Retrato hablado: David Ferrer, consistencia es su nombre

Aunque no ha logrado títulos de Grand Slam, el español es uno de los mejores en la historia del tenis de su país; esta semana va por su quinta corona en México, lo que nadie ha conseguido

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Ilustración: Luis Flores

CIUDAD DE MÉXICO.

El español David Ferrer busca escribir su nombre donde nadie más lo ha hecho en la historia del Abierto Mexicano de Tenis. El valenciano ha visto sus cartas y está a una buena mano de convertirse en el primero en ganar cinco veces el torneo que nació en 1993, para romper el empate que tiene con el austriaco Thomas Muster, quien se encumbró en las primeras cuatro ediciones.

Ferrer, gran aficionado al póquer, se coronó en las ediciones de 2010, 2011, 2012 y 2015 y tiene en general una marca de 29 ganados y apenas cinco derrotas, además de que en 2005 fue monarca en la categoría de dobles al lado de su compatriota Santiago Ventura.

Nació en la localidad de Javea, en la provincia de Valencia, el 2 de abril de 1982, y con apenas ocho años de edad comenzó a practicar tenis gracias a la afición de sus padres, Jaime y Pilar, además de que tenía como ejemplo a su hermano mayor, Javier, quien también probó suerte en el mundo del deporte blanco, sin mucho éxito.

Sin embargo el carácter de David era complicado, la ira que mostraba en la cancha en los malos momentos era de llamar la atención.

Solía romper raquetas, pelear con los jueces de silla, consigo mismo; su cólera se desataba también cuando llegaba a perder ante su hermano, tres años mayor que él.

“¿Por qué rompía yo tantas raquetas? Tú puedes explicar que, cuando lo hacía, estaba sacando el carácter. Pues no. Romper una raqueta es ser un maleducado, es no aceptar que el contrario también participa, que tú puedes fallar, que no puedes jugar siempre a esto de la línea (separa dos dedos un poco) y ganar todos los partidos”, explicó Ferrer en una entrevista con el diario El País. “Al final, eso es un complejo de inferioridad. A veces, el jugador busca excusas, otros culpables, antes de mirarse a sí mismo”.

Con 18 años recién cumplidos, David logró su primer título como profesional en el Futures de Cracovia, Polonia, tras doblar en la final al alemán Timo Fleischfresser; unas semanas después sumó un título más en dicha categoría en Elche, España, y al cabo de un año ya había conquistado cinco certámenes en la categoría de Challengers.

Su primer partido en la gira de la ATP (Asociación de Tenistas Profesionales) fue en el Abierto de Estoril, cuando se ubicaba en el lugar 207 del mundo, pero perdió en contra del entonces número siete del orbe, el ruso Marat Safin.

Tras jugar varios Challenger más, Ferrer tuvo su primer gran torneo al llegar a la final del Abierto de Umag en julio de 2002, dejando en el camino a jugadores como David Nalbandian, Marc López y Guillermo Coria; perdió la final contra su compatriota Carlos Moyá, pero su desempeño lo metió en el Top 100 de la ATP por primera vez.

El primer título ATP del valenciano fue en septiembre de ese mismo año al superar en la final de Bucarest al argentino José Acasuso.

Pero a pesar de la mejoría tenística, la forma de ser de Ferrer en la cancha no cambiaba a pesar de los esfuerzos de su entrenador Javi Piles, quien estuvo a su lado desde sus inicios y hasta finales de 2013.

“No será el mejor entrenador del mundo, pero me puedo apoyar en él porque sé que quiere lo mejor para mí”, explicó entonces Ferrer.

Piles tenía una condición física ejemplar, era capaz de correr un maratón en menos de tres horas; su entrega y dedicación se la transmitió a David, así le formó el carácter de hierro, la ambición y el compromiso por una mejora constante en su nivel de juego. Poco a poco, los berrinches también menguaron. Sin embargo, ante la sorpresa de todos, Ferrer anunció en aquel 2013 la ruptura “de manera amistosa” de la relación, y comenzó a trabajar con José Francisco Altur.

La noticia sorprendió no sólo por la naturaleza de la relación, que era de mutuo respeto, trabajo y un lazo tan unido, sino porque David venía de una gran temporada: ganó dos torneos ese año (Auckland y Buenos Aires), y además jugó la que hasta ahora es su única final en un Grand Slam, en Roland Garros; también fue finalista en dos Masters 1000 más en Miami y París.

La campaña siguiente, Ferrer consiguió solamente un título, en Buenos Aires, pero en 2015 tuvo nuevamente una gran temporada al sumar cinco títulos (Doha, Río de Janeiro, Acapulco, Kuala Lumpur y Viena).

A pesar de que le tocó la era de cuatro grandes que acaparan las primeras posiciones de las listas de clasificación de la ATP, como Roger Federer, Novak Djokovic, Andy Murray y su compatriota Rafael Nadal, ha sido un ejemplo de consistencia, ya que desde octubre de 2010 no ha abandonado el Top 10, y en 2013 llegó a ser tercero del mundo.

Suma 23 títulos como profesional con una marca de 667 triunfos y 315 derrotas, para una ganancia de más de 28 millones de dólares.

Ferrer sabe que a sus 33 años la partida final de su carrera está cada vez más cerca, pero tiene claro que luego de 16 años de jugar semana a semana, su futuro está al lado de su novia Marta Tornel, y cuatro amigos con los que tiene esas largas sesiones de póquer.

Es propietario en un 25% del Abierto de Valencia junto a su amigo Juan Carlos Ferrero, lo que hará que David no se aleje del todo del tenis.

Pero lo que esta semana tiene frente a sí es el bello Acapulco, a donde llega, por quinto año consecutivo, como el primero en la siembra al ser el sexto de la clasificación mundial.

El reto está ahí: pasar del póquer a la quintilla en México, algo que nadie ha logrado.

Foto: Mexsport