La gripe ya pasó… ¿Por qué la tos sigue? La explicación médica detrás de este síntoma
La tos postviral puede durar entre tres y ocho semanas debido a la hipersensibilidad bronquial que deja la infección respiratoria.

La tos una de las molestias más frecuentes después de una gripe o infección respiratoria viral y aunque puede generar preocupación —“¿se me complicó?”, “¿me volvió a dar?”—, en la mayoría de los casos no significa que el virus siga activo.
La explicación suele ser más sencilla: el cuerpo aún está recuperándose.
¿Por qué aparece la tos cuando “ya se fue” la gripe?
La gripe provoca inflamación en las vías respiratorias: nariz, garganta y bronquios. Cuando el virus desaparece, esa inflamación no siempre se va al mismo ritmo. Puede quedarse durante días o semanas.
Esa inflamación residual vuelve más sensibles a los bronquios. En otras palabras, el sistema respiratorio queda “irritable”. Cualquier estímulo pequeño —aire frío, polvo, humo, hablar mucho o reír intensamente— puede activar el reflejo de la tos.
Un estudio publicado en CMAJ (Canadian Medical Association Journal) explica que durante la infección se desencadena una cascada inflamatoria que:
- Aumenta la sensibilidad bronquial
- Incrementa la producción de moco
- Disminuye la capacidad normal del cuerpo para limpiar las secreciones
Esto significa que, aunque el virus ya no esté presente, las vías respiratorias siguen reaccionando como si necesitaran “defenderse”. Por eso la tos no necesariamente indica que la infección continúe; muchas veces es simplemente el cuerpo terminando de repararse.
Además, investigaciones recientes sugieren que no todo se explica por el moco o la inflamación. Una publicación de eBioMedicine utilizó resonancia magnética funcional (fMRI) para analizar cómo el cerebro procesa las señales relacionadas con la tos en personas con tos persistente.
Los resultados mostraron diferencias en la activación de áreas del tronco encefálico, lo que respalda la idea de que existe una hipersensibilidad del circuito neurológico de la tos. El “interruptor” de la tos queda más fácil de activar, incluso cuando la amenaza ya pasó.

¿Cuánto dura la tos postinfecciosa?
La evidencia médica clasifica la tos según su duración:
- Aguda: menos de tres semanas
- Subaguda o postinfecciosa: de tres a ocho semanas
- Crónica: más de ocho semanas
Según la revisión de CMAJ, la tos postviral suele ubicarse en la categoría subaguda y, en la mayoría de los casos, es autolimitada, es decir, desaparece sola con el paso del tiempo.
Mayo Clinic también señala que la tos persistente después de una infección respiratoria puede deberse a inflamación residual y que muchas veces mejora sin necesidad de tratamientos complejos, siempre que no haya síntomas de alarma.
Las causas más comunes de la tos después de la gripe
Aunque la inflamación residual es el punto de partida, existen factores que pueden prolongar la tos.
1. Goteo posnasal
Después de una infección viral, la mucosa nasal puede seguir produciendo secreción. Ese moco desciende hacia la garganta y provoca irritación constante, lo que activa la tos como mecanismo de limpieza.
Cleveland Clinic explica que la tos postviral puede persistir semanas o incluso meses debido a la inflamación continua de las vías respiratorias superiores.
Síntomas frecuentes:
- Carraspera constante
- Sensación de moco en la garganta
- Tos más intensa al acostarse
2. Bronquios hiperreactivos
La infección puede dejar una especie de “asma temporal”. Los bronquios reaccionan exageradamente ante estímulos normales.
No se trata necesariamente de asma crónica, sino de una sensibilidad aumentada que puede durar varias semanas. La tos suele empeorar con:
- Aire frío
- Ejercicio
- Humo
- Risas intensas
Este fenómeno coincide con lo descrito en la revisión de CMAJ sobre aumento de sensibilidad bronquial tras infecciones respiratorias.
3. Reflujo gastroesofágico
La tos persistente puede favorecer el reflujo ácido. Y el reflujo, a su vez, puede irritar la garganta y perpetuar la tos. Se crea un círculo difícil de romper.
Cuando la tos supera las ocho semanas, el reflujo es una de las causas que los médicos suelen descartar, junto con asma o infecciones secundarias.

¿Qué puedes hacer en casa para aliviarla?
No existe una “cura exprés”, pero sí medidas respaldadas por evidencia clínica que pueden ayudar.
Hidratación constante
Mantener la mucosa hidratada ayuda a fluidificar secreciones y disminuir la irritación de la garganta. Beber agua suficiente y líquidos tibios puede aliviar la sensación de “raspado”.
Evitar irritantes
El humo del tabaco, los aerosoles fuertes, la contaminación y los cambios bruscos de temperatura pueden empeorar la hipersensibilidad bronquial.
Lavados nasales con solución salina
El Journal of Global Health publicó un ensayo sobre gárgaras y enjuagues nasales con solución salina en infecciones respiratorias virales.
Aunque el estudio no se enfocó exclusivamente en influenza, respalda que los lavados salinos pueden ser una intervención segura y de bajo riesgo para aliviar síntomas respiratorios.
Pero deben realizarse con agua hervida y enfriada o estéril para evitar infecciones.

Señales de alerta
La tos postviral suele ser benigna. Sin embargo, hay síntomas que requieren atención médica inmediata.Según la revisión clínica de CMAJ y recomendaciones de la Mayo Clinic, debes consultar si aparece:
- Sangre al toser
- Falta de aire importante
- Dolor torácico intenso
- Fiebre persistente o que reaparece
- Pérdida de peso inexplicable
- Tos que supera las ocho semanas
En estos casos, el médico puede solicitar estudios para descartar infecciones bacterianas, asma, neumonía u otras condiciones.
La tos que persiste después de la gripe suele estar relacionada con inflamación residual e hipersensibilidad de las vías respiratorias, un proceso que puede prolongarse entre tres y ocho semanas según la literatura médica.
En la mayoría de los casos es autolimitada y mejora gradualmente, aunque factores como el goteo posnasal, la hiperreactividad bronquial o el reflujo pueden extender su duración.
La vigilancia de síntomas y la identificación de señales de alerta —como dificultad para respirar, sangre al toser o una duración mayor a ocho semanas— permiten determinar cuándo es necesario acudir a valoración médica.
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