Jorge de Jesús El Glison en su reciente montaje taurino
Inspirado en la imagen de Ignacio Allende, después de una cabalgata por México, ahora busca rejonear con obstáculos

CIUDAD DE MÉXICO, 11 de junio.-Esquivar con una vara los perros que le salían al paso en la cabalgata en la que cruzó México despertó su interés por hacerse torero de a caballo. Rendir homenaje a los héroes patrios le hacen vestirse como Ignacio Allende. La necesidad de ofrecer un espectáculo diferente llevaron a Jorge de Jesús El Glison a probar el “rejoneo con obstáculos”.
Esa “idea loca que nunca antes se había presentado” de colocar en el ruedo una rampa, una tina llena de agua y un muro falso, para que a través de ellos pasen caballo y toro, surgió cuando El Glison festejaba el Bicentenario.
“Hice una cabalgata desde Estados Unidos hasta Guatemala, eso me dio pie para torear a caballo”, relata el controvertido diestro saltillense los motivos que originaron su transición al Arte de Marialva, decisión que comenzó a gestarse en 2010. “Conmemoré el Bicentenario y a nuestros héroes patrios que eran de a caballo y por supuesto taurinos. Miguel Hidalgo era ganadero, Morelos también trabajó en un rancho como capataz de una dehesa taurina. Zapata y Villa también toreaban. Ignacio Allende además de torear a pie fue rejoneador.”
De acuerdo con El Glison se trató de la primera cabalgata galopando y cambiando caballos, porque habitualmente se hace a un trote muy lento, casi caminando ya sea con un solo caballo o algunos más de apoyo.
“Yo lo hice cambiando de caballo cada cinco o siete kilómetros, por lo cual utilicé más de 630 caballos diferentes. Tenía ocho caballos en mi remolque, pero la mayoría eran prestados los cuales íbamos consiguiendo en el camino. Fue una muestra de solidaridad del pueblo de México hacia mi persona.”
La cabalgata comenzó donde desemboca el Río Bravo con el océano Atlántico, en la frontera entre Estados Unidos y México, en la Playa Bagdad, ubicada a 50 kilómetros de Matamoros, Tamaulipas. “Metí un caballo al mar y salí desde el mar. Terminé donde desemboca el Río Suchiate en el océano Pacífico, que es frontera con Guatemala.”
Asegura haber logrado tres récords mundiales: de distancia, tiempo y número de caballos empleados. Recorrió cuatro mil 200 kilómetros en 98 días utilizando 630 equinos.
“En el camino me molestaban mucho los perros y en ocasiones era muy peligroso. Una vez uno se le pescó de la cola a mi caballo y nos tumbó. Me conseguí una vara larga y entonces iba rejoneando perros en el camino. Me di cuenta que podía funcionar, un poco en broma un poco en serio. Lo tenía en mente y requería un argumento y un pretexto para decir que aparte de ser torero también soy de a caballo.”
Así como 30 años atrás, después de haber recorrido el mundo, terminado una carrera universitaria y finalmente haber sido contagiado por el llamado mal de montera, nació en él la inquietud de llevar la lidia de toros bravos, más allá de torear con capa y muleta, recobrando suertes antiguas, ahora pretende innovar en el arte del rejoneo.
“Mi vida ha sido diversa”, indica el torero de 52 años de edad. “Otra vez analicé un poco la fiesta de los toros y me di cuenta que hacía falta hacer algo diferente para que las plazas se llenaran”, comenta sus motivos.
“Tenía la idea de hacer algo diferente, porque ahora hay muchos rejoneadores en México con caballos muy buenos, muy finos, caros y bien adiestrados. Lo hacen todos muy bien, pero es más o menos lo mismo, entonces me surgió la idea de tratar de hacer algo diferente como en su momento lo hice a pie.”
Así como recurrió a los libros de historia para rescatar las suertes de saltar a los toros y ponerles banderillas desde la silla y matar con la puntilla; así como utilizar medias blancas y la coleta natural, nuevamente tiene la inquietud de atraer una mayor cantidad de afición.
Menciona que siempre tuvo la inquietud de torear a caballo, aun y cuando estaba consciente de lo complicado que resulta.
“Se requiere una buena lana, padrinos y caballos. Yo no estaba en las circunstancias”, explica la realidad de sostener la profesión. Empecé a torear mis festejitos con caballos prestados y poco a poco fui adquiriendo mis propios caballos.”
En este trayecto recibió el apoyo de Miguel Urquiza, Julián Viveros y Carlos Andrade, todos ellos gente de a caballo en México.
LA CARACTERIZACIÓN
Para ser torero primero hay que parecerlo.
El Glison atendió con ahínco la parte referente a la vestimenta en esta etapa como rejoneador. Optó por actuar caracterizado como Ignacio Allende.
“Le estuve dando vuelta a este tema. He toreado festivales vestido de corto y de charro, me gusta el atuendo portugués y el corte español. Sin embargo, como dije: voy a tratar de hacer algo diferente y requiero un vestuario diferente. Entonces cuando leía en la historia de nuestra patria que Ignacio Allende había sido torero de a pie y rejoneador, ya no tuve dudas y dije tendrá que ser el traje similar al de Ignacio Allende y los Insurgentes.”
Después de haberse empapado de datos biográficos y haber revisado una enorme cantidad de imágenes fue con una modista que le confeccionó su atuendo consistente en una taleguilla blanca, con botas altas negras y una casaca azul con pechera roja.
“Siempre en todo lo que hago pretendo tratar de inculcar algo cultural y educativo, que tenga que ver con realzar los valores del ser humano en todos los sentidos. Me da gusto, porque cuando he salido al ruedo con este traje la gente me empieza a gritar: ¡Vicente Guerrero, Agustín de Iturbide!”
Como todo un actor comprometido, El Glison tuvo que hacer algunos cambios de imagen.
“Desde hace años tenía mi coleta natural, pero resulta que ahora la coleta con el traje de Allende no iba, no se veía nada bien y no era costumbre en esa época traer coleta. El caso es que sí me tuve que cortar la coleta. En un principio me había dejado unas patillas muy largas tipo Allende, pero ésas también ya me las rasuré.”
GUERREROS DE COMPAÑÍA
Como lo mencionó anteriormente, a diferencia de otros jinetes, El Glison no cuenta con los suficientes recursos económicos para tener una cuadra de mucha altura.
“Mis caballos no son muy finos ni de alta escuela, son más bien caballos como guerreros, valientes y aventados”, enaltece la honra de sus jamelgos, especialmente el del tordillo azteca y el alazán apendix con los que inició el experimento de lidiar a caballo con obstáculos.
Allende e Hidalgo son los nombres de estos equinos, con los que El Glison sale al ruedo.
“Siempre me encomiendo a Dios y ahora también encomiendo a los caballos, porque los quiero mucho y me preocupo por ellos. Prefiero que me peguen una cornada a mí, que se la peguen a ellos. Sufro mucho y me siento muy mal y culpable cuando eso ocurre.”
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