¿Te levantas a comer en las madrugadas? El trastorno alimentario nocturno podría estar afectando tu sueño
El trastorno alimentario nocturno se caracteriza por causar hambre durante la noche. Este trastorno puede tratarse al reducir los niveles de estrés y la ansiedad mediante.

Si alguna vez te has despertado en medio de la noche para comer lo que sea, podrías estar lidiando con el Trastorno Alimentario Nocturno (TAN). Este síndrome de la alimentación poco reconocido causa problemas serios.
Este patrón de consumo no es solo un simple snack a deshoras, sino un trastorno complejo que mezcla problemas de sueño, emociones y tu reloj biológico interno, impactando en tu salud y bienestar general.
Para comprender este problema es necesario conocer por qué ocurre y cómo puedes combatirlo para recuperar tu descanso.

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¿Qué es trastorno alimentario nocturno?
El Trastorno Alimentario Nocturno (TAN) es una condición que implica un retraso en el ciclo natural de la ingesta de alimentos. Gran parte de tus calorías diarias se consumen tarde, lo que causa malestar y afecta tu funcionamiento en la noche.
Es importante resaltar que el trastorno alimentario está acompañado por el insomnio.
Estas son las características del TAN, según los Institutos Nacionales de Salud en EU (NIH) y un estudio publicado en Springer Nature:
- Hiperfagia vespertina: Consumes un mínimo del 25% de la ingesta calórica diaria después de la cena.
- Despertares nocturnos: Experimentas al menos dos episodios de ingesta de alimentos por semana después de despertar del sueño.
- Tienes un nivel mínimo de conciencia y recuerdo de los episodios de ingesta nocturna, a diferencia de otros trastornos del sueño.
- Anorexia matutina: A menudo te saltas el desayuno o no sientes apetito por la mañana.
- Insomnio: Tienes dificultad para iniciar o mantener el sueño al menos cuatro noches por semana.
- Crees que necesitas comer para volver a conciliar el sueño.

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¿Cuáles son las causas del trastorno alimentario nocturno?
Aunque la ciencia todavía no tiene una respuesta única sobre el origen del trastorno alimentario nocturno, se cree que detrás hay una compleja interacción entre factores genéticos, desregulaciones hormonales y el manejo del estrés y las emociones. Estos elementos alteran tu reloj biológico interno.
Te dejamos los factores que contribuyen al trastorno alimentario nocturno, de acuerdo con otro estudio publicado en Springer Nature y una investigación disponible en Psychiatry International:
- Ritmo circadiano alterado: Tu reloj biológico interno no funciona correctamente, liberando hormonas que causan hambre y alerta por la noche.
- Influencias hormonales: Se observan bajos niveles de Melatonina (la hormona del sueño) y Leptina (la que inhibe el hambre) durante la noche.
- Estrés y malestar psicológico: El estrés, la depresión y la ansiedad a menudo preceden o mantienen los síntomas del trastorno.
- Regulación emocional: La comida nocturna se convierte en un mecanismo de afrontamiento para manejar la ansiedad o atenuar el malestar emocional.
- Componente genético: El trastorno alimentario nocturno puede tener un vínculo hereditario o una tendencia familiar.

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¿Cómo tratar el trastorno alimentario nocturno?
La buena noticia es que el tratamiento para el TAN ha demostrado ser exitoso al ayudar a gestionar los síntomas. La gestión efectiva requiere un enfoque integral, a menudo con un equipo interprofesional de salud.
Estas son las opciones de tratamiento para el trastorno alimentario nocturno, según Cleveland Clinic y los NIH :
- Terapia Cognitivo-Conductual (TCC): Ayuda a identificar y modificar comportamientos, abordando la creencia de que se debe comer para dormir.
- Terapia de Luz (Fototerapia): Exposición a ciertas longitudes de onda de luz para ajustar tu ritmo circadiano y mejorar el ánimo y el sueño.
- Técnicas de Relajación: Incluyendo la Relajación Muscular Progresiva (RMP), que ayuda a reducir el estrés y a mitigar los síntomas relacionados con el insomnio.
El trastorno alimentario nocturno es un recordatorio de la profunda conexión entre la mente, las emociones y el cuerpo. Reconocer el patrón de ingesta nocturna y buscar apoyo profesional son los primeros pasos para romper este ciclo.
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