¡De Los locos Addams al laboratorio! Desarrollan mano robótica que camina
Una mano robótica de la ETH de Zúrich camina sin cables, pulsa teclas y mueve objetos. El prototipo recuerda a Dedos de Los locos Addams

Un equipo de ingenieros enseñó a una mano robótica a caminar sobre sus dedos y utilizarlos para realizar tareas mientras sostiene su propio peso. El resultado recuerda a Dedos, el personaje de Los locos Addams, aunque su desarrollo busca resolver un problema concreto: llegar a lugares donde un robot más grande tendría dificultades para trabajar.
Los investigadores del Laboratorio de Robótica Blanda de la ETH de Zúrich, en Suiza, adaptaron una mano comercial para que pudiera desplazarse sin cables. Durante las pruebas, el dispositivo recorrió distintas superficies, se incorporó después de caer y accionó un teclado sin perder el equilibrio.
El trabajo, firmado por Amirhossein Kazemipour, Hehui Zheng y Robert Katzschmann, fue difundido el 15 de septiembre de 2026 como prepublicación en arXiv. Esa versión presenta los experimentos del equipo, pero su disponibilidad en el repositorio no equivale a una validación mediante revisión por pares.
Una mano que usa los dedos como piernas
El equipo partió de una mano derecha comercial WUJI y conservó la estructura de sus dedos, así como su controlador de posición. Para permitirle funcionar sin conexiones físicas externas, incorporó una batería, sensores y una pequeña computadora; el conjunto alcanzó un peso de 818 gramos.
El desafío consistía en coordinar partes diseñadas para sujetar objetos y convertirlas también en puntos de apoyo. Cada vez que un dedo se levanta para avanzar o pulsar una tecla, los restantes deben sostener la mano y evitar que la palma termine sobre la superficie.
La forma de una mano humana complica ese equilibrio: los dedos tienen longitudes diferentes y el pulgar ocupa una posición distinta a los demás. Además, la palma queda inclinada cuando el dispositivo se apoya, lo que obliga a ajustar la manera de controlar sus movimientos.

Los investigadores recurrieron al aprendizaje por refuerzo, un método de entrenamiento que asigna recompensas a los comportamientos que acercan al sistema a su objetivo. En este caso, el robot debía aprender a desplazarse y conservar una postura estable utilizando sus cinco dedos.
El entrenamiento ocurrió en un simulador ajustado con mediciones del dispositivo real, incluida la fricción de las yemas. El sistema favorecía que cada dedo permaneciera cerca de su posición habitual de apoyo, mientras aprendía cuándo levantarlo y dónde volver a colocarlo.
Caminó sobre césped, grava y rejillas
La mano logró desplazarse sobre 14 superficies de interiores y exteriores, entre ellas césped, grava y rejillas metálicas. Estos recorridos mostraron que los movimientos aprendidos en el entorno virtual podían trasladarse al dispositivo físico y funcionar sobre materiales diferentes.
Sin embargo, caminar sin cables no significa decidir por cuenta propia adónde ir. En esas demostraciones, la mano recibió instrucciones mediante un control de videojuegos; el sistema a bordo coordinó los movimientos necesarios para ejecutarlas.
El equipo también puso a prueba su capacidad para incorporarse. La mano recuperó su postura de apoyo en 21 de 25 intentos, después de comenzar tumbada sobre uno de sus lados, un resultado relevante para evitar que cada caída interrumpa una tarea y requiera ayuda.

Pulsó teclas y ejecutó movimientos de Sokoban
La siguiente prueba exigió combinar equilibrio y precisión. Mientras cuatro dedos sostenían el dispositivo, otro accionaba las flechas de un teclado: la mano registró 29 pulsaciones correctas de 32 instrucciones, sin utilizar información visual para localizar las teclas.
Esa capacidad también permitió demostrar su funcionamiento con Sokoban, un videojuego de rompecabezas basado en mover cajas. La mano ejecutó las secuencias indicadas por un operador para completar dos niveles; el experimento no demuestra que resolviera por sí misma los acertijos.
El teclado, además, debía ser alineado manualmente antes de la evaluación. Esa preparación limita el alcance de la demostración: el dispositivo podía pulsar posiciones conocidas, pero todavía necesitaba intervención humana para establecer la ubicación adecuada de los controles.
En otra prueba, la mano empujó un bloque hacia un objetivo con ayuda de una cámara colocada sobre la mesa. En las 15 entregas, la distancia final al objetivo promedió 1.7 centímetros, con resultados entre 0.5 y 3.7 centímetros.
¿Para qué serviría una mano que camina?
Los autores plantean que un robot de mayor tamaño podría depositar una mano móvil cerca de una abertura estrecha. Desde ahí, el dispositivo avanzaría hasta un control u objeto, realizaría una tarea y regresaría a un punto donde pudiera ser recogido.
Ese escenario es una aplicación propuesta, no una misión completa demostrada en el estudio. Por ahora, las pruebas muestran habilidades específicas de desplazamiento y manipulación que podrían contribuir al desarrollo de robots capaces de trabajar en espacios reducidos y utilizar controles diseñados para personas.