El balón en el frío de Suecia 1958
Un muchacho brasileño empezó a forjar su leyenda en la copa del mundo en que México sumó su primer punto

CIUDAD DE MÉXICO.
Dondinho, un delantero venido a menos que vivía ya en el anonimato, le gritó a su hijo Edson para que entrara a la casa a escuchar la radio.
La estancia en Tres Corazones, Brasil, era modesta. Una pequeña choza de techo bajo con madera en la fachada y algunos recuerdos futbolísticos.
En el barrio algunos conocían a Dondinho como el hombre que metió cinco goles de cabeza en un juego, algo que no estaba comprobado. Entonces, el pequeño Edson entra convencido, como le dijo su padre, que Brasil va a ser campeón del mundo en el Estadio Maracaná.
Pero sucede lo opuesto y, por primera vez, Edson Arantes, que le apodarían Pelé, observa llorar a su padre y a su tío Jorge. Ahí, bajo la luz cenicienta de un foco promete que les va a traer la Copa del Mundo alguna vez.
Ocho años después, en 1958, a los 17 años, Pelé fue felicitado por el rey Gustavo Adolfo y por 50 mil suecos. Le había bajado un pedazo celestial a su padre.
El inicio de la final del Mundial del 58 fue frío.
Pelé hizo uno de los mejores goles de su vida al parar el balón, quitarse a un defensa, elevarlo cuando otro le salía al paso y, sin dejar que cayera, anidarlo en el arco. El defensor sueco Sigge Parling dijo: “Después de que anotó ese gol le quería aplaudir”.
Con Pelé había una gran pléyade de futbolistas: Vavá, Didí, Garrincha (un cojo que hacía magia con las fintas), Zagallo, Orlando, Bellini, Djalma Santos y Gilmar.
Las chicas suecas, rubias de hielo, no lo eran tanto con los brasileños, que les resultaban exóticos en las concentraciones y, sobre todo, de un humor incomparable. Se dice que los visitaban para hacerlos sentir como en casa y que Garrincha, cazador de amores, dejó hijos en Europa.
Era parte de un despertar del futbol entre la modernidad y el pasado. Fue la primera vez que algunos partidos llegaron a transmitirse por televisión.
Pelé hizo seis goles con Brasil, que no perdió un solo partido y dejó atrás a Austria, Inglaterra, Unión Soviética, Gales y Francia hasta antes de la final.
Pero nadie como Just Fontaine, un francés que en una sola Copa del Mundo hizo 13 anotaciones, récord que se mantiene hasta ahora.
Casi nadie conocía a Fontaine, humilde delantero del Stade de Reims, que tuvo que pedir botas prestadas para poder jugar. Suplía a la estrella Rene Bilard. Le hizo tres goles a Paraguay, dos más a Yugoslavia, dos a Irlanda del Norte, uno a Escocia y uno a Brasil en semifinales. Su mejor cuota vino en el partido por el tercer lugar ante Alemania que los franceses ganaron 6-3 con cuatro goles suyos. Francia se quedó con el tercer sitio.
Por primera vez en un Mundial, México no perdió un partido y cosechó su primer punto al empatar con Gales gracias a un gol de Jaime Belmonte.
Nueve partidos de fracasos quedaban atrás en el Estadio Rasunda de Solna tras casi 30 años de lamentar derrotas.
Fue un día extraño. Recuerda Jesús del Muro que camino al estadio se bajaron a mitad de la carretera a comer algo.
Cuando llegamos y vimos a los galeses, sabíamos que no teníamos nada que perder, era nuestra oportunidad de cerrar decorosamente el Mundial.”
Al empatar, Nacho Trelles, el técnico mexicano, les dijo en el vestidor: “¿Saben lo que acaban de hacer? Le dieron el primer punto a México en un Mundial. Bien hecho”. Más de uno contuvo el llanto.



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