Oasis en el desierto; dos bronces para celebrar

El medallista olímpico mexicano Óscar Salazar se lanzó a la aventura como entrenador de taekwondo de Egipto, que conquistó un par de terceros sitios en Tokio 2020, logros que dedica a la memoria de su padre, Reinaldo Salazar

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Reinaldo Salazar abraza a Óscar al asegurar una medalla en 2004 / Fotos: Mexsport e Instagram @oscartkdm / Fotoarte: Erick Zepeda

CIUDAD DE MÉXICO.

Óscar Salazar ya estuvo dos veces en el Olimpo. La primera como medallista en Atenas 2004, acompañado de su padre como entrenador. La más reciente, al frente del equipo egipcio en Tokio 2020, con el presente recuerdo de sus enseñanzas.

El taekwondoín que trascendió la historia deportiva nacional con la plata en la categoría de 58 kilogramos hace 17 años se buscó un cauce entre el desierto para seguir cumpliendo anhelos cuando en México su trayectoria como entrenador afrontó muchas trabas federativas.

Un par de bronces que ahora penden de los cuellos de dos de sus atletas son la recompensa a su apuesta por no truncar su trayectoria como estratega. Lo disfruta así como gozó su papá cuando lo vio a él conquistar su plata en tierras helénicas.

Reinaldo Salazar alimentó su espíritu combativo y hasta se puso a sus órdenes para acompañarlo a Egipto si era necesario para preparar a los peleadores que asistirían a los Olímpicos de Tokio; Óscar prefirió emprender en soledad el inicio del nuevo reto de su carrera. Unos meses después su familia le informó que su padre se encontraba delicado de covid-19 en uno de los periodos más crudos de la pandemia. Falleció a los 66 años, el 21 de junio del año pasado.

Fue algo muy difícil. Con la pandemia y no poder despedirme bien de él... Me pegó mucho. Me afectó mucho”, recuerda Óscar a través de una videollamada desde su departamento en El Cairo. “Sólo le mandé un video diciéndole que lo quería mucho y le agradecía todo lo que me enseñó como papá. Que iba a echarle muchas ganas”.

Pasadas las 19:00 horas del 26 de julio, desde la esquina de Hedaya Malak (menos 67 kilogramos), disfrutó de nuevo el dulce sabor de conquistar una presea olímpica cuando la egipcia de 28 años venció 17-6 a la estadunidense Paige McPherson en el combate por el tercer sitio.

Quince minutos después el gozo fue doble cuando Seif Eissa (menos de 80 kilogramos) repitió la hazaña al superar 12-4 al noruego Richard Ordemann. La tristeza y soledad por la muerte de Reinaldo tuvo apenas una dulce caricia como remanso con su recuerdo en ese momento.

Siempre he creído mucho en Dios y sé que donde está, se encuentra mucho mejor que aquí. Y desde allá, este resultado de los Juegos Olímpicos es porque me echó la mano”, dice Óscar sin titubeos. “Yo nunca me sentí nervioso en estos Juegos porque sabía que mi papá estaba conmigo”.

 

CAMBIO DE RUMBO

Óscar tuvo claro que una vez que su carrera como atleta de alto rendimiento concluyera, haría la transición para ser entrenador. Era el mismo camino que Reinaldo hizo después de ser un peleador que conquistó un par de preseas mundiales —bronce en Chicago 1977 y plata en Stuttgart 1979— en una época en la que el taekwondo no era parte del programa olímpico.

Después de la gloria de Atenas vino la decepción de no asistir a Beijing 2008. No formar parte de la selección que competiría en el Mundial de Copenhague 2009 devino en su retiro del alto rendimiento.

La diferencia entre ser medallista olímpico como deportista es que tienes el recuerdo de la medalla, los reflectores sobre ti, por tu trabajo en el área de combate”, reflexiona sobre las sensaciones que deja ganar una presea olímpica. “Como entrenador, pues no hay un reconocimiento, pero está la enorme satisfacción que haber ayudado a tus atletas para que ellos consigan sus sueños... Es una dicha como si fuera de un papá”.

El camino no fue sencillo. Comenzó lo se convirtió en la constante: los cambios de domicilio. Fue a Ecuador a ser responsable del equipo mayor, luego se mudó a Estados Unidos para dirigir a unos peleadores élite suecos y hasta 2014 se integró al grupo de entrenadores de la selección mexicana para regresar al país.

Cincos años dirigiendo representaciones de cadetes, juveniles y en ocasiones a la mayor, reforzaron su convicción... Los buenos resultados pusieron las miradas de varias naciones sobre él.

Después del Mundial de cadetes de El Cairo 2017, en el que fue reconocido como el mejor entrenador y México se impuso por equipos con tres oros y dos platas, la federación egipcia se acercó por primera vez para plantearle la opción de hacerse cargo de todos sus equipos.

Pero fue hasta después de los Juegos Olímpicos de la Juventud de Buenos Aires 2018, donde México conquistó un par de bronces bajo su mando, que los egipcios volvieron con una propuesta formal pensando en Tokio 2020. Aceptó hasta después de que fue mandado a su cuarto Mundial de cadetes, en el que México ganó un oro y un bronce, al no sentir respaldo de las autoridades y en medio de un ambiente de muchas disputas entre los entrenadores.

UNA VIDA DIFERENTE

Óscar dejó a su esposa Stephany y a sus hijos Brian y Óscar en Querétaro y se mudó a El Cairo en 2019 para hacerse cargo de todas sus selecciones con miras a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 antes que alguien pensara que se avecinaba la pandemia de covid-19. Reinaldo apoyó su decisión y se ofreció a ir con él para que no estuviera solo y ayudarlo en la preparación de los deportistas.

Su muerte durante la pandemia fue muy complicada porque también recuerdo que él me dijo que si necesitaba de algo, él se venía para ayudarme. Entonces me decía, me lo hubiera traído, tal vez hubiera pasado otra cosa”, recuerda.

El fallecimiento de su padre hizo replantearse cosas y encontró respaldo de los dirigentes egipcios, quienes accedieron a que llevara al país a su esposa e hijos para culminar el ciclo de las retrasadas justas.

Les dije muy honestamente que no podía estar solo, que mi familia ocupaba de mí y yo necesitaba de alguien a mi lado. Me dieron luz verde para que vinieran mi esposa y mis dos hijos, lo que fue un sacrificio para ellos, porque no era fácil cambiar sus vidas. No es fácil vivir aquí”.

El vínculo de Óscar con la federación egipcia concluye cuando terminen los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020 y haya elecciones en el organismo. Él está abierto a todas las opciones y en un momento dado seguir adelante con el proyecto a París 2024 ya que encuentra un enorme potencial entre sus jóvenes.

En lo que su futuro vuelve a tomar un cauce, él disfruta de este momento en el que ayudó al país africano a conquistar dos de sus seis medallas en la capital japonesa y tener la actuación más relevante en la historia de su disciplina.

Como atleta siempre quise alcanzar mis metas, ahora como entrenador quiero ayudar a otros a alcanzar las suyas, así como yo lo logré, sean de donde sean porque son mis alumnos”.

MÉXICO DEBE ESPERAR

Óscar Salazar desea que en un momento su trayectoria vuelva a estar vinculada con el taekwondo nacional, pero no con los actuales dirigentes

Óscar Salazar lamenta que el taekwondo mexicano se haya ido sin una presea por primera ocasión desde que forma parte del programa olímpico en Sídney 2000.

El medallista de plata en Atenas 2004 considera que tanto Carlos Sansores y Briseida Acosta no contaron con una buena estrategia para afrontar las justas; en el caso de la joven sinaloense fue un error que tuviera que enfrentarse a la triple medallista olímpica María Espinoza con muy poco tiempo de preparación para Tokio 2020 para asignar la plaza, lo que la llevó a concentrarse en ella y no en sus potenciales rivales.

El taekwondo mexicano está estancado. María Espinoza venía maquillando un poquito lo que pasaba, pero es algo que se necesita reconocer: que vamos para abajo. Pero es algo para corregir el camino, porque la calidad de los atletas ahí está. Pero no tenemos calidad en los entrenadores y los dirigentes que están detrás”.

- ¿Estaría dispuesto a volver a México para ser entrenador nacional?

Ahorita no. Porque no estoy a gusto con esta federación. En un futuro, tal vez, pero no con esta federación”.

Óscar Salazar, entrenador mexicano

Son experiencias que se quedan grabadas en la mente y el corazón porque son sueños hechos realidad. Sueños que cumplí haciendo lo que más me gusta, lo que me enseñaron mis padres y siempre con la mentalidad de hacerlo lo mejor posible.”

Mi papá parecía un mago. Dentro de la pelea sabía lo que iba a pasar y me enseñó muy bien a leer a los rivales. Yo trato de hacer lo mismo para planear estrategias y cuando dan resultado agradezco esta enseñanza que me brindó.”

Su consejo (de Reinaldo Salazar) más grande fue que mi juventud se iba a ir y que tenía que hacer las cosas bien hechas, porque si no después la vida te lo cobra. Yo quiero transmitir a mis atletas: este es el momento de divertirse, de disfrutar, pero el momento de darlo todo. Y creo que me ha dado resultado.”

AMU

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