¿Qué es la ibogaína, el tratamiento que se sometió Presley Gerber en Cancún semanas antes de morir?
México concentra decenas de clínicas que ofrecen ibogaína, muchas dirigidas a pacientes de Estados Unidos, donde la sustancia permanece fuertemente restringida.

Más de medio millón de personas, de entre 12 a 65 años, presentan dependencia a alguna droga en México, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco, mientras que, en Estados Unidos, donde la crisis de opioides ha adquirido dimensiones mucho mayores, 28.2 millones de personas tienen un trastorno por consumo de drogas; sin embargo, el problema está en dejar de consumir.
Es que dejar de consumir no es simplemente una cuestión de voluntad, a nivel cerebral, puede modificar circuitos relacionados con la recompensa, el estrés, la formación de hábitos y el control de impulsos, de manera que con el tiempo algunas personas consumen ya no sólo para experimentar placer, sino para evitar el malestar de la abstinencia.
Frente a este proceso complejo y al riesgo de recaídas, desde hace décadas pacientes y especialistas han buscado alternativas para facilitar el tratamiento; una de las más controvertidas es la ibogaína, una sustancia psicoactiva derivada de una planta africana que en México se ofrece en algunas clínicas para tratar las adicciones.
¿Qué y en qué consiste el tratamiento de la ibogaína?
La ibogaína es una sustancia psicoactiva (es decir que actúa en el sistema nervioso central y cambia funciones como el pensamiento, las emociones, la percepción o la conducta) obtenida principalmente de la raíz de Tabernanthe iboga, un arbusto originario de África central que desde hace décadas ha despertado interés por su posible efecto contra las adicciones, particularmente a los opioides.
En los centros donde se utiliza con este fin, el tratamiento suele incluir una evaluación médica previa y la administración oral de una dosis de ibogaína bajo vigilancia durante varias horas; algunos protocolos añaden después acompañamiento psicológico y seguimiento.
Durante el proceso, la sustancia se transforma en noribogaína, un metabolito de acción más prolongada, y actúa sobre distintos sistemas cerebrales relacionados con la serotonina, los opioides, el glutamato y la dopamina.
Aunque todavía no se conoce con precisión cuál de estos mecanismos explica sus posibles efectos, estudios clínicos y observacionales han encontrado que una sola administración puede disminuir rápidamente los síntomas de abstinencia y el deseo de consumir opioides en algunos pacientes; sin embargo, estos estudios no
Buena parte de la evidencia disponible proviene de estudios pequeños, abiertos u observacionales, incluso algunos hechos en México, en los que los participantes sabían que estaban recibiendo ibogaína y, en muchos casos, no existía un grupo placebo con el cual comparar los resultados.

Además, algunos trabajos se realizaron con pacientes que acudieron voluntariamente a clínicas especializadas, lo que puede introducir sesgos, y no siempre utilizaron las mismas dosis, protocolos de atención o periodos de seguimiento.
A esto se suma que muchas personas recibieron simultáneamente vigilancia médica, apoyo psicológico u otros cuidados, por lo que resulta difícil establecer cuánto de la mejoría se debió exclusivamente a la ibogaína.
¿Qué experimentan los pacientes tratados con ibogaína?
Quienes han consumido ibogaína suelen describir una experiencia intensa y difícil de comparar con la de otros psicodélicos. En un estudio con 60 personas dependientes de opioides o cocaína, 61.7% reportó imágenes o alteraciones visuales y muchos describieron el estado como una especie de “sueño despierto” o la sensación de observar una película; 43.3% revivió contenidos relacionados con experiencias de la infancia y 58.3% habló de una sensación de conexión con una presencia espiritual, el universo o algo superior.
Otros estudios encontraron que durante las horas que dura el efecto pueden aparecer recuerdos autobiográficos muy vívidos, relaciones personales, acontecimientos traumáticos o episodios asociados con el origen de la adicción.
Algunos pacientes cuentan que observar esos recuerdos desde otra perspectiva les permitió reconocer comportamientos autodestructivos o experimentar sentimientos de perdón, reconciliación y una mayor motivación para cambiar su vida.
La experiencia no siempre es agradable: también se han descrito imágenes aterradoras, confusión, ansiedad, paranoia y sensaciones físicas intensas, además de alteraciones auditivas como zumbidos o vibraciones.

Para las personas dependientes de opioides existe además un efecto distinto al psicodélico: en una encuesta realizada a 88 pacientes tratados en México, 80% afirmó que la ibogaína eliminó o redujo drásticamente los síntomas de abstinencia y 50% dijo que disminuyó el deseo de volver a consumir.
¿Y con eso dejaron las drogas?
El efecto no necesariamente se tradujo en una recuperación sostenida. En ese mismo estudio, 70% de los participantes reportó haber vuelto a consumir opioides al menos una vez después del tratamiento, mientras que 30% aseguró no haber recaído. Esto sugiere que la ibogaína podría facilitar una reducción rápida de la abstinencia y el craving en algunas personas, pero no elimina por sí sola los factores psicológicos, sociales y conductuales que participan en una adicción.
El caso de Presley Gerber
Presley Gerber, hijo de Cindy Crawford y Rande Gerber, viajó a México en 2026 para someterse a un tratamiento con ibogaína en Cancún después de años de problemas relacionados con el consumo de sustancias.
“Estaba aterrado, y sabía que volvería a sentirme así si alguna vez tuviera que enfrentarme a algo parecido (aunque lo ideal es evitar las situaciones que te llevan a ese punto, así es la vida a veces)”, escribió en sus redes sociales el modelo.
Meses después, sin embargo, volvió a ingresar voluntariamente a un centro de rehabilitación en California, donde murió el 20 de septiembre de 2026, a los 27 años.
Hasta ahora no se ha determinado oficialmente la causa de su muerte y no existe evidencia que permita relacionarla con el tratamiento de ibogaína que había recibido meses antes.
Las clínicas de ibogaína se concentran en México
México se ha convertido en uno de los principales destinos para quienes buscan tratamientos con ibogaína. Una investigación publicada en agosto de 2026 por The New York Times identificó al menos 40 clínicas y centros de bienestar en el país que ofrecen esta sustancia, cuando una década atrás prácticamente no existían.
Muchas de estas clínicas instaladas físicamente en México parecen estar pensadas principalmente para pacientes extranjeros, particularmente estadounidenses, más que para atender a la población mexicana. Algunos centros incluso lo reconocen abiertamente en su publicidad.
Transcend, con sede en Cancún, se presenta como un centro para clientes de Estados Unidos y Norteamérica y explica que opera en México porque la ibogaína no está aprobada por la FDA estadounidense.
En Rosarito, Experience Ibogaine estimaba desde 2018 que más del 95% de sus pacientes procedían de Estados Unidos; su fundador, Aeden Smith-Ahearn, es originario de Massachusetts y llegó inicialmente a México para recibir él mismo tratamiento con ibogaína.

Tijuana muestra de manera todavía más clara esta relación con Estados Unidos. The Mission Within, uno de los programas más conocidos, señala que trasladó su clínica a esa ciudad fronteriza en 2001 precisamente para atender pacientes estadounidenses. Con los años, su práctica se especializó particularmente en veteranos y antiguos integrantes de las fuerzas especiales de Estados Unidos; su fundador, el médico Martín Polanco, ha señalado que buena parte de sus pacientes actuales provienen de esa comunidad.
Otros centros también tienen una estructura internacional: Ambio Life Sciences, por ejemplo, fue fundada por los canadienses Trevor Millar y Jonathan Dickinson junto con el paramédico mexicano José Inzunza.
¿Qué tan peligrosa es la ibogaína?
El principal peligro conocido de la ibogaína se encuentra en el corazón. La sustancia y su metabolito, la noribogaína, pueden prolongar el intervalo QT, una alteración de la actividad eléctrica cardiaca que en algunos pacientes puede desencadenar arritmias ventriculares graves, incluida la torsades de pointes, capaz de provocar un paro cardiaco.
El riesgo puede aumentar en personas con enfermedades cardiovasculares, alteraciones de electrolitos o que consumen otros medicamentos y drogas, aunque también se han documentado arritmias en personas sin antecedentes cardiacos conocidos.
Una revisión forense identificó 19 fallecimientos ocurridos entre 1990 y 2008 dentro de las 1.5 a 76 horas posteriores al consumo de ibogaína; posteriormente, una revisión toxicológica publicada en 2016 contabilizó 27 muertes reportadas, y una actualización posterior elevó a 33 los fallecimientos conocidos asociados temporalmente con su uso.
Estas cifras, sin embargo, no significan que se haya demostrado que la ibogaína fuera la única causa de todas esas muertes: en muchos casos existían enfermedades previas, consumo simultáneo de otras sustancias u otros factores de riesgo.
Lo que sí está suficientemente documentado es su potencial cardiotóxico, razón por la que revisiones científicas recientes advierten que su utilización requiere selección cuidadosa de pacientes, electrocardiograma y vigilancia cardiovascular estricta.