Retrato hablado: Osorio, 
el viajero; de migrante a DT

Estados Unidos, Argentina, Inglaterra, Colombia, Brasil y México son los países en los que el estratega del Tri ha devorado todo el futbol para pulir sus cualidades

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CIUDAD DE MÉXICO.

Juan Carlos Osorio (Santa Rosa de Cabal, Colombia, 6 de agosto de 1961) emigró a Estados Unidos en 1984, a la edad de 23 años, cansado de que no se le dieran las oportunidades que deseaba en el Deportivo Pereira de la primera división colombiana. Se dice que era un jugador bueno, aunque no lo suficiente para ganarse un sitio en la Furia Matecaña y por eso optó por retirarse, buscar por otro lado, ya no con los botines puestos, con la idea de iniciar una preparación profesional que lo llevaría, con el paso de los años a ser técnico.

Como jugador, a Osorio se le recuerda como un tipo desalineado y con un aire rebelde que solía utilizar collares, aretes y peinados acordes a la moda de inicios de los años ochenta, en algo que puede generar asombro por cómo es hoy. Dentro de la cancha, apenas se vienen imágenes de su calidad y un poco por haber compartido vestuario con Carlos El Pibe Valderrama en alguna convocatoria en selecciones menores. No más.

Un vagabundo

Fue el padre de Juan Carlos, de nombre Hernán, quien le inculcó la disciplina del balompié con el sueño de que alguna vez pudiera estar en las filas de su querido 
Atlético Nacional, aunque su hijo se encariñó con Millonarios, en lo que pudo ser el único acto contestatario con su familia, a la cual siempre le ha tenido un profundo cariño y respeto. Su madre, Hedma, fue otro de los pilares en los que se apoyó para aventurarse en el 
futbol.

En principio, Osorio intentó como portero en su tierra natal y ya en Pereira, a donde llegó a la edad de 12 años, empezó a jugar en el mediocampo donde se destacó hasta debutar a la edad de 21 años con el Deportivo. La realidad es que nunca destacó, apenas probó unos minutos como profesional y se vio obligado a retirarse. Decidió emigrar a Estados Unidos.

Si bien el viaje fue patrocinado por uno de sus abuelos, tuvo que trabajar para poder mantenerse durante un año mientras le llegaba la oportunidad de ganarse una beca estudiantil. Fue en esa corta etapa en la que empezó a convivir con mexicanos, con quienes compartió responsabilidades en la construcción, restaurantes y jardinería. Se maravilló por su predisposición al sacrificio, a dar todo por la familia, en lo que considera ha sido una de las enseñanzas más grandes.

Osorio pronto se alejó de las peripecias que rodean a los migrantes en la tierra del dólar. Gracias al futbol tuvo la oportunidad de iniciar sus estudios en Ciencias del Deporte y Rendimiento en la Universidad de Connecticut, representó cuatro años esa institución en la Liga A y se graduó. Sin embargo, el cambio definitivo en el andar de Osorio ocurrió hasta 1997.

El deseo de dirigir y probar nuevas experiencias llevó al cafetero Argentina donde durante tres años consumió todo el futbol posible entre entrenamientos y partidos. Ahí escuchó que existía una universidad en Liverpool, Inglaterra, llamada John Moores, que daba el máster en educación superior en Ciencias y Futbol, tomó la decisión y se fue un año y medio para cursarlo. Observó con detalle al Liverpool, al Everton y a los clubes de Manchester en ese lapso.

Tras culminar sus estudios en Liverpool regresó a Estados Unidos donde empezó a aplicar lo aprendido hasta recibir una invitación del Mestrostars de la MLS para laborar como asistente técnico. Entonces vivió la primera experiencia complicada desde el banquillo por culpa de Lothar Matthäus, quien no era muy dado a hacerle caso en los entrenamientos que imponía, especialmente en un ejercicio en el que debía de pegarle con la pierna izquierda, cuando era completamente derecho. Lo hizo con desdén, con punterazos, hasta que Osorio decidió correrlo del entrenamiento ante una lluvia de ofensas. Meses después, el alemán lo invitó a un entrenamiento del Bayern Múnich, en reconocimiento a su valentía.

En 2001, cuando al colombiano se le abrió la oportunidad de trabajar en el Manchester City inglés. El club Citizen había seleccionado a 24 preparadores del mundo y al final se quedaron cuatro entre los que estaba él. Le hicieron pruebas y le dieron trabajo, aunque no fue hasta un año después cuando Kevin Keagan lo convenció de quedarse y la posibilidad de ser asistente.

Admirador de Bielsa

Dos han sido las principales influencias que ha tenido Osorio en su carrera como estratega: una Alex Ferguson, a quien conoció como rival en el Manchester United y de quien aprendió cuanto pudo en las ocasiones que dejaba ver los entrenamientos de los Red Devils y el otro Marcelo Bielsa, quien cree es “el mejor del mundo” y a quien le imitó hasta su estilo de observar los partidos desde la zona técnica.

Osorio y Bielsa creen que en cuclillas se ve con nitidez cómo se mueven sus jugadores, así como los aciertos y errores que cometen en cada enfrentamiento. De ellos tuvo las enseñanzas más enriquecedoras, que le han servido para ganar cuatro títulos de liga en su país natal. También guardan secretos que levantan suspicacias.

Su libreta es uno de sus grandes misterios. Se dice que anota con azul los aciertos y con rojo los desaciertos, aunque también se comenta que el azul es para su equipo y el rojo para el rival. La única verdad es que en ella se apoya para mejorar. “Mi padre me enseñó que es mejor un lápiz corto que una memoria larga”, ha dicho.

En ella, Osorio ha escrito cada asunto que ha considerado trascendentes en los clubes que ha dirigido: Millonarios, Chicago Fire, NY Red Bulls, Once Caldas, Puebla, Atlético Nacional, Sao Paulo y ahora la Selección Nacional; a la cual llegó entre incertidumbre y cuestionamientos. Aunque puede ser que igual escriba las páginas más dulces en su carrera.