¿Por qué no podemos hacernos cosquillas? La ciencia detrás del autocontrol

Las cosquillas no fallan por casualidad: el cerebro predice el tacto propio, atenúa la sensación y solo reacciona cuando hay sorpresa externa.

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¿Por qué no puedo hacerme cosquillas a mí mismo?Inteligencia Artificial.

Esa mezcla de risa, sorpresa y una necesidad casi automática de apartar la mano es, para muchos, un pequeño misterio del cuerpo humano. ¿Por qué sentimos cosquillas cuando alguien más nos toca, pero no cuando intentamos provocarlas nosotros mismos? 

Aunque parece una curiosidad sin mayor importancia, la respuesta se encuentra en uno de los mecanismos más sofisticados del cerebro: su capacidad para anticipar lo que va a ocurrir.

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¿Por qué no puedo hacerme cosquillas a mí mismo?Canva.

¿Por qué el cuerpo “no se sorprende” con sus propias cosquillas?

La mayoría de las personas ha comprobado que, por más que lo intente, no puede hacerse cosquillas a sí misma. La razón es tan simple como fascinante: el cerebro ya sabe lo que va a pasar.

Cada vez que decides mover tu mano para tocarte el brazo, las costillas o la planta del pie, el sistema nervioso no solo envía la orden para ejecutar el movimiento. 

Al mismo tiempo, genera una predicción de la sensación que va a producir ese contacto. Esa anticipación hace que el cerebro “reste importancia” al estímulo antes incluso de que lo sientas.

Este fenómeno se conoce como atenuación sensorial, se trata de un mecanismo que ayuda al cerebro a filtrar las señales que considera propias y predecibles, para poder concentrarse mejor en lo externo, lo inesperado o lo potencialmente relevante para la supervivencia.

La National Library of Medicine explica que el cerebro integra la orden motora con una predicción de la sensación resultante. Si lo que se siente coincide con lo esperado, la respuesta sensorial se reduce. 

Por eso, los estímulos que provienen de uno mismo suelen percibirse como menos intensos que aquellos que vienen del exterior.

Desde la perspectiva de la ticklishness o cosquillez como fenómeno social y emocional, una revisión científica publicada en Neuroscience Research señala que las cosquillas se ubican en una frontera muy particular: tacto + emoción + contexto social. El cerebro no procesa igual un contacto propio que uno inesperado realizado por otra persona.

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El “cerebro predictor”, ¿Cómo anticipa tus movimientos?

Cuando decides tocarte, el cerebro hace algo más que enviar la orden a tus músculos. También crea una especie de “simulación interna” de lo que va a sentir tu piel. En neurociencia, este proceso se explica mediante el llamado modelo interno o forward model.

De acuerdo con la NIH, el cerebro utiliza una copia de la orden motora para anticipar las consecuencias sensoriales de una acción y, con base en ello, suprimir parte de la respuesta a los estímulos autogenerados, lo cual quiere decir que si no hay sorpresa, no hay reacción intensa.

Esto explica por qué las cosquillas intensas dependen tanto del factor sorpresa. Cuando el cerebro elimina la sorpresa, también reduce ese “estallido” sensorial y emocional que normalmente provoca risa, movimientos defensivos y una sensación difícil de controlar.

El papel del cerebelo, pieza clave para anular la cosquilla

Durante mucho tiempo, el cerebelo fue visto únicamente como una estructura encargada de la coordinación y el equilibrio. Sin embargo, hoy se sabe que también funciona como un gran sistema de predicción.

Una revisión publicada en Nature Reviews Neuroscience explica que los circuitos cerebelosos son capaces de realizar cálculos predictivos muy precisos. 

Estos cálculos permiten anticipar las consecuencias sensoriales de nuestras acciones y ajustar la respuesta del cerebro antes de que el estímulo ocurra.

La evidencia en neurociencia cognitiva y clínica refuerza que la atenuación sensorial no es un simple “truco” del cerebro, sino un proceso fundamental para distinguir lo propio de lo externo, algo que se conoce como sensación de agencia: la certeza de que una acción fue realizada por uno mismo.

Visto así, la cosquilla autogenerada se entiende de manera clara: el cerebelo compara lo esperado (por el movimiento que tú decidiste hacer) con lo que realmente llega desde la piel. Si ambas señales coinciden, el cerebro lo etiqueta como “mío, predecible” y no activa la respuesta completa.

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Cuando otra persona te hace cosquillas, entra el factor sorpresa

La historia cambia por completo cuando el estímulo viene de alguien más. En ese caso, el cerebro pierde su ventaja predictiva. La otra persona decide el momento exacto, el lugar, la presión y los pequeños cambios del movimiento. 

Esa falta de control aumenta la incertidumbre, y con ella, la intensidad de la respuesta.

Un estudio realizado por investigadores de la Vrije Universiteit Amsterdam encontró que la risa provocada por cosquillas se distingue de otras formas de risa por características acústicas y perceptuales específicas. 

Esto sugiere que se trata de una vocalización más automática, posiblemente con una raíz evolutiva relacionada con el juego y la interacción social.

Así, el factor sorpresa no solo amplifica la sensación táctil: enciende al mismo tiempo los circuitos sensoriales y emocionales, haciendo que la cosquilla sea difícil de controlar y, en ocasiones, incluso incómoda.

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¿Sirven para algo las cosquillas?

Aunque a menudo se consideran triviales, las cosquillas son un auténtico laboratorio natural para estudiar cómo el cerebro integra sensación, emoción y relaciones sociales.Los especialistas distinguen entre dos tipos principales:

  • Knismesis: un cosquilleo leve, como el roce de una pluma o un insecto.
  • Gargalesis: la cosquilla intensa que provoca risa y movimientos defensivos.

La revista Science Advances señala que la gargalesis es difícil de estudiar en laboratorio, pero resulta prometedora para responder preguntas profundas sobre desarrollo, emoción ambivalente (placer y molestia al mismo tiempo) y mecanismos neuronales.

Los científicos plantean al menos tres funciones posibles:

  • Defensa y alerta: el cosquilleo leve puede llevar a retirar la piel rápidamente ante estímulos pequeños o potencialmente peligrosos.
  • Juego y aprendizaje social: la cosquilla intensa aparece con frecuencia en interacciones lúdicas y puede fortalecer vínculos.
  • Vínculo y comunicación emocional: la risa por cosquillas parece una forma particular de comunicación social, aunque también puede resultar incómoda si no hay confianza o consentimiento.

La imposibilidad de hacerse cosquillas a uno mismo se explica por la manera en que el cerebro anticipa y procesa los estímulos sensoriales generados por acciones propias. 

A través de mecanismos como la atenuación sensorial y la predicción motora —en los que participa de forma central el cerebelo— el sistema nervioso reduce la intensidad de las sensaciones previsibles para priorizar aquellas que provienen del entorno.

En contraste, cuando el contacto es externo e inesperado, el cerebro no puede anticiparlo con la misma precisión, lo que da lugar a respuestas más intensas que involucran tanto la percepción táctil como los circuitos emocionales.