La leyenda Víctor Espinoza cierra el círculo y galopa de regreso a casa

El ganador de la Triple Corona vuelve al Hipódromo de las Américas 3 décadas después de que emigró a EU para convertirse en leyenda

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Víctor Espinoza, con la cara llena de lodo tras una carrera de caballos.

El frío de la madrugada en el Hipódromo de las Américas no se olvida. Menos aún cuando, a falta de una cama, se improvisa el abrigo con la piel de los caballos y se comparte la oscuridad con ratas que corren por el techo de la cuadra. Ahí, hace más de tres décadas, un joven llamado Víctor Espinoza descubrió que para sobrevivir, ser jinete era su única opción.

Yo no me hice jockey por gusto, sino por necesidad. Sufrí mucho cuando comencé. No había otra opción para salir adelante y recuerdo el frío de las noches en el hipódromo donde tenía que dormir en los establos y taparme con la cobija de los caballos. Se escuchaban las ratas pasar”, recuerda Espinoza en entrevista con Excélsior. Esa necesidad lo empujó a aguantar noches heladas, a conducir camiones de pasajeros para pagar la escuela de jinetes, a dormir donde otros sólo pasaban para trabajar. La pasión por la hípica llegaría después.

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Hoy por la tarde, el mismo hombre que en 2015 rompió la sequía de 37 años de la Triple Corona con American Pharoah, que ha acumulado más de 3 mil victorias y más de 213 millones de dólares en premios, regresa por primera ocasión al escenario donde todo comenzó en 1992. Lo hará en la carrera más importante del calendario mexicano: el Handicap de las Américas. Vestirá la seda de la Cuadra San Antonio y montará a Don Ricardo, no como el joven que buscaba sobrevivir, sino como el miembro del Salón de la Fama que devolvió el nombre de México a la élite mundial del hipismo.

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Víctor Espinoza, con un de los trofeos que ganó en el Hipódromo de Las Américas.

Yo ya había olvidado muchas cosas de las que pasé en el Hipódromo de las Américas porque no fueron bonitas. Me tocó sufrir mucho y esas cosas no las quieres recordar, pero es bonito regresar. Es bonito porque también pasé buenos días y ahí me dieron la oportunidad de montar. Han pasado 30 años desde que me fui”, sostuvo en la llamada telefónica antes de tomar el avión a México.

Nacido en una granja lechera de Hidalgo en 1972, undécimo de 12 hijos, Espinoza entendió desde temprano el peso del trabajo físico. Sembrar, ordeñar vacas, montar caballos. De adolescente manejó un autobús en la Ciudad de México y aseguró que esa experiencia fue más complicada que montar los nerviosos pura sangre en una pista.

Conducir un autobús lleno de gente en la Ciudad de México es más difícil que montar caballos en carreras grandes. Pero yo ya no me podía quedar, tenía que ir por más. Iba a ser un buen jinete en México, pero tenía que ir por más”.

NO TARDO EN BRILLAR EN SUELO ESTADUNIDENSE

En la capital del país apenas duró seis meses como jinete. Ganó, sí, pero soñaba con algo más. En 1992 cruzó a California y no tardó en brillar. Aprendiz en Bay Meadows y Golden Gate Fields. En 2000 firmó su temporada de despegue al ganar su primera Breeders’ Cup y acumuló 13.2 millones de dólares en premios. Dos años después conquistó el Derby de Kentucky y el Preakness con War Emblem. El gran golpe llegaría más de una década después, cuando se volvió inseparable de California Chrome y American Pharoah, dos caballos legendarios.

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Víctor Espinoza, jockey.

Con California Chrome levantó el Derby y el Preakness en 2014. Un año más tarde, con American Pharoah, le regaló a Estados Unidos y al mundo una Triple Corona que parecía imposible. Espinoza, un mexicano que había dormido entre ratas en las caballerizas del Hipódromo de las Américas, entraba a la historia junto a nombres  como Eddie Arcaro, Gary Stevens,  jinetes que conoció entre pláticas de hipódromo.

Hoy regresa al mismo óvalo de tierra donde el entrenador Don Arturo de la cuadra Naucalpan lo apoyó cuando apenas tenía un puñado de montas y ninguna certeza de futuro.

Le estoy muy agradecido a Don Arturo de la cuadra Naucalpan. Él me dio la oportunidad”.

El retorno de Espinoza es un círculo que se cierra o, mejor dicho, un óvaloEspinoza sabe que ya no queda nadie de aquellos días en el Hipódromo. Su paso fue breve, su huella silenciosa. Pero en la memoria de la hípica mexicana, su figura es un referente indiscutible. No sólo porque dio al país una voz en la conversación mundial, sino porque lo hizo desde abajo, desde el fondo del establo, donde se duerme entre animales y ruidos que alimentan el sueño de sobresalir.

Me emociona regresar. No lo había pensado hasta ahora que se acerca el día, pero vienen todos los recuerdos de lo que sufrí, de lo bueno y lo malo al mismo tiempo”.

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Víctor Espinoza, monta uno de sus caballos.

Cuando Espinoza aparezca  hoy en el paddock con la chaquetilla de la Cuadra San Antonio, el Hipódromo de las Américas será testigo de algo más que una carrera, será el regreso del jockey mexicano más laureado de la historia.

ICONO DE LA HÍPICA

*** Espinoza comenzó su carrera como jockey profesional en 1992 en el Hipódromo de Las Américas.

*** En Estados Unidos ha ganado más de 3,500 carreras con 213 mdd en premios.

*** En 2015 ganó la Triple Corona.

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*mcam