Así fue la verdadera tarde de perros: el atraco a un banco de Brooklyn
John Wojtowicz, Salvatore Naturale y Robert Westenberg, intentaron ejecutar un golpe que, en su mente, les garantizaría una vida sin preocupaciones.

En una sofocante tarde de verano el 22 de agosto de 1972, tres hombres se embarcaron en un camino que los llevaría directo a los titulares de los periódicos y al oscuro olimpo de las leyendas urbanas de Nueva York. John Wojtowicz, Salvatore Naturale y Robert Westenberg, todos ellos inmersos en una mezcla de desesperación y ambición, intentaron ejecutar un golpe que, en su mente, les garantizaría una vida sin preocupaciones. Sin embargo, lo que comenzó como un sencillo robo a mano armada en una sucursal del Chase Manhattan Bank en Gravesend, Brooklyn, rápidamente se convirtió en un prolongado enfrentamiento con la policía que marcaría sus destinos para siempre.
Un plan que se desmorona
Para los tres hombres, el atraco era más que solo dinero. Para John Wojtowicz, un veterano de Vietnam de 27 años, el robo significaba la posibilidad de financiar la operación de cambio de sexo de su pareja, Elizabeth Eden. En un tiempo en que las relaciones homosexuales eran estigmatizadas y la cirugía de reasignación de género apenas era un rumor en la sociedad, Wojtowicz estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por amor. A su lado, Salvatore Naturale, un joven de 18 años, compartía un pasado de delincuencia menor. La historia de Robert Westenberg, sin embargo, es menos conocida, pues él abandonó la escena antes de que el atraco realmente comenzara.
El plan inicial parecía sencillo: irrumpir en el banco, amedrentar a los empleados, y huir con el dinero antes de que la policía llegara. Pero en un acto que reveló la tensión y el pánico subyacentes, Westenberg decidió huir del lugar antes de que las puertas se cerraran tras ellos. Sin más opción, Wojtowicz y Naturale siguieron adelante con la operación, tomando como rehenes a siete empleados del banco, sin saber que estaban iniciando una larga y desesperada confrontación con la ley.
El atraco que se convirtió en espectáculo mediático
El intento de robo, que debía durar solo unos minutos, se transformó rápidamente en un drama de catorce horas que paralizó a la ciudad. La policía, alertada casi de inmediato, rodeó el banco en cuestión de minutos, sellando todas las salidas y estableciendo un perímetro que con cada hora se volvía más impenetrable. Con los oficiales apostados en cada esquina y en los tejados cercanos, la situación dentro del banco comenzó a deteriorarse. La tensión se palpaba en el aire, mientras los dos ladrones se daban cuenta de que sus planes habían fracasado.
Wojtowicz, que pronto se reveló como el líder del dúo, comenzó a negociar frenéticamente con la policía, buscando una manera de salir de la situación que él mismo había provocado. A medida que pasaban las horas, sus demandas se tornaron más desesperadas: primero pidió un coche para escapar, luego un avión que lo llevara fuera del país. Cada petición era un intento de ganar tiempo, de retrasar lo inevitable. Mientras tanto, afuera, la escena del crimen se transformó en un espectáculo mediático. Las cámaras de televisión se congregaron para capturar cada momento del drama, y el público comenzó a reunirse, fascinado por el extraño teatro que se desarrollaba frente a sus ojos.
La presencia de los medios transformó la situación. Wojtowicz, que inicialmente era solo un ladrón desesperado, pronto se convirtió en una especie de antihéroe, un símbolo de la lucha contra un sistema que él sentía que lo había traicionado. El hecho de que su motivo principal para el atraco fuera pagar la cirugía de cambio de sexo de su pareja atrajo aún más atención, especialmente en una época en la que temas como la identidad de género y los derechos LGBTQ+ apenas comenzaban a emerger en el discurso público. El atraco dejó de ser solo un crimen para convertirse en un fenómeno cultural.
La larga y tensa negociación
Dentro del banco, la atmósfera se hacía cada vez más insostenible. Wojtowicz intentaba mantener el control, pero Naturale, que era mucho más joven e inexperto, se volvía cada vez más errático. Las horas pasaban, y tanto los rehenes como los secuestradores se enfrentaban al calor sofocante, la falta de alimentos y el creciente miedo de que nadie saldría de ahí con vida.
A lo largo de la tarde y la noche, Wojtowicz habló con la policía, exigiendo garantías de seguridad y un avión que los llevara fuera de Estados Unidos. Los negociadores, por su parte, intentaban ganar tiempo, buscando una manera de poner fin a la crisis sin más violencia. Cada conversación era una batalla de ingenio, con Wojtowicz tratando de aferrarse a cualquier atisbo de esperanza mientras la policía buscaba desarmarlo tanto literal como psicológicamente.
Finalmente, las autoridades accedieron a proporcionarles un vehículo para trasladarlos al Aeropuerto John F. Kennedy, con la promesa de que un avión los estaría esperando para llevarlos a un lugar seguro. Wojtowicz, agotado y sin más opciones, aceptó. Junto con Naturale y los rehenes, abandonó el banco con la esperanza de que el final de esta terrible experiencia estaba a solo unos kilómetros de distancia.
Un desenlace fatal en el aeropuerto
La caravana se dirigió al aeropuerto, con una escolta policial que aseguraba la seguridad de los rehenes. Al llegar a la pista, la tensión era palpable. Wojtowicz y Naturale no tenían idea de que las autoridades habían preparado una emboscada final. Mientras los rehenes bajaban del vehículo, el equipo SWAT hizo su movimiento.
En un instante, todo acabó. Salvatore Naturale, que aún sostenía su arma, fue abatido por un francotirador de la policía. Wojtowicz, sorprendido y desarmado, fue arrestado sin oponer resistencia. El sueño de una huida triunfal se desmoronó en la pista del aeropuerto, mientras los rehenes, aún aturdidos, eran rescatados ilesos.
Un legado duradero
El intento de robo al Chase Manhattan Bank no solo se convirtió en un evento inolvidable para los neoyorquinos, sino que también dejó una marca indeleble en la cultura popular. John Wojtowicz fue condenado a veinte años de prisión, de los cuales cumplió catorce antes de ser liberado. Su historia inspiró la película "Tarde de perros" (1975), protagonizada por Al Pacino, que capturó la desesperación, la tensión y la humanidad detrás del crimen.
Hoy en día, este evento es recordado como un testimonio de cómo una serie de malas decisiones, impulsadas por la desesperación y el amor, pueden llevar a una tragedia. La "tarde de perros" en Brooklyn es un recordatorio de que, a veces, los planes más meticulosamente elaborados pueden desmoronarse en un instante, dejando tras de sí una estela de consecuencias imprevistas y memorias que perduran por generaciones.
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