Al ritmo de los Celtics, NBA con grito de ¡Goya!

Boston se asoma en la Arena Ciudad de México y borra a los Kings. Brillan Bradley, Crowder, Thomas y Olynyk

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CIUDAD DE MÉXICO.

Rajon Rondo arruinó las posibilidades de los Kings ante los Celtics. Hacia la mitad del tercer cuarto, el movedor de bola de Sacramento tardó unos seis segundos en acumular dos faltas técnicas. Malas noticias para un equipo que, pasada la primera mitad, perdía por 15 puntos.

Vencieron los Celtics 114-97 a unos Kings que perdieron el alma poco después ir abajo en las estadísticas. Siempre generoso, el cuadro de Boston le dio un ejemplo de humildad y trabajo en equipo a la gente de Sacramento, en especial al hombre que fue enviado a las regaderas. Al final, Rondo no pudo discutir con su juego lo que quiso arreglar con reclamos: cinco puntos y ocho asistencias.

Los Celtics aprovecharon el golpe. Gobernaron el partido Avery Bradley y Jae Crowder, ambos con 20 puntos, e Isaiah Thomas, que anotó 21, más el aporte de Kelly Olynyk, que terminó también con 21.

Fue tan sobrada la noche para los Celtics, que con poco más de seis minutos para concluir las acciones ya ganaban 100-81.

Errática y ansiosa, la quinteta de Sacramento empezó defendiendo mal y acabó atacando por inercia, sin casi personalidad, abucheados cada vez que se paraban en la línea de tiros libres.

Los de Boston, en cambio, se contagiaron del barullo del público de la Arena, triunfo que tuvo momento de sazón cuando un sector entonó el !Goya, Universidad!, seguido del Lets go Celtics!

Resuelta la cita mexicana para los Celtics, los seguidores de la NBA del país que llenaron la Arena Ciudad de México disfrutaron de otra noche inolvidable.

El pulso de dos hombres

Brad Stevens, el coach de los Celtics de Boston, nació el mismo año en que la American Basketball Association (ABA) se fusionó con la NBA. Dos años después, en 1978, George Karl se retiró como jugador profesional y de inmediato inició su carrera como entrenador.

La NBA tiene este tipo de cosas. En tanto Stevens comanda un equipo de tradición con 17 títulos, Karl, que va camino a los dos mil partidos dirigidos, está al frente de un escuadra huérfana de campeonatos.

Ver los gestos y los pasos de los coaches NBA resulta un atractivo paralelo a lo que sucede en la duela. La velocidad con la que se juega el basquetbol le toma el pulso a los hombres que dirigen esas acciones. En los casos de Stevens y Karl, los contrastes pueden ser entrañables.

En los tiempos fuera, Stevens asumía la actitud del que quisiera controlar todo. Inquieto, interrogaba a los oficiales y gesticulaba hacia los suyos.

Del lado de Karl, el contraste. Depositaba su confianza en Nancy Lieberman, que pasaba las hojas de la libreta de jugadas al tiempo que giraba instrucciones.

Si el lugar común indica que la de estos estrategas son dos maneras distintas de ver y sentir el básquet, anoche de alguna manera confrontaron esas formas de disfrutar y sufrir al mismo tiempo del juego.