Alfa Romeo Stelvio QV, supremo

Dotada de cualidades extraordinarias, la Stelvio Quadrifoglio presume una dinámica de conducción capaz de retar a las leyes de la física

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CIUDAD DE MÉXICO.

Bajábamos las escaleras del periódico de camino al estacionamiento apresurados, nuestra emoción era evidente y las manos nos sudaban, pues estábamos a punto de conocer a una leyenda de la industria automotriz. Considerdo por muchos como una especie de superhéroe:

¡Más rápido que una bala!

¡Más potente que una locomotora!, un vehículo capaz de romper las leyes de la física y demostrar que los autos ya son capaces de volar, corríamos a nuestro encuentro con la Alfa Romeo  Stelvio QV, acreditada como la SUV más rápida del mundo.

No estábamos en la redacción del Diario El Planeta, ni siquiera de El Clarín, sino en las oficinas del Periódico Excélsior, y aunque no era nuestro primer encuentro con ella, sí era el primero en el que las llaves estaban en nuestro poder y teníamos permiso para desafiar sus superpoderes.

Un trébol de cuatro hojas verdes postrado en las salpicaderas era el tatuaje indeleble que delataba que bajo el cofre descansaba un épico motor, tocado por las manos de los dioses de Ferrari.

La sorprendente máquina de aluminio, cuyo desarrollo estuvo tutelado por la casa de Maranello y a la que los italianos le extirparon dos cilindros tomando como base el V8 Twin-Turbo (F154) del California, es capaz de acelerar como si cada segundo valiera puntos del campeonato mundial de F1, y de forma increíble colocar 505 caballos de fuerza sobre el asfalto.

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La primera impresión fue quedar hipnotizados con su atlética figura llena de curvas y formas seductoras por unos segundos. Fue difícil de superar pero, en cuanto lo hicimos y tomamos la confianza suficiente, comenzamos a retar las cualidades del V6 de 2.9 litros biturbo en plena autopista. Rápidamente sentimos los superpoderes de los que tanto nos habían hablado, pues la respuesta del acelerador era fantástica, progresiva, contundente, y al mismo tiempo sutil, basta e incluso suficiente para que en un santiamén pudiéramos ir muy por encima del límite de velocidad, como si fuéramos auténticos pilotos de carreras y atacar los 200km/h con el aplomo de una máquina creada para desafiar las leyes de la física.

Apenas llegamos a las primeras curvas en subida, enfundados en aquel traje fantástico de color rojo y abrazados por un ergonómico asiento de piel, que no nos permitía perder la postura frente al volante, dejamos que nuestro pie se hundiera en el acelerador ¡qué sensación!, ésa que sólo te da el poder de 443 libras-pie de torque, que parecían fluir sincronizadas con el pulso de los latidos de nuestro corazón, suficientes para impulsarnos a ir cada vez más cerca de la dovela, que dividía nuestro carril con el de los autos que viajan en sentido contrario.

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Conforme devorábamos más kilómetros nos sentíamos más fusionados con la camioneta. Muchos datos brincaban en nuestra memoria para entender qué estaba pasando a al hora de girar el volante y sentir tal control sobre el vehículo; como el emblema Q4, incrustada en el portón trasero, que nos permitía sentirnos sobre rieles a la hora de tomar las curvas, pues ésta es la forma en la que Alfa Romeo identifica a una tracción integral, en la que las cuatro ruedas empujan al vehículo de forma permanente e inteligente.

Para administrar este poder, la firma italiana colocó una transmisión automática de ocho velocidades, que además de permitirnos hacer cambios suaves y consecutivos, evitan que la potencia saque de balance a la camioneta, así que ya sea a través de la palanca o desde las paletas de cambios, ubicadas detrás del volante, es posible regular los cambios de esta caja, como si el que nos estuviera guiando fuera el mismísimo Michael Schumacher.

La posibilidad de regular la puesta a punto para orientar la dinámica de conducción en función de las condiciones del camino, nos pareció un gesto agradable que incrementa la versatilidad del auto, sin embargo era algo que ya esperábamos, pues lo habíamos visto en otros Alfa y hasta en otras marcas, y no fue sino hasta que giramos la perilla hasta el modo Race, que realmente valoramos el trabajo de los ingenieros, para exponenciar las capacidades de este vehículo a las de un bólido de competencia.

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Con humildad, debemos reconocer que la experiencia que vivimos a bordo de esta SUV fue posible más que por el entrenamiento recibido y por nuestras habilidades al volante, por una fantástica suspensión que mantuvo en todo momento a la camioneta en equilibrio, por una larga lista de asistencias electrónicas y por un par de trucos emanados de un sistema de torque vectorial y un diferencial mecánico de deslizamiento limitado, que se convierten en magia a la hora de retar las curvas.

NI NOS DIMOS CUENTA

El sistema de infoentretenimiento con Apple Car Play y Android Auto, los terribles consumos de combustible y hasta el techo panorámico pasaron desapercibidos en nuestra prueba, y cómo no, si estábamos al volante de un vehículo que se movía como si fuera parte de un cómic, más que como un auto real.

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