Por Ma. Patricia Herrera Gamboa*
¿Y qué tienen en común estos términos? nos podríamos preguntar… porque de entrada conocemos que lo femenino se atribuye, según la Real Academia Española a lo femenino, “perteneciente o relativo a la mujer”, “femenil, mujeril”, “propio de la mujer o que posee características atribuidas a ella”, “dicho de un ser dotado de órganos para ser fecundado”, “perteneciente a la célula femenina, género femenino o marca de femenino en algunos sustantivos”, cuyo origen en latín es feminīnus.
En cuanto al feminismo, se vierten una gran variedad de conceptos, como el principio de igualdad sobre los derechos de la mujer con el hombre, o como una corriente de pensamiento que reúne un conjunto de movimientos e ideologías, políticas, culturales y económicas para conseguir que dicho principio de igualdad, equidad de género y relaciones de poder sean tanto femeninos, como masculinos, combatiendo la violencia machista, la brecha salarial y la desigualdad de género.
Algunos expertos de la UNAM, en su ciclo de actividades Somos diversidad, retratos de género, definen el feminismo como una cultura sobre un conjunto de mujeres que han cuestionado, debatido y cambiado el entorno para que sus derechos e intereses sean reconocidos. Afirmando que existen cuatro olas feministas históricas para visibilizar los procesos de esta lucha de las mujeres: 1) Ola de la ilustración. Originada durante la Revolución Francesa, cuando las mujeres cuestionaron los privilegios masculinos sin cuestión biológica o natural. 2) Ola liberal sufragista. Cuando con grandes esfuerzos se consigue el derecho al sufragio en Inglaterra, en 1918, regulando el voto para mujeres mayores de 30 años poseedoras de una propiedad, considerándose la primera aparición del feminismo. 3) Ola de la liberación sexual. Esta ola se refiere al profundo cambio ocurrido durante la mitad del siglo XX en varios países del mundo occidental, como desafío con la moral sexual, el comportamiento sexual y las relaciones sexuales, entre otros. 4) Ola de la sororidad. Encaminado mayormente hacia la hermandad de las mujeres en cuestiones sociales de género o patriarcales, el término sororidad deriva del latín soror, que significa hermana.
El feminicidio es el homicidio de una mujer por razones de género y constituye la manifestación brutal de la violencia contra las mujeres y las niñas, se considera que, cada 10 minutos, una mujer muere a manos de su pareja, de un familiar o un depredador misógino. Según las estadísticas de la ONU Mujeres, se revela que los feminicidios no están disminuyendo, a pesar de que hay mayor conciencia y condena pública, pero queda mucho por hacer para prevenir y detener la violencia contra las mujeres y las niñas y castigar a los perpetradores.
De estos tres términos convertidos en acciones, podemos coincidir y reiterar que ser mujer en nuestra época –y también en otras épocas–, no sólo se debe referir a ser “femeninas” como niñas bonitas, maquilladas o a la moda, o a practicar el “feminismo” desde todas sus perspectivas, tanto buenas, como malas, sino para intentar detener y castigar el feminicidio desbordado en casi todo el mundo, especialmente en nuestro país donde, si bien la cifra de feminicidios disminuyó una mínima parte en 2025, las muertes violentas de mujeres se mantienen a la alta, incluyendo homicidios dolosos.
Y no, no es casualidad hilar estos tres términos, es con el firme propósito de visibilizar a las mujeres y las niñas, en un grito de auxilio para la prevención de la violencia hacia las mujeres, sobre todo a las nuevas generaciones, muchas de ellas absortas en moda o tendencias sin sentido, para que continúen con la lucha a la NO violencia.
*X: @herrera_pat
