¿Cuánto cuesta estudiar Medicina en México?

La carrera de medicina está entre las que presentan mayor índice de deserción escolar.

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Estudiar medicina en México implica un compromiso que rebasa los límites de una carrera universitaria común. Se trata de una formación que puede extenderse entre 6 y 15 años, dependiendo de la especialidad elegida.

Según cifras de la Asociación Mexicana de Facultades y Escuelas de Medicina (AMFEM), existen más de 150 escuelas de medicina en el país, de las cuales el 60% son privadas.

La duración mínima de la carrera médica general es de seis años: cinco de estudios académicos más uno de internado rotatorio.

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Después, se suma el servicio social obligatorio, que puede extenderse por 12 meses más, además de los años requeridos para realizar especialidades o subespecialidades, si se desea continuar.

Costos elevados y barreras económicas

Uno de los principales desafíos que enfrentan los estudiantes de medicina en México es el económico. Aunque las instituciones públicas como la UNAM, IPN o UAM ofrecen costos accesibles en términos de colegiatura, los gastos asociados a la carrera —como libros, instrumentos médicos, uniformes, transporte, y alimentación— pueden representar una carga significativa.

Un cálculo realizado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) en 2023 estimó que el gasto promedio de un estudiante de medicina en universidad pública ronda los 40 mil a 80 mil pesos por año, mientras que en una universidad privada los costos pueden superar los 150 mil pesos anuales.

Además, durante el internado y el servicio social, los estudiantes deben cumplir jornadas intensivas de hasta 36 horas, sin una remuneración suficiente.

En muchos casos, los pagos que reciben oscilan entre mil  y 2 mil 500 pesos mensuales, sin considerar riesgos laborales, jornadas nocturnas o traslados a zonas rurales.

“Es en este escenario de alta competitividad, es importante que los médicos del futuro se formen con la mejor tecnología de punta, simuladores clínicos y metodologías de enseñanza innovadoras que faciliten un aprendizaje más dinámico y personalizado. Además, muchas de estas instituciones ofrecen alianzas estratégicas con hospitales y centros de investigación, lo que se traduce en mayores oportunidades para que los futuros médicos accedan a prácticas profesionales y formación especializada desde etapas tempranas de su carrera” destaca el docor Alberto Lifshitz Guinzberg , asesor académico de St Luke, escuela de medicina.

Presión académica y desgaste emocional

La presión académica es otra constante. La carrera de medicina está entre las que presentan mayor índice de deserción escolar.

De acuerdo con datos de la AMFEM, hasta el 30% de los estudiantes abandona la carrera antes del cuarto año. Las razones incluyen el estrés, la carga de trabajo, la dificultad de los exámenes y la falta de tiempo personal.

Además, la competitividad para acceder a residencias médicas agudiza el panorama. En el Examen Nacional de Aspirantes a Residencias Médicas (ENARM), solo 3 de cada 10 aspirantes logran ingresar.

Aquellos que no lo consiguen deben esperar un año completo para intentarlo nuevamente, lo que prolonga la incertidumbre laboral.

Escenarios rurales y riesgo personal

El servicio social, que generalmente se realiza en comunidades alejadas o con pocos recursos, también representa una etapa crítica. Las condiciones de inseguridad, el aislamiento y la falta de equipo médico adecuado han sido motivo de preocupación.

Casos recientes han evidenciado que algunos estudiantes han enfrentado situaciones de violencia o abandono institucional. Aunque el servicio busca brindar atención médica a poblaciones desatendidas, en la práctica, muchos pasantes no cuentan con respaldo suficiente para desempeñar su labor.

¿Vocación o privilegio?

A pesar de los obstáculos, medicina sigue siendo una de las carreras con mayor prestigio social. No obstante, su acceso y permanencia están marcados por la desigualdad. Mientras estudiantes con mayores recursos pueden costearse materiales, cursos extracurriculares o repetir exámenes, otros se ven obligados a truncar su sueño por falta de apoyo económico o emocional.

De acuerdo con el doctor Alberto Lifshitz Gunzberg de St. Luke, cualquier universidad privada debe tener claro que, en México, la educación superior siempre ha implicado retos, sobre todo para que los jóvenes lleguen a esta etapa. Por eso, las instituciones deben ser capaces de adaptarse y brindar apoyos que les permitan a los estudiantes avanzar en su formación sin que los obstáculos se conviertan en un freno para su desarrollo.

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