Pacientes con mieloma múltiple en México esperan hasta un año para recibir diagnóstico
En México, pacientes con mieloma múltiple tardan hasta 12 meses en recibir diagnóstico. Especialistas alertan sobre los riesgos y proponen soluciones.

Provoca que los huesos se fracturen, pero no es osteoporosis. Puede dañar los riñones, aunque no es una enfermedad renal. Se esconde detrás de dolores persistentes, fatiga y hasta infecciones frecuentes, pero rara vez alguien lo sospecha de inmediato. Ese enigma médico tiene nombre: mieloma múltiple.
El mieloma múltiple es un cáncer poco conocido que afecta a la médula ósea y que, en México y Latinoamérica, suele diagnosticarse demasiado tarde. Aunque los avances médicos han extendido la vida de los pacientes —de apenas dos años en el siglo XX a más de una década en la actualidad—, la falta de sospecha clínica y los largos recorridos entre especialistas siguen siendo un obstáculo.
Una enfermedad que no se reconoce a tiempo
En México, la mediana de edad de diagnóstico es de 59 años, menor a la de Europa y Estados Unidos. Pero esa aparente “juventud” no se traduce en mejores resultados. Los pacientes suelen pasar entre cuatro y siete médicos antes de obtener una respuesta, y en ese lapso pueden transcurrir hasta 12 meses.
Te podría interesar leer: De la dexametasona a los anticuerpos biespecíficos: la guerra contra el mieloma múltiple
“No es una enfermedad en la que se piense con tanta frecuencia. Los pacientes llegan con múltiples síntomas, a veces ya con compromiso renal o con fracturas vertebrales que limitan su movilidad”, explicó la doctora Aline Ramírez Alvarado, hematóloga del Centro Médico Nacional La Raza, durante una conferencia organizada por Pfizer.
El retraso puede ser devastador. Muchos enfermos llegan con lo que los médicos llaman “síndrome medular”: fracturas en la columna que comprimen la médula espinal y pueden dejar secuelas permanentes. Para las familias, el impacto no solo es físico, también emocional.
“Es una catástrofe familiar tener que llegar a este punto”, agregó Ramírez.
Lo que no está en las estadísticas
Las cifras oficiales tampoco cuentan toda la historia. Según el Instituto Nacional de Cancerología (INCan), México reporta 1.6 casos por cada 100 mil habitantes. No obstante, especialistas coinciden en que el número real podría ser mayor.
La ausencia de un registro nacional confiable de cáncer dificulta dimensionar el problema y planear estrategias de atención.
“Necesitamos contar con un registro adecuado de todos los pacientes, no solo de mieloma múltiple. Solo así podremos dimensionar realmente el problema”, señaló Ramírez.
Además, pruebas fundamentales para clasificar el riesgo del paciente, como los estudios citogenéticos, todavía no están disponibles de manera generalizada. Esto significa que incluso quienes llegan a consulta con un hematólogo no siempre tienen acceso a un diagnóstico completo que guíe su tratamiento.
El costo oculto para las familias
El diagnóstico tardío no solo implica tratamientos más intensivos y hospitalizaciones prolongadas; también trastoca la vida económica de las familias. En muchos casos, los pacientes están en edad productiva y aportan ingresos al hogar. La enfermedad corta de golpe esa estabilidad: el paciente deja de trabajar, mientras la familia debe asumir gastos adicionales de transporte, estudios y medicamentos.
Cómo cambiar la historia
La esperanza está en detectar antes y actuar más rápido. Para la doctora María Victoria Mateos, hematóloga de la Universidad de Salamanca, la clave está en la educación médica.
“Si los médicos de primer contacto sospechan más temprano, podemos derivar al paciente antes de que lleguen con daño renal o fracturas”.
Algunas asociaciones civiles ya trabajan en esa línea. Unidos, organización de apoyo a pacientes con cáncer hematológico, lanzó en 2020 un curso de capacitación para médicos generales que después se amplió a enfermeras, estudiantes y otros profesionales de la salud. La idea es sencilla: no formar especialistas, sino sensibilizar a quienes atienden primero.
“Lo que buscamos no es que se conviertan en expertos, sino que tengan la alerta en mente y puedan derivar rápidamente a un tercer nivel de atención”, explicó Paulina Rosales, directora de la asociación.
Mejorar el acceso a pruebas diagnósticas, actualizar las guías clínicas y fortalecer la colaboración entre instituciones son pasos urgentes. Como resumió la Dra. Ramírez:
“Nuestros pacientes son más jóvenes, diagnosticados más tarde y con menos recursos de estadificación. Pero no debemos verlo como fatalista, sino como un campo abierto para mejorar en los próximos años”.
bgpa
EL EDITOR RECOMIENDA



