El Golpe a Excélsior, la página blanca que cambió la historia

Hace medio siglo, el gobierno de México culminó un proceso que llevó años para sacar de la dirección general de Excélsior a Julio Scherer García, ya que la crítica línea editorial del periodista incomodó al presidente Luis Echeverría; el entonces mandatario de México maquinó un plan en cuatro frentes y en distintos tiempos para auspiciar que Scherer García fuera destituido por los mismos socios cooperativistas del diario; Echeverría no calculó que, con ese hecho, el periodismo nacional cambiaría de rostro y que se revolucionaría

Julio Scherer García, director de Excélsior, y Luis Echeverría Álvarez, presidente de México en la década de los 70, coincidieron en diferentes foros.
Julio Scherer García, director de Excélsior, y Luis Echeverría Álvarez, presidente de México en la década de los 70, coincidieron en diferentes foros.Archivo Histórico/Excélsior

La página en blanco lleva cincuenta años en la hemeroteca. Es la número 22, la última de la primera sección del periódico Excélsior del jueves 8 de julio de 1976.

No hay tinta, no hay una sola palabra, no hay rastro alguno de lo que debió publicarse en esa página. Irónicamente, ese vacío absoluto está lleno de historias que a partir de ese 8 de julio cambiaron.

Esa página en blanco no es sólo un pliego de papel empalmado y empastado con otros papeles viejos y archivado en un gigantesco tomo de colección.

La página 22 del 8 e julio de 1976 apareció así en el impreso.
La página 22 del 8 de julio de 1976 apareció así en el impreso.Archivo Histórico/Excélsior
En la pared del periodista Gerardo Galarza luce la prueba de agua de lo que se iba a publicar en la página 22.
En la pared del periodista Gerardo Galarza luce la prueba de agua de lo que se iba a publicar en la página 22.Archivo Histórico/Excélsior

Es, en realidad, un documento histórico: para unos, símbolo de los límites que enfrentó la libertad de expresión en México; para otros, la constancia de una lucha de poder en distintos frentes.

Al observarla, esa página advierte la censura que vivió el periodismo mexicano y que hace medio siglo materializó lo que se ha llamado el Golpe del gobierno al periódico Excélsior.

Para darle dimensión a la existencia de esa página en blanco, el contexto de la confrontación desarrollada por varios años en lo político-editorial es parte de la clave. Pero no es la única. También está la dinámica de la sociedad cooperativa Excélsior: con miles de dueños, formando grupos, luchando por la gobernanza, por la administración, por la influencia política y social de la empresa, que como cooperativa existió entre el 27 de enero de 1932 y el 23 de enero de 2006.

Por un lado, el gobierno mexicano, encabezado por el presidente Luis Echeverría Álvarez –eje del poder político sin contrapesos y con altos índices de culto a su personalidad–, queriendo, además, controlar todo. Todo.

Por el otro, un grupo de periodistas, escritores, académicos, articulistas e intelectuales liderados por Julio Scherer García, quienes desde Excélsior promovían una visión más crítica, con información, análisis e ideas que apuntaban hacia la apertura del autoritarismo que se vivía. Quizá democrática.

Después de años de que el gobierno armó planes para ir en contra de la línea editorial de Excélsior y su director, los hechos definitorios para cambiar historias, entre ellas las de Excélsior, empezaron en las primeras horas del 8 de julio de 1976.

La Colorada, la rotativa de Excélsior, chirriaba al empezar a hacer rodar sus cilindros para imprimir el diario número 21,637 de su historia, cuando ocurrió un hecho crucial: Regino Díaz Redondo, como presidente del Consejo de Administración de la Cooperativa Excélsior, junto con consejeros y comisionados de la cooperativa editorial, quemó sus naves. Tomó la decisión de que la página 22 se retirara de la máquina.

La edición número 21,637 de Excélsior no contó con la página 22 por órdenes de Regino Díaz Redondo.En la imagen, una visita de Julio Scherer a rotativas del diario.
La edición número 21,637 de Excélsior no contó con la página 22 por órdenes de Regino Díaz Redondo.En la imagen, una visita de Julio Scherer a rotativas del diario.Archivo Histórico/Excélsior

La matriz de plomo que habría de sellar los pliegos de papel de aquella página 22 fue estrellada contra el piso. Era la garantía de que apareciera en blanco y no con el contenido planeado horas atrás en el tercer piso de Paseo de la Reforma 18.

Todos los saldos que dejó el 8 de julio

Ese hecho marcó la historia del periodismo en el país.

Esa página en blanco también permite reconocer fronteras de tiempo. A partir de ese momento, hubo redefiniciones de trayectorias personales y colectivas. Cambió destinos. Fue un punto de quiebre que forjó carácter. Se convirtió en semilla de mitos y leyendas. Formuló prejuicios, estigmas.

Reveló villanos, desnudó ambiciones escondidas, destapó traiciones. Fracturó cariños, admiraciones. Estrechó hermandades entre quienes compartieron el dolor de dejar su casa, y que, con el tiempo –en algunos casos–, breve, se alejaron para siempre; tomaron caminos bifurcados, y otros volvieron sobre sus pasos. Rompió familias. Para unos significó el inicio de anhelos, esperanzas, metas; para otros, por años, drama, zozobra ante el desempleo. Y detonó también la oferta editorial en el país; cambió las formas de hacer periodismo en México.

Si bien Excélsior continuó en circulación durante años, incluso como cooperativa hasta 2006, su historia quedó marcada por este acontecimiento. La permanencia del diario no borra la huella de lo ocurrido. La refuerza como parte de su identidad. Es muestra de que Excélsior trasciende a las personas que lo han dirigido.

Además de todos esos saldos que dejó esa página número 22 en blanco –unos buenos, otros malos–, está un elemento central: el poder por el poder.

La forma en que el poder político actuó frente a la crítica periodística, considerándola un problema. Dejando entrever las cuerdas de una serie de estrategias para encubrir tensiones relacionadas con la gobernabilidad.

El presidente Echeverría y el periodista Scherer García tenían profundas diferencias. Quizá generadas en el contexto del movimiento estudiantil de 1968, o antes.

Desde 1965, Echeverría –entonces secretario de Gobernación– buscó y encontró el camino para incidir veladamente en la vida interna de Excélsior. Eso le permitió tener una ventaja que capitalizó años después.

Así, cuando el conflicto entre el presidente virus y el periodista escaló, el presidente echó mano de todo lo que sabía sobre Excélsior: sus finanzas, cómo se movían los grupos de poder, cuál era su ideología, quiénes los encabezaban, sus fortalezas, debilidades, sus gustos.

Eso permitió formular un escenario de inconformidad laboral entre los cooperativistas de Excélsior. Creando tensión económica, poniendo en riesgo su patrimonio y el sustento diario de miles de familias y, al mismo tiempo, convirtiéndose en la solución de ese sensible problema. Solución que Scherer García aceptó.

A la luz de los hechos, el presidente abrió cuatro frentes, con actores distintos: los empresarios del país; la aceptación de Scherer García para que el gobierno financiara Excélsior; un hechizo, ambicioso líder campesino con aspiraciones políticas, que en realidad era un profesional de la invasión de predios, llamado Humberto Serrano Pérez, y eventualmente el periodista Díaz Redondo, hombre muy cercano a los afectos de Scherer García.

Ese escenario delinea el ansia del poder político de la Presidencia de la República por controlar, acallar, moldear a su rabioso y arbitrario antojo los hechos que la realidad marcaban y que así, simple y llanamente, se publicaban en estas páginas. Sin estridencias. Conservadoramente, inclusive.

Tres de la madrugada del 8 de julio de 1976

Vicente Leñero, en su libro Los periodistas de 1978, recreó cómo fueron los noventa minutos que transcurrieron antes del momento en que fue retirada de La Colorada la página 22.

Gonzalo Álvarez del Villar –hijo de Pedro Álvarez del Villar, un periodista muy cercano a Scherer García–, entonces era reportero de Revista de Revistas, que dirigía Leñero, fue quien llamó a Leñero para darle la noticia.

–Habla Gonzalo. Nos dieron cuartelazo.

–¿Qué?

–Quitaron la página del manifiesto. Vente volando.

En Los periodistas, Leñero recupera un memorándum que Roberto Martínez Maestre –periodista que después de 1976 siguió su carrera por distinto medios, hasta llegar a Denver, Colorado, con una publicación semanal llamada El Hispano– le escribió a Scherer García, sobre el hecho, que había comenzado a las 1:30 de la madrugada del 8 de julio y que terminó hora y media después. Cuando la matriz de la plana 22 había sido arrancada de la rotativa.

“En el periódico de esta fecha (número 21,637) aparece en blanco la página 22A que debió haber sido ocupada por un desplegado en defense de la cooperativa ante la agresión exterior, firmada por la mayoría de los colaboradores editoriales de Excélsior, la primera edición de Últimas Noticias y Diorama”.

Explicó Martínez Maestre que la plana había sido retirada a las tres de la mañana por varios miembros de los consejos y comisiones encabezados por Regino Díaz Redondo.

“Consultado al respecto como encargado de la guardia de la subdirección, a cargo de la edición, ordené que la plana permaneciera en su lugar y recomendé al inspector (jefe de talleres), Arcadio Becerril, que tuviera especial cuidado con ella. El compañero Becerril ordenó que se sacaran varias matrices para evitar un posible sabotaje”, escribió Martínez Maestre en el memorándum a Scherer García.

Explicó Martínez Maestre que la revisión de lo que se publicaría había empezado cuando los consejeros de la cooperativa pidieron pruebas de agua de las páginas editoriales, las cuales se les proporcionaron.

“Aproximadamente a las tres de la mañana, el compañero Becerril subió al tercer piso del edificio de Paseo de la Reforma 18 con un escrito (cuya copia anexo a este informe) en el que los consejeros le ordenaban retirar la plana 22A. A esa hora el tiro estaba a punto de comenzar”.

¡Yo ordeno que se publique!

Martínez Maestre, que trabajaba en la subdirección a cargo de Manuel Becerra Acosta, se comunicó en dos ocasiones vía telefónica con Scherer García. En la segunda, el director del diario pidió que Díaz Redondo se comunicara con él para disuadir de llevar a cabo el acto que terminó haciendo: censurar la página 22 de Excélsior.

–¡Yo ordeno que se publique!

–No, Julio–me contestaba Regino.

–Te lo ordeno como director.

–No, Julio, déjame explicarte –me dijo, lo tengo muy presente; déjame explicarte, todavía titubeando; déjame explicarte, buscando justificaciones y disculpas en el momento de asestar el Golpe; déjame explicarte, como si quisiera pedir perdón a su jefe, amigo, compadre, hermano, en el instante de la traición–. La página no puede salir. Regino colgó el teléfono. Así está publicado en Los periodistas.

En el momento en que Díaz Redondo colgó el teléfono hubo exclamaciones de júbilo.

En su libro La gran mentira ocurrió en Excélsior, de 2002, Díaz Redondo confirmó la llamada con Scherer. “(…) Julio me llamó a través de su secretaria para ordenarme que no impidiera la publicación. Yo le respondí que me atenía al criterio de mis compañeros y al mío y que no transigiría.

“Esta vez tomó el teléfono el propio Julio. Su tono de voz era ríspido y cortante, no exento de titubeo: “es que lo ordena el director”.

El memorándum que Díaz Redondo envió a Arcadio Becerril, para cancelar la publicación de la plana 22A afirmaba que “el texto de la plana número 22 de la primera sección de Excélsior, en la edición de hoy jueves 8 de julio, contiene un ataque a los intereses de Excélsior compañía editorial SCL, y beneficia exclusivamente los intereses de los señores Julio Scherer García y Hero Rodríguez Toro…”

Desde 1972, el gobierno había impulsado el retiro de publicidad, afectando las finanzas de Excélsior.
Desde 1972, el gobierno había impulsado el retiro de publicidad, afectando las finanzas de Excélsior.Archivo Histórico/Excélsior

La renuencia de Arcadio Becerril para retirar la plana 22, como lo ordenaba Díaz Redondo, le costó la suspensión de sus derechos y obligaciones como cooperativista.

Becerril y Scherer García tenían una amistad que trascendía lo laboral. Se decían compadres, como muchos que sienten afecto entre sí. Ambos iban a las reuniones que organizaba Luis Malpica Sevillano, un viejo y distinguido linotipista, en la calle de Dinamarca, casi esquina con avenida Chapultepec, en la colonia Juárez.

Durante dos años Becerril buscó que lo reinstalaran, lo logró. Al recobrar su lugar en la cooperativa fue incorporado a labores de redacción. Llegó a ser secretario de redacción de Últimas Noticias segunda edición y de la mesa de Excélsior.

El 5 de diciembre de 1983, nueve meses después de haber cumplido 25 años de trabajo, fue definitivamente suspendido como cooperativista. Junto con los periodistas Pedro Contreras Niño, Julio Peña, directores de las dos ediciones de Últimas Noticias; Roberto González Pérez, Norberto Martínez, entre otros. Fueron acusados de conspirar contra Regino Díaz Redondo para destituirlo, como él lo había hecho contra Julio Scherer García siete años atrás.

Arcadio Becerril murió en Cuernavaca, a los 60 años de edad, en 2002, sin nunca haber recibido una liquidación de la cooperativa Excélsior, a la que llegó en 1957, siendo un joven de 15 años.

La plana arrancada en la pared de Galarza y Sonia

Desde principios de la década de 1980, en una pared de la casa de los periodistas Gerardo Galarza y Sonia Morales –fallecida el 13 de marzo de 2022–, ha permanecido colgada una pieza única de la historia del periodismo mexicano: la prueba de agua de la página 22A de Excélsior, la que no se publicó el 8 de julio de 1976.

La página inédita quedó ligada para siempre a la célebre página en blanco que apareció en esa edición y que simbolizó la consumación de una ofensiva política iniciada años antes para debilitar al periódico. Desde 1972, el gobierno había impulsado el retiro de publicidad, afectando las finanzas de Excélsior y preparando el terreno para el cambio de rumbo del diario, de Scherer García a Regino Díaz Redondo y del periodismo mexicano.

Momento en que Julio Scherer y el equipo directivo de Excélsior abandonan las instalaciones del periódico.
Momento en que Julio Scherer y el equipo directivo de Excélsior abandonan las instalaciones del periódico.Juan Miranda/Proceso

La expulsión de Scherer García marcó el inicio de una nueva etapa. Tras casi tres décadas en Excélsior, fundó la revista Proceso y se consolidó como una de las figuras más influyentes del periodismo nacional. Al mismo tiempo, aquella ruptura abrió espacio para el nacimiento de medios independientes como Proceso, Vuelta, Unomásuno, La Jornada y El Financiero, integrados en buena medida por periodistas formados en el periódico que dirigió Scherer García.

Gerardo Galarza recuerda que la prueba de agua llegó a sus manos gracias a Carlos Marín. Siendo estudiante había reunido un archivo de recortes sobre las críticas al libro Los periodistas, de Vicente Leñero. Marín conocía ese trabajo y le pidió compartirlo con el escritor, quien agradeció el gesto. Tiempo después, durante una cena en su departamento de Tlatelolco, Marín le entregó un papel enrollado. Era la prueba de agua de la plana arrancada de Excélsior, de la que, según Galarza, sólo existía otro ejemplar. Él y Sonia Morales la mandaron enmarcar. Desde entonces permanece en su hogar como testimonio silencioso de uno de los episodios que redefinieron la libertad de expresión y la historia de la prensa mexicana.

Con el paso de los años, esa página ha adquirido distintos significados: para unos, representa un recordatorio de la censura; para otros, una advertencia sobre los riesgos que enfrenta la libertad de prensa. Algunos la interpretan como el reflejo del enfrentamiento entre Echeverría y Scherer; otros, como la expresión de la ruptura entre los amigos y compadres que fueron Díaz Redondo y Scherer García. Cualquiera que sea la interpretación, todo apunta a una lucha de poder: una externa, entre el gobierno y Excélsior; otra, interna, en el seno de la cooperativa.

Esa página en blanco, junto con la destitución de Scherer García como director general de Excélsior, a las 14:30 horas de aquel jueves 8 de julio de 1976, se consolidó como símbolo de un episodio que marcó a generaciones de periodistas en México. Y se trata de un acontecimiento que sigue siendo fundamental para comprender la relación entre el poder político y el papel de la prensa como contrapeso de ese poder.