Voladores de Papantla se viralizan en Madrid con la danza de los guaguas

Cuando los voladores empezaron su ascenso al mástil, los espectadores se aglomeraron a su alrededor. Algunos grababan con sus teléfonos, otros simplemente observaban, cautivados

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Aquella tarde madrileña parecía una más en la siempre concurrida Plaza Mayor. Turistas y locales recorrían el histórico lugar sin imaginar que estaban a punto de presenciar una manifestación cultural que quedaría grabada en la memoria de todos. Alrededor de las 5:00 p.m., un grupo de hombres vestidos con trajes bordados en vivos colores, con plumas adornando sus cabezas, captó la atención de los transeúntes. Era el inicio de un espectáculo ancestral, llevado a cabo por los icónicos voladores de Papantla.

El montaje de un poste central de más de 20 metros, hecho en tiempo récord, dio pie a murmullos de curiosidad. Mientras tanto, los danzantes, con rostros serenos y firmes, revisaban cada detalle antes de elevarse hacia el cielo madrileño. La música, compuesta por el tambor y la flauta, comenzó a sonar. Al instante, la plaza se convirtió en un espacio de contemplación.

Cuando los voladores empezaron su ascenso al mástil, los espectadores se aglomeraron a su alrededor. Algunos grababan con sus teléfonos, otros simplemente observaban, cautivados por la conexión entre los danzantes y el viento que rozaba sus movimientos. A 20 metros del suelo, suspendidos únicamente por cuerdas, iniciaron su descenso en giros perfectos que evocaban el ciclo de la vida y la comunión entre el hombre y la naturaleza. Los aplausos, gritos de admiración y hasta lágrimas entre el público se mezclaron en un solo eco que resonó en toda la plaza.

La viralización del evento no tardó. Un video grabado desde un ángulo que capturaba el vuelo de los danzantes frente al cielo azul de Madrid acumuló miles de vistas en TikTok en menos de 24 horas. Los comentarios eran un mosaico de asombro: “Esto es arte puro”, escribió un usuario español. “¡Qué orgullo ser mexicano!”, dijo un connacional.

Sin embargo, el impacto de los voladores de Papantla no se limitó a las redes sociales. Medios locales y programas de televisión en España comenzaron a hablar de Papantla, un pueblo mágico de Veracruz, y del significado cultural y espiritual de la danza de los guaguas, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2009. Esta danza, al igual que los voladores, es de origen precortesiano, probablemente antillano. 

Es de una belleza sorprendente por su gran significación, está dedicada al sol como el más importante de los dioses, generador de la vida terrestre, lo representa el hermoso y majestuoso penacho ricamente elaborado con papel (oropel) entrelazado en varillas delgadas de tarro (otate) que forman un círculo de figuras geométricas concéntricas. Anteriormente, estos penachos alcanzaban poco más de un metro de diámetro, hoy apuradamente miden entre 60 y 70 centímetros.

Para los voladores, este momento fue mucho más que una presentación. Fue un mensaje al mundo sobre la resistencia y la permanencia de las tradiciones indígenas, una forma de recordar que las raíces de los pueblos originarios pueden florecer en cualquier parte del planeta.

Este suceso reafirma que la magia de México no tiene límites, y que su cultura sigue conquistando corazones a miles de kilómetros de casa. Madrid no solo fue testigo de una danza; fue escenario de un momento en el que el alma de México tocó el cielo y recordó al mundo que el arte y la tradición son lenguajes universales.

 

 

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N. de la R. La Danza de los Voladores de Papantla, conocida también como el Ritual de los Voladores, tiene profundas raíces culturales y espirituales en México. Esta práctica ceremonial es originaria de las comunidades totonacas del estado de Veracruz y tiene al menos 500 años de antigüedad, aunque algunos historiadores sugieren que podría remontarse incluso a épocas preclásicas mesoamericanas. Está estrechamente ligada a rituales agrícolas y cosmogónicos, pues se cree que la danza invoca la fertilidad de la tierra y el equilibrio entre los elementos naturales.

El reconocimiento de este ritual como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2009 fue fundamental para preservar su legado, en particular frente a las amenazas de desinterés generacional y de comercialización que, en años anteriores, pusieron en riesgo la autenticidad del ritual. Este reconocimiento también ha facilitado iniciativas para proteger a las comunidades indígenas que lo practican y fomentar su transmisión intergeneracional.

En cuanto a la presentación en Madrid, destaca el esfuerzo por internacionalizar la riqueza cultural mexicana. Eventos como este refuerzan el interés por el turismo cultural hacia México, que representa una parte significativa de su economía turística. Según datos de la Secretaría de Turismo de México (SECTUR), en 2022, el segmento cultural y patrimonial atrajo a más de 30 millones de visitantes internacionales, generando ingresos superiores a los 25 mil millones de dólares.

Finalmente, vale mencionar que la viralización en redes sociales también juega un papel clave en la promoción de estas tradiciones. Según un informe de Statista sobre consumo digital en 2024, TikTok es una de las plataformas más utilizadas para la difusión de contenidos culturales, con más de mil millones de usuarios activos al mes, muchos de los cuales pertenecen a generaciones jóvenes que pueden convertirse en embajadores y preservadores de tradiciones al conocer su valor.