Desconexión V. Conectando el interior

La libertad es la obediencia a la ley que uno mismo se ha trazado.

Jean-Jacques Rousseau

Si bien la clave para volvernos a conectar con nosotros mismos es el discurso interno, es decir, la voz mental que nos define, la voz que nos explica lo que sucede, la voz que interpreta, la que decide y elige cómo actuar, no es suficiente. Esa labor requiere, además, reconstruir la alineación entre nuestro cuerpo, nuestras emociones, nuestra atención, acciones y vínculos. De ahí que la desconexión implique siempre un reto, una complejidad y exija para uno mismo una disciplina y una voluntad férrea.

Reconstruir la alineación significa volver a integrar y coordinar lo que usted siente en el cuerpo, lo que experimenta emocionalmente, dónde coloca su atención, cómo actúa y cómo se relaciona (vínculo) para que todas funcionen en la misma dirección: su bienestar, sus valores y su propósito.

Esto se llama actuar de manera coherente con lo que sentimos, pensamos y hacemos; lo interesante aquí es comprender el objetivo de esa alineación, ¿qué la dirige, qué nos mueve, qué nos guía? Y ésa es la labor más importante de cada uno: elegir nuestro propósito, nuestra intención. El propósito o la intención es la dirección interna consciente que usted elige para vivir y actuar: un “para qué” organiza su energía y funciona como eje para su cuerpo (señales), su emoción (necesidades), su atención (enfoque), sus acciones (decisiones) y su vínculo (forma de relacionarse), y que todos ellos apunten hacia el mismo objetivo.

Recuerde, mi querido lector, que el propósito es el que sostiene y la intención es la que dirige cada momento. Quien se desconecta es quien pierde el enfoque de su propósito o bien, quien, teniéndolo, no dirige su intención a lo que corresponde, se pasa el día evitando la incomodidad de lo que exigen sus propios intereses o prioriza otras cosas o a otras personas que nada tienen que ver con sus propias necesidades. Es ese automatismo en el que se cae donde el postergarse a uno mismo se convierte en un hábito, en una constante, en un hacer mecánico y previsible: su cuerpo dice “alto”, su emoción pide “cuidado”, pero su atención se va en “cumplir” y su acción termina en “aguantar”, afectando el vínculo y generando irritabilidad, distancia o silencio.

Y seré muy clara aquí, los sacrificios no benefician a nadie, ni a usted ni tampoco a aquellos a quien cree beneficiar, y no, tampoco se agradecen ni terminan por sumar a su vida ni tiempo ni capital ni reconocimiento ni valor… el sacrificio, cuando es así… no beneficia a nada ni a nadie. El apoyo, la ayuda o el interés por el otro es una cosa; el sacrificio, otra… Créame. Su primer deber es atender y cuidar de sí mismo y mantener ese equilibrio y enfoque en su vida, aun cuando alguien le requiera o le necesite. Se lo digo porque ésta suele ser una de las mayores justificaciones al abandono de uno mismo… los otros, y los otros no tienen cabida en esta ecuación.

Ahora bien, si decide actuar a su favor, sabrá que está alineado cuando se siente presente, claro y coherente, con menos conflictos internos: cuando lo que piensa, siente y hace no se contradicen. Una pregunta muy práctica es si esto que hace diariamente le acerca o le aleja de su propósito y su intención, y actuar en consecuencia y, si es necesario, rectificar el camino. Porque no, nadie lo hará por usted, nadie puede acceder a su cuerpo, a su sentir, a su pensar, a su atención, a sus acciones o decisiones, y mucho menos a su vínculo personal: al respeto que se tiene, a su valor personal o la disciplina con la que sostiene sus acuerdos personales. Eso sólo le corresponde a usted.

Por eso, mejor procure hacer que coincida lo que su cuerpo le indica, lo que su emoción revela, lo que su atención enfoca y lo que su acción ejecuta con la forma en que usted se vincula y se cuida. Porque ésa es la primera norma para mantenerse conectado con uno mismo y poder acceder de mejor manera a la conexión con los demás, ofreciendo y aportando lo mejor que tiene y que es. Como siempre, usted elige.

¡Felices conexiones, felices vidas!

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