¿Tienes poco clara una parte de tu vida? Podrías tener alguno de estos trastornos disociativos
Estos trastornos surgen como una defensa ante traumas severos, provocando amnesia y la fragmentación de la identidad.

Los trastornos disociativos fragmentan la memoria y la identidad tras la experimentación de un trauma severo. Esta división de la consciencia aparece como un mecanismo de defensa diseñado para proteger a alguien de un dolor emocional insoportable.
Esta condición separa los recuerdos traumáticos de la realidad diaria. Con el paso del tiempo, la fragmentación impide el desarrollo de una vida coherente, lo que afecta la percepción del entorno y de la propia historia personal.

¿Cuáles son los tipos de trastornos disociativos?
La mente puede dividirse de formas sorprendentes para manejar sucesos que parecen imposibles de tolerar. No se trata de un simple olvido; el individuo siente que la vida es una película ajena o que identidades extrañas habitan su cuerpo.
De acuerdo con el Sistema de Salud Pública del Reino Unido (NHS) y Cleveland Clinic, estos son los tipos de trastornos disociativos:
- Trastorno de identidad disociativo (TID): Anteriormente conocido como personalidad múltiple, implica la existencia de identidades que controlan la conducta. Cada una puede poseer nombres, voces y hasta alergias totalmente diferentes.
- Amnesia disociativa: Consiste en bloqueos de periodos completos de la existencia que pueden durar años. Resulta imposible recordar eventos traumáticos específicos o datos personales esenciales.
- Despersonalización: El sujeto siente que se encuentra fuera de su físico, observándose como un robot. En la desrealización, percibe que el entorno es irreal, neblinoso y carente de vitalidad o profundidad.
Estas condiciones generan una vida interrumpida donde el tiempo parece perderse. Con frecuencia aparecen objetos que la persona no recuerda haber comprado, pues la fragmentación impide integrar las emociones en un yo único y sólido.

¿Cuáles son las causas de los trastornos disociativos?
El origen de estas fracturas reside en catástrofes emocionales ocurridas durante las etapas del desarrollo. La mente activa un escape de emergencia que levanta muros entre los recuerdos dolorosos y el presente.
Las circunstancias que detonan esta ruptura suelen ser extremas y repetitivas. El cerebro desconecta las regiones responsables de la planificación para evitar que el sufrimiento afecte la forma en que una persona desempeña sus acciones cotidianas.
Así se originan estos trastornos, según explican los Institutos
Nacionales de Salud en EU (NIH) y el Manual Merck:
- Abuso infantil: El 90% de los pacientes en EU y Europa sufrió negligencia grave en su niñez. Esta violencia impide que tu personalidad se integre normalmente durante los años de crecimiento.
- Trauma de guerra: Víctimas de conflictos o secuestros se disocian para tolerar el horror. Experimentan una negación protectora donde sienten que la violencia no les está ocurriendo a ellos mismos.
- Estrés abrumador: Procedimientos médicos invasivos o pérdidas repentinas fuerzan la desconexión. El cerebro detiene la actividad rítmica de las áreas emocionales para garantizar tu permanencia.
Durante la disociación, las estructuras cerebrales profundas muestran una alteración biológica real. La persona queda desconectada de las áreas que permiten reflexionar sobre sí misma, confirmando que el daño es tanto físico como mental.

¿Quiénes presentan una mayor propensión a estos trastornos?
Cualquier persona puede sufrir estas condiciones, pero la historia personal resulta definitiva. No se trata de una cuestión de debilidad, sino de la intensidad de las vivencias experimentadas cuando el cerebro aún se encontraba en proceso de maduración.
Los grupos con mayor riesgo incluyen a quienes enfrentaron violencia sin contar con apoyo cercano. Sin figuras protectoras que ayuden a procesar el dolor, el individuo aprende a "irse" mentalmente como método de supervivencia.
- Mujeres con trauma: Las estadísticas indican una probabilidad mayor de recibir este diagnóstico. A menudo se presentan síntomas complejos que incluyen conductas de autolesión como forma de liberar tensión acumulada.
- Adolescentes: Aunque el daño suele ocurrir antes de los seis años, la desconexión suele manifestarse plenamente a los 16 años. Es la etapa donde la falta de integración de la identidad se vuelve evidente para el entorno.
La vulnerabilidad aumenta si el trauma ocurrió en soledad absoluta. Ese hábito de huida mental persiste en la adultez, convirtiéndose en el método automático del sistema nervioso ante cualquier amenaza percibida.

¿Cuándo acudir con un profesional de la salud mental?
Identificar estas condiciones representa un reto monumental para los especialistas. Un paciente puede pasar hasta 12 años en el sistema de salud antes de que se comprenda que los síntomas no corresponden a la esquizofrenia, según un estudio publicado en Journal of Clinical Medicine.
Ante la sospecha de atravesar este proceso, es necesario acudir con un profesional de la salud para diagnosticar el problema de raíz. El tratamiento adecuado permite unir las piezas de la historia personal y retomar el control de los sentidos.
- Señales de alerta: Acude a un profesional si encuentras evidencia de actividades que no recuerdas. Los cambios de humor repentinos o sentir que observas tu vida desde fuera son focos rojos.
- Antes de confirmar el trastorno, deben realizarse pruebas físicas. Se descartan tumores, lesiones o efectos de medicamentos que puedan causar amnesia o confusión mental.
- Terapias efectivas: El método principal es la psicoterapia enfocada en procesar el trauma.
- Retomar el control: Aunque no hay fármacos para curar la disociación, el apoyo clínico ayuda. Tratar la ansiedad y la depresión asociada te permite avanzar con firmeza hacia tu propia sanación.
La fragmentación deja de ser tu única salida cuando acudes a una terapia psicológica. Al unir contar con ayuda especializada, dejas de ser un observador y tomas el control de tu cotidianidad.
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