¿Crees que eres intolerante al gluten? Científicos revelan que podrías estar eliminando el alimento equivocado
Muchas personas que eliminan el gluten sienten alivio, pero estudios recientes revelan que el verdadero culpable podría ser otro componente del trigo.

Las dietas sin gluten se han vuelto tendencia en los últimos años, influenciadas por las redes sociales, las modas alimentarias y una creciente preocupación por la salud intestinal, muchas personas deciden eliminar el gluten de su dieta sin contar con un diagnóstico médico.
Sin embargo, un nuevo estudio internacional sugiere que, en muchos casos, el malestar que se atribuye al gluten podría tener otra causa.

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¿Qué es la enfermedad celíaca?
De acuerdo con Mayo Clinic, la enfermedad celíaca es un trastorno autoinmune en el que el sistema inmunológico reacciona de manera anormal ante el gluten, una proteína presente en el trigo, la cebada y el centeno.
Cuando una persona con enfermedad celíaca consume gluten, su organismo responde atacando el revestimiento del intestino delgado, lo que provoca inflamación y daños en las vellosidades intestinales.
Con el tiempo, esto afecta la absorción de nutrientes, un proceso conocido como malabsorción, y puede derivar en problemas como anemia, fatiga crónica, pérdida de peso y deficiencias nutricionales.
Esta condición afecta a cerca del 1 % de la población mundial, según el Centro de Enfermedad Celíaca, y requiere una dieta estrictamente libre de gluten de por vida.
Pero no todas las personas que dicen sentirse mal tras comer pan o pasta padecen celiaquía. Y ahí entra en juego un diagnóstico mucho más complejo: la sensibilidad al gluten no celíaca.

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No siempre es el gluten: qué reveló el estudio más reciente
Una revisión publicada en The Lancet Gastroenterology & Hepatology analizó más de 50 estudios clínicos sobre sensibilidad al gluten y la respuesta del cuerpo a esta proteína. Los investigadores evaluaron aspectos como los síntomas, la microbiota intestinal, la función de la barrera intestinal y la respuesta inmunitaria.
El estudio encontró que las reacciones específicas al gluten fueron poco comunes, y en muchos casos los síntomas fueron leves o inexistentes.
Incluso, en varios ensayos doble ciego con placebo, los pacientes reportaron síntomas iguales o más intensos tras consumir una sustancia sin gluten, lo que sugiere la existencia del efecto nocebo (cuando el cuerpo reacciona negativamente por expectativa más que por el componente real del alimento).
Además, los resultados apuntaron hacia otros compuestos del trigo, como los FODMAPs y proteínas distintas al gluten, que podrían ser los verdaderos responsables de los malestares digestivos.
Fructanos y otros FODMAPs en la dieta
Los FODMAPs (acrónimo en inglés de fermentable oligosaccharides, disaccharides, monosaccharides, and polyols) son carbohidratos de cadena corta que se fermentan fácilmente en el intestino, generando gases y distensión abdominal.
Según la Universidad de Monash (Australia), pionera en la investigación de este enfoque dietético, los fructanos, presentes en alimentos como el trigo, la cebolla, el ajo y algunos vegetales, pueden causar más síntomas digestivos que el gluten en sí.
Otro resultado mostró que las personas que siguieron una dieta baja en FODMAPs experimentaron una reducción significativa de los síntomas (como hinchazón, dolor abdominal o fatiga), incluso al reintroducir el gluten posteriormente.
Esto sugiere que no siempre el gluten es el responsable, sino ciertos carbohidratos o la sensibilidad del intestino ante la fermentación de estos alimentos.

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Intestino y cerebro
Otra línea de investigación apunta a la comunicación entre el intestino y el cerebro, conocida como el eje intestino-cerebro. Un estudio colaborativo entre la Universidad de Columbia y el Instituto Karolinska observó que algunas personas que se autodiagnostican como sensibles al gluten podrían padecer una disfunción similar al síndrome del intestino irritable (SII).
En estos casos, factores como el estrés, la ansiedad o la hipersensibilidad visceral pueden amplificar las molestias, aunque el intestino no esté dañado como en la celiaquía.
Esta interacción neurodigestiva explicaría por qué algunas personas sienten mejoría al modificar su dieta o estilo de vida, aun cuando el gluten no sea el causante directo.
Cómo saber si es celiaquía o sensibilidad
MedlinePlus señala que los análisis de sangre son la herramienta principal para detectar la enfermedad celíaca. Las pruebas más utilizadas incluyen:
- Anticuerpos contra la transglutaminasa tisular (tTG-IgA): es la prueba más común y confiable.
- Inmunoglobulina A (IgA) total: para descartar deficiencias inmunológicas.
- Anticuerpos contra el péptido de gliadina desamidada (DGP-IgG/IgA): útiles en niños o personas con niveles bajos de IgA.
Si las pruebas son positivas, el médico puede solicitar una biopsia intestinal para confirmar el diagnóstico.
Por otro lado, si las pruebas resultan negativas y los síntomas persisten, es posible que se trate de sensibilidad al gluten no celíaca, intolerancia a los FODMAPs o un cuadro similar al SII. En estos casos, se recomienda consultar a un gastroenterólogo o nutricionista clínico antes de eliminar grupos de alimentos por cuenta propia.
Aunque eliminar el gluten puede parecer una forma fácil de aliviar molestias, una dieta innecesariamente restrictiva puede causar deficiencias nutricionales.
Según Mayo Clinic, los alimentos sin gluten procesados suelen tener menos fibra, hierro y vitaminas del grupo B. Por eso, si no existe diagnóstico médico de celiaquía o alergia al trigo, no se recomienda suspender el gluten sin supervisión profesional.
La investigación reciente abre una nueva perspectiva: tal vez no sea el gluten el enemigo, sino cómo interactúan ciertos alimentos con nuestra microbiota intestinal y nuestro sistema nervioso.
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