Garret Crochet silenció al Bronx y Boston dejó a Yankees contra la pared
Garrett Crochet ponchó a 11 enemigos en una actuación magistral de siete innings y dos tercios

El Bronx volvió a abrir sus puertas a la postemporada con la memoria todavía fresca de la herida del año pasado. En ese mismo escenario, los Dodgers celebraron la Serie Mundial y los Yankees quedaron marcados por los errores que les costaron el campeonato. Casi 12 meses después, la historia volvió a empezar torcida.
Los neoyorquinos no lograron retener la corona del Este y se vieron obligados a iniciar el camino por la vía más larga. Boston, que atravesó turbulencias durante la campaña y celebraba sus hits con avioncitos como burla a su propio caos, también llegó a octubre. Lo hizo sin brillo, pero lo hizo.
Salen de la turbulencia
La pizarra fue de 3-1 para Boston, pero el fondo del noveno rollo incluyó una casa llena para los Bombarderos sin outs. El ímpetu se esfumó con un ponche a Giancarlo Stanton, un elevado de Jazz Chisholm Jr que no produjo carrera y terminó con un ponche a Trent Grisham.
En la primera cita, los Red Sox encontraron un ancla inesperada. Garrett Crochet se subió a la loma y silenció Yankee Stadium con una de esas actuaciones que definen carreras.
Siete entradas y dos tercios. Un recital de 11 ponches. Cuatro hits. Realizó 117 lanzamientos. Su único error fue un cuadrangular de Anthony Volpe en el segundo inning. Después de eso, nada. Ni Aaron Judge. Ni Giancarlo Stanton. Nadie.
El duelo en la loma fue áspero. Max Fried, con la misión de sostener a los Yankees, mantuvo el cero durante seis entradas y un tercio. Se bajó con 102 lanzamientos, exhausto, y dejó un encuentro ganado que terminó por volverse contra los Yankees.
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El relevo de Luke Weaver encendió las alarmas de inmediato. Una base por bolas , un doblete y un sencillo de Masataka Yoshida que produjo dos carreras quebraron el equilibrio. Boston tomó ventaja y ya no la soltó.
En el cierre, un viejo fantasma se apareció en el Bronx con otro uniforme. Aroldis Chapman, que tantas veces hizo retumbar el estadio con su recta, ahora cerró el juego con el uniforme de los Red Sox. El silencio fue el mismo que Crochet había tejido durante la noche.
Yankee Stadium volvió a ser testigo de la frustración. Un año después de ver celebrar a los Dodgers en su casa, ahora ve a Boston colocarlos a un paso de la eliminación.
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