¿El peso de los padres influye en el de sus hijos? Estudio revela el papel de la genética

Un estudio con más de 85 mil niños en Noruega sugiere que la relación entre el IMC de padres e hijos podría explicarse principalmente por factores genéticos

La obesidad podría ser un problema genético
La obesidad podría ser un problema genéticoPexels

Durante años se ha dicho que el peso de madres y padres puede influir en el riesgo de obesidad de sus hijos. La explicación más común suele mirar hacia el embarazo, la alimentación en casa o los hábitos familiares; sin embargo, un nuevo análisis realizado con datos de más de 85 mil niños en Noruega sugiere que buena parte de esa relación podría explicarse por factores genéticos.

El estudio, elaborado a partir de la Cohorte de Madres, Padres e Hijos de Noruega, analizó si el índice de masa corporal de los padres durante el periodo cercano al embarazo se relacionaba con el peso al nacer, el IMC de los hijos hasta los 8 años y algunos comportamientos alimentarios durante la infancia.

Los investigadores partieron de una pregunta clave: cuando un niño tiene un IMC parecido al de sus padres, ¿se debe a un efecto directo del peso materno o paterno sobre su desarrollo, o más bien a la herencia genética?

¿Qué encontró el estudio sobre el IMC de padres e hijos?

Para responderlo, los autores compararon la relación entre el IMC de la madre antes del embarazo y el IMC del padre durante el embarazo con distintos indicadores de los hijos. En los modelos de regresión se incluyeron hasta 85 mil 866 niños, mientras que los modelos de ecuaciones estructurales incorporaron datos de hasta 50 mil 999 menores.

Uno de los hallazgos fue que el IMC materno tuvo una relación más fuerte con el peso al nacer que el IMC paterno. Esto podría sugerir que el ambiente intrauterino sí tiene un papel en esa primera etapa del desarrollo.

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Pero esa diferencia entre madre y padre se redujo cuando los investigadores analizaron el IMC de los niños después del nacimiento. A partir de los 6 meses y hasta los 8 años, la asociación entre el IMC de los padres y el de los hijos pareció explicarse en gran medida por la herencia genética.

En el caso del IMC infantil a los 8 años, el modelo estadístico estimó que los factores genéticos explicaban el 79 por ciento de la covarianza con el IMC materno y el 94 por ciento de la covarianza con el IMC paterno.

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Aunque el estudio apunta a un peso importante de la genética, esto no quiere decir que la obesidad infantil sea inevitable ni que los hábitos no importen. Los propios autores señalan que sus resultados deben leerse junto con otras investigaciones y con cautela, pues el análisis se realizó en una población específica: niños noruegos nacidos entre 1999 y 2009.

Además, el trabajo reconoce algunas limitaciones, como el reclutamiento selectivo, la pérdida de participantes durante el seguimiento y la posibilidad de que los resultados no se puedan aplicar igual en países de menores ingresos o con prevalencias distintas de obesidad.

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Las personas con obesidad tienen más del doble de probabilidades que las personas sin obesidad de sentirse juzgadas frecuentemente como perezosas a causa de su peso.Foto: Cuartoscuro

Lo que sí plantea el estudio es que reducir el IMC de los padres no necesariamente causaría, por sí solo, una reducción en el IMC de los hijos. Esta conclusión cuestiona la idea de que el peso de la madre o del padre antes o durante el embarazo tenga un efecto causal fuerte y directo sobre la adiposidad infantil.

También analizaron la conducta alimentaria

El estudio no solo revisó peso e IMC. Los investigadores también evaluaron comportamientos alimentarios relacionados con el apetito a los 8 años mediante el Cuestionario de Comportamiento Alimentario Infantil.

De acuerdo con los resultados, un mayor IMC parental se asoció con conductas alimentarias relacionadas con obesidad en los hijos. Sin embargo, el análisis apunta a que esas asociaciones también podrían estar influidas por factores heredados, no únicamente por el entorno familiar.

Esto es importante porque la conducta alimentaria suele explicarse solo desde los hábitos aprendidos en casa. El estudio sugiere que el apetito, la respuesta ante la comida o ciertas tendencias alimentarias también pueden tener un componente biológico.

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¿Qué significa para las familias?

La investigación no elimina la importancia de la alimentación, la actividad física, el sueño o el entorno en el que crecen niñas y niños. Más bien, ayuda a matizar el debate: el peso infantil no puede explicarse por una sola causa ni atribuirse únicamente a las decisiones de los padres.

También puede servir para reducir el estigma. Si una parte importante de la relación entre el IMC de padres e hijos se debe a la genética, entonces la obesidad infantil debe abordarse como un problema complejo, no como una falla individual o familiar.

El estudio concluye que las asociaciones entre el IMC de padres e hijos parecen deberse principalmente a factores genéticos. Aun así, esto no significa que no haya margen de prevención: significa que las estrategias deben considerar la biología, el ambiente y las condiciones sociales, en lugar de reducir el tema a fuerza de voluntad o culpa.

bgpa

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