La tragedia de 1950; a 70 años del Maracanazo

Permanece el recuerdo de personajes como Ghiggia, Obdulio Varela y Moacir Barbosa. El sufrimiento de todo Brasil en manos de 11 futbolistas uruguayos

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Juan Alberto Schiaffino anotó el primer gol de Uruguay en ese partido. Foto: AFP

CIUDAD DE MÉXICO.

Alcides Edgardo Ghiggia será recordado por los brasileños toda la vida, incluso por los que nacieron después del 16 de julio de 1950. Uruguayo bajito, de bigote recortado y dicharachero en las entrevistas, ya entrado en años. La frase que dejó para la posteridad fue  “Sólo tres personas en la historia han conseguido hacer callar el Maracaná con un solo gesto: el Papa, Frank Sinatra y yo”.

Aquella fecha, hace 70 años, Ghiggia marcó el segundo tanto de Uruguay (2-1) en el templo brasileño y convirtió a un país entero en un cementerio. A esa tragedia le llamaron El Maracanazo.

Era el Mundial de Brasil 50 y la ronda final se jugó por puntos. El cuadro anfitrión tenía cuatro unidades y Uruguay tres, así que el empate le daría la corona a los de casa. Fue tanta la confianza que los diarios locales publicaron, antes del juego, titulares como Brasil vencerá, la Copa será nuestra y Brasil, campeón mundial 1950. Se vendieron playeras con el título antes de tiempo e incluso Jules Rimet, presidente de la FIFA, preparó un discurso en portugués, olvidándose de los charrúas.

La locura se desbordó entre los 200 mil aficionados presentes en el estadio Maracaná en el minuto 47, cuando Friaça marcó el 1-0. “¡El título se acerca!”, gritaba el locutor oficial, apenas dos minutos de iniciada la segunda parte.

Ahí aparecieron dos personajes importantes para Uruguay. Primero Obdulio Varela, el llamado Negro Jefe, capitán de los visitantes y quien no se amedrentó ante la euforia de los miles de brasileños festejando antes de tiempo. Como dato anecdótico, habría que comentar que Obdulio se puso a discutir acaloradamente con el árbitro inglés George Reader, cada uno en su idioma.

El segundo personaje, el más importante, fue Alcides Edgardo Ghiggia, quien se escapó y mandó pase a Juan Alberto Schiaffino, quien puso el 1-1 en el minuto 66. Una jugada similar de Ghiggia cambió la historia. Moacir Barbosa, el portero brasileño, pensó que el delantero volvería a mandar un pase y se adelantó, lo que aprovechó Ghiggia para mandar el esférico directo a la portería. La tragedia comenzó en el minuto 79.

El escritor uruguayo Eduardo Galeano lo contó de la siguiente manera: “Cuando llegó el gol de Ghiggia, estalló el silencio en el Maracaná, el más estrepitoso silencio de la historia del futbol. Ary Barroso, el músico autor de Aquarela do Brasil, que estaba transmitiendo el partido a todo el país, decidió abandonar para siempre el oficio de relator de futbol. Después del pitazo final, los comentaristas brasileños definieron la derrota como la peor tragedia de la historia de Brasil”.

Ghiggia lo contaría así: “Yo era muy rápido, me iba en velocidad y Barbosa creyó que iba a hacer la misma jugada y se abrió un poco más para cortar el centro. Dejó un hueco, agarré y tiré. Cuando él reacciona, ya es muy tarde. Después fue el silencio más impresionante que he escuchado”.

Existe la leyenda de que algunos aficionados brasileños no aguantaron aquella tragedia y se quitaron la vida en el estadio. Como lo cuenta el escritor uruguayo Atilio Garrido en su libro Maracaná, la historia secreta. “Como en aquella época no había cambios, los 11 suplentes uruguayos no podían estar en la cancha, entonces iban a la tribuna con los brasileros. Y Juan Carlos González, uno que fue suplente en aquel partido, me dijo que él vio cómo cinco o seis personas se tiraron desde lo alto de la tribuna, suicidándose”.

A pesar de convertirse en leyenda, Alcides Edgardo Ghiggia tuvo que vender su medalla de Brasil 50 y otros trofeos para solventar una crisis económica, según escribió el diario La República, de Montevideo, en 2002.

INVESTIGÓ EL MUNDIAL A FONDO

El escritor español Toni Padilla entrevistó a Ghiggia un año antes de su muerte (2015). El verdugo de Brasil en aquel mundial trágico fue el último sobreviviente de aquellos 44 jugadores que estuvieron en la cancha del Maracaná. Irónicamente, el delantero uruguayo murió un 16 de julio, en el aniversario 65 de aquel inolvidable partido. Él tenía 89 años.

Padilla escribió el libro Brasil 50, publicado en 2014, en el que cuenta anécdotas de seleccionados de distintas naciones que vivieron aquella aventura mundialista. Escribe de aquella amistad entre vencedor y vencido (Ghiggia y Barbosa), el racismo hacia el portero abatido y el carácter de Obdulio Varela, quien aquella noche terminó en un bar emborrachándose con aficionados brasileños.

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Toni Padilla, Periodista.

¿Qué anécdotas manejas sobre Ghiggia, el último sobreviviente de aquel juego?

Pude hablar con él, un hombre muy atento. Admitía que en la jugada del gol no le pega bien al balón, aunque claro, no importa. Eran jugadores diferentes, con alma, no eran grandes estrellas egoístas. Cuando Ghiggia supo que en Brasil culparon a Moacir Barbosa de la derrota, lo llamó por teléfono. Y solían hablar, incluso quedaron algún 16 de julio para recordar esos años.

¿Qué escribiste sobre Varela?

El Negro Jefe es uno de los personajes más fascinantes. Un líder dentro y fuera de la cancha. Fue líder en huelgas de jugadores en Uruguay y era el primero en sacar los puños cada vez que su Peñarol o la selección jugaba en Brasil. Siempre acaban a puñetazos. El día del Maracanazo fue de los pocos que no parecía asustado en la previa, armó de coraje a sus compañeros con su famosa frase “¡Los de afuera son de palo!”. Me contaron que después de ganar, la delegación se queda en el Hotel, asustada sin salir por si los agreden. Varela salió a tomar copas y acabó borracho con brasileños, a los que consolaba. Dicen que volvió al hotel triste, pues descubrió el dolor que habían provocado entre los brasileños.

Háblame sobre Barbosa, el portero brasileño que se equivocó en el gol que acabó con todo un país.

Es una figura triste y fascinante. Existen teorías que apuntan a que detrás de la persecución que sufrió, se encuentra el racismo, pues era negro. Él no falla en ningún gol. No era más culpable que otros. Aunque lo convirtieron en la víctima. Moacir recordaría cómo las madres lo mostraban a sus hijos y decían: “Perdimos por culpa de ese hombre”. Al final, encontró trabajo cuidando el Maracaná y cuando renovaron las instalaciones, con nuevas porterías, se llevó una a su casa; con los palos, montó un asado y los quemó. Como un acto ritual.

¿Cómo te documentaste para escribir Brasil 50?

Fueron dos años de trabajo. Cuando podía contactar con un jugador, era lo mejor, aunque desgraciadamente algunos ya no tenían buena memoria. Me acuerdo de Estanislau Basora, goleador del equipo de España; confundía los partidos, fue frustrante no haber podido hablar con él antes. El italiano Amedeo Amadei, recordaba incluso el nombre de las chicas brasileñas que conoció, pues me admitió que una de las claves del desastre italiano fue la vida nocturna en Sao Paulo. El resto, hemeroteca, contactar con periodistas, historiadores, fue un trabajo lento. Con historias curiosas, como esa de Rajko Mitic, estrella yugoslava, que saliendo del vestuario del Maracaná, se abrió la cabeza antes del inicio del partido, pues los primeros encuentros  en el estadio se jugaron sin finalizar las obras.

Se dice que los diarios brasileños dieron por descontado el triunfo de Brasil y publicaron el título antes de tiempo...

Es una leyenda. Los diarios, como ha sucedido en otras ocasiones, tenían preparadas ediciones especiales que no se publicaron. No llegaron a la calle diarios con esa noticia en portada, aunque si existen ejemplares especiales que jamás se vendieron, pero se convirtieron en objetos de coleccionista. Otra leyenda dice que alguien se quitó la vida saltando de la grada en el Maracaná. Es leyenda. No está documentado.

Padilla es un periodista y escritor español. Desde 2010 es el jefe de Deportes en el diario catalán Ara (Ahora). Es fundador de la revista Panenka; en 2014 escribió Brasil 50.

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