Regresó Espinoza, pero no es el mismo; fiesta nublada en el Hipódromo
El gran jinete no pudo ganar en las cuatro carreras que participó.

El hipódromo de las Américas latió distinto. Víctor Espinoza, el jinete que dejó su tierra para conquistar al mundo, regresó a casa. El hijo pródigo volvió, no con las manos vacías, sino con la experiencia de una vida cabalgando entre gloria, sacrificios y victorias históricas.
Nacido en Hidalgo, la necesidad lo llevó a Tabasco, pero la pasión lo hizo llegar a la Ciudad de México al mismo hipódromo donde empezó todo y al que regresó 33 años después y en medio de una tarde lluviosa que no fue de lo mejor para él.
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Espinoza se convirtió en sinónimo de hazaña cuando en 2015 guió a American Pharoah a la gloria de la Triple Corona, un logro que lo inmortalizó en la hípica mundial.
Su regreso no sólo fue un reencuentro con la pista sino una reconciliación con la tierra que lo formó y con una afición que lo recuerda como ejemplo de disciplina.
Entre gritos de quienes esperaron este momento y aplausos para reconocer su trayectoria, Espinoza volvió a montar en México con la misma pasión con la que un día salió.
SU REGRESO, ENMARCADO EN UN PROCESO DE PRUEBA Y AJUSTE
Su participación en el LXXX Handicap de las Américas estuvo marcada por un proceso de prueba y ajuste. En las carreras 3 y 4, en las que montó a Brazuca y Abranse, no logró colocarse entre los tres primeros lugares.
En su tercer intento, en la séptima carrera, esta vez con Hey Güera, rozó la victoria, pero terminó en un segundo puesto. Más tarde, en la novena, acompañado por Mexess, dominó gran parte del recorrido, sin embargo, en la recta final cedió terreno y concluyó en la tercera posición. Al cruzar la meta, cayó de su caballo y dejó ver el desgaste acumulado de la jornada.
Su regreso se vio nublado por la falta de una medalla que asegurara su dominio en territorio mexicano. El LXXX Handicap de las Américas no vio campeón a Víctor que regresaba con hambre y sed de éxito de ser el ganador. Al final, sólo dio un breve recorrido por la pista y se metió pronto al vestidor para reflexionar sobre su regreso.
El hijo pródigo volvió, y México lo recibió con los brazos abiertos, ansioso por ver a su campeón en casa, cabalgando otra vez al compás de la historia, porque para los aficionados ‘siempre serán bienvenidas las estrellas’, como decían los aficionados.
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*mcam
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