Infarto, embolia o derrame cerebral: en qué se diferencian

Aunque suenan igual, los infartos, embolias y derrames cerebrales no son lo mismo

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Infarto, embolia o derrame cerebral: en qué se diferencian Foto Canva

Cuando se habla de “infarto cerebral”, “embolia” o “derrame”, muchas personas piensan que se trata del mismo padecimiento. Pero en realidad, estos términos describen formas distintas de una misma enfermedad vascular cerebral, y su diferencia puede definir la vida o la muerte de un paciente.

El doctor Daniel Sánchez Arreola, especialista en Medicina de Emergencia, explica en entrevista para Excélsior que el término médico correcto es enfermedad vascular cerebral (EVC), ya que se refiere a una alteración en los vasos sanguíneos del cerebro, que impide el flujo normal de sangre y oxígeno.

La enfermedad tiene dos grandes presentaciones: el infarto cerebral, que la gente suele llamar ‘embolia’, y el derrame cerebral, que es una hemorragia. En ambos casos se afectan los vasos sanguíneos del cerebro, pero el mecanismo y el tratamiento son completamente distintos”, señala el especialista.

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Infarto, embolia o derrame cerebral: en qué se diferencian Foto Canva

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Infarto o embolia: cuando un coágulo bloquea la sangre

El infarto cerebral isquémico ocurre cuando un coágulo bloquea una arteria del cerebro, impidiendo que la sangre y el oxígeno lleguen a las neuronas. Este tipo de evento representa el 80% de los casos y es el más frecuente.

En muchos casos, este coágulo —también llamado émbolo— se forma en otra parte del cuerpo, como el corazón o las arterias del cuello, y viaja hasta el cerebro. De ahí que también se le conozca como “embolia cerebral”.

El resultado es el mismo: el tejido cerebral comienza a morir.

Cada minuto que pasa, se pierden hasta 19 millones de neuronas”, advierte el doctor Sánchez Arreola. “Por eso decimos que tiempo es cerebro: entre más rápido llegue el paciente al hospital, más posibilidades tiene de recuperar su función cerebral.”

Durante las primeras 4.5 horas, los médicos pueden aplicar un medicamento llamado trombolítico, que disuelve el coágulo y restablece el flujo sanguíneo. Pero si el paciente llega tarde, las secuelas pueden ser permanentes.

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Infarto, embolia o derrame cerebral: en qué se diferencian Foto Canva

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Derrame cerebral: cuando el vaso se rompe

El derrame cerebral o ictus hemorrágico ocurre cuando un vaso sanguíneo se rompe dentro del cerebro y la sangre se dispersa por el tejido. Aunque representa solo el 20% de los casos, suele tener consecuencias más graves.

En la hemorragia hay muy pocas cosas que podamos hacer cuando la sangre ya se ha dispersado en el cerebro”, explica el especialista. “A diferencia del infarto, aquí no se trata de destapar un vaso, sino de controlar la presión, detener la hemorragia y evitar mayor daño neurológico.”

Este tipo de evento suele asociarse con presión arterial elevada, ruptura de aneurismas o malformaciones congénitas, y requiere tratamiento inmediato en una unidad especializada.

El gran desafío es que los síntomas pueden parecer similares a los del infarto cerebral, pero el tratamiento de uno puede ser mortal para el otro: un trombolítico —que salva vidas en el infarto isquémico— podría agravar una hemorragia cerebral.

Por eso, el diagnóstico correcto mediante una tomografía cerebral es indispensable antes de iniciar cualquier tratamiento.

El cerebro no duele: la trampa silenciosa

Otra diferencia clave entre el infarto cerebral y el infarto al corazón es que el cerebro no produce dolor cuando sufre un daño.

En el corazón, un infarto provoca un dolor intenso en el pecho. En el cerebro, en cambio, no duele: lo que aparece son alteraciones en el movimiento, el habla o la expresión facial”, explica el médico. “Por eso es tan difícil reconocerlo a tiempo.”

El doctor Sánchez Arreola detalla que los síntomas más comunes incluyen:

  • Asimetría facial o “cara colgada”
  • Dificultad para hablar o entender palabras
  • Debilidad o pérdida de fuerza en un lado del cuerpo
  • Pérdida de equilibrio o coordinación

Ante cualquiera de estos signos, no se debe esperar ni automedicar, especialmente con aspirinas, que en el caso de una hemorragia pueden empeorar la situación.

Diagnóstico inmediato: el poder de una tomografía

La única forma de saber si se trata de un infarto o un derrame cerebral es mediante una tomografía computarizada. Este estudio permite identificar si el problema es un coágulo o una hemorragia, y definir el tratamiento correcto.

Por eso insistimos en que la gente no administre ningún medicamento en casa. Lo más importante es llevar al paciente al hospital, donde se le haga una tomografía y se decida el tratamiento adecuado”, subraya el especialista.

En México, el Código Cerebro —un protocolo médico similar al Código Infarto— busca que las unidades hospitalarias actúen de inmediato cuando un paciente llega con síntomas neurológicos. Sin embargo, muchos casos se complican porque las personas tardan en reconocer los síntomas o no tienen acceso rápido a un hospital con tomógrafo.

Un llamado a la prevención

A pesar de los avances, el infarto cerebral sigue siendo una enfermedad subdiagnosticada y prevenible. Controlar los niveles de presión arterial, colesterol, triglicéridos y glucosa, además de evitar el tabaquismo y el sedentarismo, puede reducir el riesgo hasta en un 90%.