibe de su catcher, de sus coaches y hasta de su mánager. No puede distraerse.

La leyenda dice que cuando un catcher, un coach o un mánager, o todos juntos, entran al campo para hablar con el pitcher, nunca se refieren al juego, que hacen bromas o “joicean” para que el lanzador vuelva a concentrarse y no oiga los gritos de los aficionados.

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El Toro atiende una entrevista de televisión.

*El Toro atiende una entrevista de televisión

en una visita a México.

Entonces había que conseguir, ya, a Valenzuela, para que contara también de esa soledad que sólo sienten los pitchers en el montículo y cómo se concentran.

Al día siguiente, Scherer García me buscó. Me entregó un papel con un número telefónico y me dijo:

-Valenzuela estará esperando que le llame a las cinco en punto, en punto ¿eh?, obsesivo él con la puntualidad.

Nada qué decir, sino esperar la hora, en punto, para llamar. Y sí, contestó El Gordo, sin intermediarios, desde Los Ángeles, California.

Como no había entonces Face Time ni Zoom ni aplicaciones parecidas, los tonos de voz en la bocina de los teléfonos eran los únicos indicativos. Pude comprender, por sus tonos, en algún momento su desconcierto por mis preguntas: algo así cómo “¿qué carajos me está preguntando este tipo?” (güey, en lenguaje popular). Preguntas que tenían su origen en la primera cuestión básica del señor Scherer: ¿cómo se pitchea en una Serie Mundial?

Fernando Valenzuela aguantó mis impertinencias; las contestó con paciencia y podría decir que hasta con humildad; su entrevista estuvo en la portada de la revista, precisamente con la “cabeza”: “¿Cómo se picha en la Serie Mundial?”, y acertó en su pronóstico de que la Serie Mundial sería ganada por el equipo de la Liga Nacional: los Mets de Nueva York de sus grandes rivales Dwight Gooden, Darrel Strawberry, Gary Carter y Keith Hernández.

Con sus respuestas, Valenzuela, sencillo como lo era siempre fuera del diamante, desmontó muchos mitos beisboleros.

Dijo, por ejemplo, que los gritos de los aficionados no afectaban a los pitchers, bueno, por lo menos a él, y que cuando los oía no les hacía caso, que era como un soplo de viento; que se concentraba en el bateador y el siguiente lanzamiento, “es sólo juego”; que no se hacen bromas en el montículo –“ahí se habla en serio”, dijo- y que, contra lo que se cree, no hay bolas de desperdicio, porque todo lanzador tiene la intención de ganar.

Tú sabes, se dice que uno no conoce (en una Serie Mundial) a los bateadores, pero tampoco ellos conocen a uno. El lanzador tiene la pelota en la mano y sabe lo que va a lanzar; el bateador sólo está esperando el lanzamiento, sin saber cuál va a ser. Eso es importante y ésa es la ventaja”.

Y vaya que Fernando Valenzuela sabía qué hacer cuando solitario en el montículo tenía una pelota en la mano izquierda a punto de lanzar un screwball.

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*mcam