¡Ni cura ni reversión! ¿Qué logran realmente los nuevos tratamientos contra el Alzheimer?

Los ensayos clínicos confirman que ganar meses de memoria es posible, aunque la medicina aún busca la pieza que detenga el daño de raíz

El Alzheimer involucra distintos procesos: placas de beta amiloide fuera de las neuronas y alteraciones de tau en su interior
El Alzheimer involucra distintos procesos: placas de beta amiloide fuera de las neuronas y alteraciones de tau en su interiorImagen generada con IA

Durante décadas, cuando un paciente era diagnosticado con Alzheimer, no se buscaba curar la enfermedad, sino ganar tiempo: conservar la memoria un poco más, prolongar la autonomía y evitar que las alteraciones de conducta se salieran de control tan rápido.

En etapas leves a moderadas, los fármacos apuntaban a la acetilcolina, el neurotransmisor clave para aprender y recordar; en fases más avanzadas, el blanco eran los receptores NMDA, vinculados al glutamato, otro mensajero que en exceso resulta tóxico para las neuronas.

Así fue durante años, hasta la llegada del donanemab y el lecanemab, dos fármacos que dejaron de lado el alivio sintomático para ir directo contra el presunto culpable: el beta-amiloide. Pero la promesa se quedó corta: aun atacando a uno de sus mayores responsables, la enfermedad siguió su curso.

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Desde los años ochenta se sabía que las placas observadas en los cerebros de pacientes con Alzheimer estaban formadas principalmente por beta amiloide; poco después se identificó a otra proteína, tau, como el componente de los ovillos que aparecen dentro de las neuronas.

Es como si el problema ocurriera en dos lugares al mismo tiempo: el beta amiloide se acumula entre las neuronas, mientras que la tau forma enredos en su interior

Así se ven las neuronas con la enfermedad de Alzheimer
Así se ven las neuronas con la enfermedad de AlzheimerAviv Clinics

En 1992 nació formalmente la llamada hipótesis de la cascada amiloide: el amiloide sería una de las primeras fichas en caer y desencadenaría una cadena que terminaría involucrando a tau, la pérdida de conexiones entre neuronas y, finalmente, el deterioro cognitivo.

“Primero existe la patología beta amiloide y luego existe la patología tau. En la mayoría de los casos, si no hay una patología amiloide, no hay una patología tau”, explicó Ariana Castillo, vocera de Lilly México en entrevista con Excélsior.

Durante años buena parte de la investigación siguió esa pista. Pero conforme fue posible observar la enfermedad con mayor detalle apareció un problema: la cantidad de amiloide no siempre parecía corresponderse con la gravedad de los síntomas, mientras que la expansión de tau mostraba una relación más estrecha con la neurodegeneración y el deterioro cognitivo.

Eso no sacó al beta amiloide de la investigación. Al contrario: medicamentos como donanemab demostraron que es posible retirar buena parte de esas placas del cerebro. Lo desconcertante vino después: aun retirándolas, el Alzheimer no desaparece.

Si no curan, ¿para qué sirven entonces donanemab y lecanemab?

Donanemab y lecanemab no hacen que una persona recupere los recuerdos que ya perdió ni reconstruyen las neuronas dañadas. Su promesa está en hacer que el Alzheimer avance más despacio.

En una enfermedad que progresivamente afecta la memoria, la orientación y la capacidad para realizar actividades cotidianas, esa diferencia puede traducirse en conservar durante más tiempo cierta independencia antes de pasar a una etapa de mayor deterioro.

“Lo que buscamos no es que recuperen la sinapsis, sino que no continúe ese daño a nivel cerebral”, explicó Ariana Castillo, vocera de Lilly México.

Los ensayos permiten dimensionar qué significa eso: En TRAILBLAZER-ALZ 2, que estudió donanemab durante 76 semanas, el deterioro cognitivo y funcional avanzó 35.1% más lentamente entre los pacientes que tenían niveles bajos o intermedios de tau, comparados con quienes recibieron placebo. Cuando se incluyeron también pacientes con niveles altos de tau, la reducción de la progresión fue de 22.3%.

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Excélsior

Castillo señaló que estos tratamientos están dirigidos a personas que se encuentran en etapas tempranas del Alzheimer, cuando todavía existe una mayor cantidad de funciones por preservar.

Con lecanemab ocurrió algo parecido. En el estudio CLARITY AD, con mil 795 participantes con Alzheimer temprano, quienes recibieron el medicamento también empeoraron durante los 18 meses del ensayo, pero lo hicieron menos: en una escala que mide memoria, orientación, resolución de problemas y autonomía, el deterioro promedio fue de 1.21 puntos con lecanemab frente a 1.66 con placebo.

Aunque, eso sí, como todo medicamento también presentó algunas complicaciones: ambos pueden provocar ARIA, alteraciones visibles en resonancias magnéticas que incluyen inflamación o pequeñas hemorragias cerebrales, por lo que requieren selección del paciente y seguimiento médico.

El reto: diagnosticar a tiempo el Alzheimer

Donanemab y lecanemab intentan apagar una de las primeras mechas del Alzheimer: el beta amiloide. La siguiente pregunta es qué ocurre si, además, se interviene sobre tau, cuya acumulación está mucho más relacionada con la pérdida neuronal y el deterioro cognitivo.

En 2026, la investigación se centró en la proteína tau con diranersen (BIIB080), un medicamento experimental diseñado para reducir la producción de esta proteína, logró disminuir sus niveles en el líquido cefalorraquídeo y las señales observadas mediante PET.

Algunos resultados sugirieron además que el deterioro cognitivo podría avanzar más lentamente. Pero todavía no es la respuesta que los científicos buscan: el ensayo de fase 2 no consiguió demostrar claramente que una mayor dosis produjera un mayor beneficio, por lo que el siguiente paso será comprobar sus efectos en estudios más amplios.

Es por esto que uno de los grandes retos está en llegar al diagnóstico antes de que el daño cerebral sea demasiado avanzado y poco a poco se está logrando, uno de estos hitos son los biomarcadores en sangre.

“En este momento en el mundo hay pruebas plasmáticas que tienen una precisión, nosotros le llamamos sensibilidad y especificidad, pero es una precisión mayor del 90% para poder diagnosticar enfermedad de Alzheimer”, explicó la doctora Castillo.

Por ahora, cuidar nuestro cerebro no depende de una sola pastilla ni de un solo hábito, sino de todo lo que hacemos durante años antes de que aparezcan los primeros síntomas.  Y hay otra menos evidente: mantenerse socialmente activo.

“Conversar con otras personas, salir de casa, participar en actividades sociales también es un factor de riesgo modificable”, señaló la especialista.

bgpa