Síntomas que delatan estrés escolar en niños: cuando el cuerpo y la conducta hablan, especialistas
Dolores de estómago, irritabilidad y rechazo a la escuela pueden ser señales de estrés escolar en niños de primaria y no simples berrinches.

Para muchos niños de primaria, la escuela no solo es un espacio de aprendizaje, sino también una fuente importante de presión emocional.
Tareas, exámenes, reglas escolares, la convivencia con compañeros o el miedo a “equivocarse” pueden generar estrés escolar, una respuesta que no siempre se expresa con palabras, sino a través del cuerpo y la conducta.
El problema es que estos síntomas suelen confundirse con berrinches, flojera o simples “nervios”, cuando en realidad pueden ser señales claras de que el niño está rebasado emocionalmente.
Reconocerlas a tiempo es clave para evitar que el malestar se vuelva crónico y afecte su bienestar, su aprendizaje y su autoestima.
Especialistas en salud infantil advierten que el estrés escolar no es algo menor ni pasajero cuando se mantiene en el tiempo: puede interferir con el desarrollo emocional, la concentración y la relación del niño con la escuela.

Señales físicas que no deben ignorarse
En niños de primaria, el estrés escolar suele manifestarse primero en el cuerpo. Uno de los síntomas más frecuentes es el dolor de estómago recurrente, especialmente por las mañanas o antes de ir a la escuela.
También son comunes los dolores de cabeza, las náuseas, el cansancio excesivo y, en algunos casos, vómitos sin una causa médica aparente.
De acuerdo con estudios recientes sobre rechazo escolar y ansiedad infantil, estos síntomas somáticos son reales y no fingidos: el cuerpo responde al estrés emocional como si se tratara de una amenaza física.
Investigaciones publicadas en European Child & Adolescent Psychiatry documentan que el dolor abdominal y la cefalea aparecen con frecuencia en niños que experimentan ansiedad relacionada con la escuela.
Otro indicador importante es el sueño. La dificultad para dormirse, los despertares nocturnos o levantarse muy cansados pueden estar vinculados al estrés escolar, sobre todo cuando estos cambios coinciden con exámenes, cambios de grupo, conflictos en el aula o aumento de la carga académica.
Mayo Clinic explica que en la infancia la ansiedad y el estrés suelen manifestarse con molestias físicas, ya que los niños no siempre tienen las herramientas para expresar lo que sienten con palabras.

Las señales silenciosas
Más allá del cuerpo, el estrés escolar en primaria suele reflejarse en el comportamiento. Niños que antes eran tranquilos pueden mostrarse irritables, enojarse con facilidad o llorar sin un motivo claro. Otros pueden aislarse, perder interés en actividades que antes disfrutaban o mostrarse más inseguros.
Especialistas señalan que frases como “no puedo”, “me va a ir mal”, “la maestra se va a enojar” son señales de alerta, ya que reflejan miedo al error, baja autoestima y presión excesiva.
Una revisión sobre estrés académico publicada en ScienceDirect señala que la presión constante puede afectar la motivación, la concentración y el bienestar emocional de los niños en edad escolar.
En primaria también es común que aparezcan conductas regresivas, como apego excesivo a madres o padres, miedo a separarse, necesidad constante de compañía o dificultad para realizar actividades que antes hacían sin problema. Estas conductas no deben verse como “manipulación”, sino como una forma de pedir ayuda.

“No quiero ir a la escuela”: más que una frase
Cuando un niño dice repetidamente “no quiero ir a la escuela”, es importante mirar más allá de la resistencia momentánea. La evidencia clínica distingue entre el rechazo escolar por ansiedad y el ausentismo por rebeldía o desinterés. En el primer caso, suele haber angustia real, acompañada de síntomas físicos y emocionales.
Estudios recientes sobre school refusal (rechazo escolar) señalan que en niños pequeños esta negativa suele estar relacionada con ansiedad, estrés académico o dificultades sociales, más que con falta de interés por aprender.
Un estudio publicado en Current Psychology resalta que el rechazo escolar en edades tempranas suele ir acompañado de síntomas físicos persistentes y malestar emocional.
La clave para madres, padres y docentes está en observar patrones: si las molestias aparecen solo en días de escuela, si desaparecen los fines de semana o vacaciones, y si el niño muestra alivio al quedarse en casa.

Qué pueden hacer madres, padres y la escuela
Frente al estrés escolar en primaria, la respuesta no debe ser el regaño ni la minimización. Los expertos recomiendan:
- Escuchar sin juzgar: validar lo que el niño siente, aunque desde la mirada adulta parezca exagerado.
- Hacer preguntas concretas: identificar si el estrés viene de tareas, exámenes, relaciones con compañeros o miedo a la autoridad.
- Reducir la presión: recordar que el aprendizaje no se define solo por calificaciones.
- Cuidar rutinas básicas: sueño suficiente, tiempo de juego libre y pausas reales durante el día.
Desde la escuela, es clave promover entornos seguros, detectar cambios de conducta y, cuando sea necesario, canalizar a orientación o apoyo psicológico.
La OMS y UNICEF, en su guía conjunta, subrayan la importancia de detectar y atender de manera temprana los problemas de salud mental en niños, especialmente cuando afectan su desempeño escolar y su vida diaria.
Cuándo buscar ayuda profesional
Es recomendable acudir con un pediatra o un especialista en salud mental infantil cuando:
- Los dolores físicos se repiten durante semanas.
- El rechazo a la escuela es persistente.
- Hay aislamiento, tristeza o irritabilidad constante.
- El estrés interfiere con el sueño, la alimentación o el aprendizaje.
Buscar ayuda no significa que el niño “tenga algo grave”, sino que necesita apoyo para desarrollar herramientas emocionales que le permitan enfrentar la escuela de manera saludable y sin miedo.
El estrés escolar en niños de primaria suele manifestarse de forma silenciosa, pero persistente. Dolores físicos recurrentes, cambios de conducta y rechazo a la escuela no deben normalizarse ni minimizarse.
La evidencia muestra que, con escucha, ajustes en casa y en la escuela, y apoyo profesional cuando es necesario, es posible reducir el impacto del estrés y ayudar a los niños a desarrollar herramientas emocionales para enfrentar la escuela de manera saludable. Reconocer estas señales no es alarmismo, es una forma de cuidado.
EL EDITOR RECOMIENDA



