La falta de hierro antes del embarazo pone en riesgo al bebé: experta

Muchas mujeres en México inician el embarazo con anemia. La suplementación básica no corrige déficits previos ni evita riesgos.

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Una mujer necesita suplementación ante un embarazoImagen generada con IA

¿Sabías que si estás pensando en embarazarte debes pensar también en temas como la suplementación? En México, una proporción significativa de mujeres en edad reproductiva inicia el embarazo en condiciones nutricionales desfavorables, particularmente con deficiencia de hierro.

Este punto de partida —invisible en muchos casos— no solo limita la eficacia de la suplementación durante la gestación, sino que eleva el riesgo de complicaciones maternas y fetales desde etapas tempranas.

“La anemia es muy prevalente en México… incluso en mujeres entre los 25 y los 35 años, que es donde se concentra un alto índice de embarazos”, advierte Itzhae López, Medical Manager de Bayer.

Este fenómeno implica que muchas mujeres comienzan la gestación con una “base” por debajo de lo óptimo, lo que compromete la capacidad del organismo para responder a las exigencias del embarazo.

Cuando la suplementación ya no alcanza

El embarazo es un proceso de alta demanda nutricional; sin embargo, la lógica de la suplementación estándar —pensada para mujeres sin deficiencias— no resulta suficiente cuando existe anemia previa.

“Si la mujer está deficiente, yo no la alcanzo con la suplementación adicional, necesito más”, explica López.

 En condiciones normales, se recomiendan alrededor de 30 miligramos de hierro elemental durante el embarazo. Pero cuando la paciente inicia con déficit, esa cantidad no logra cubrir las necesidades fisiológicas.

Esto genera una brecha crítica: el organismo no solo debe sostener sus funciones básicas, sino también aportar nutrientes al desarrollo del embrión. En ese contexto, el cuerpo prioriza al feto, incluso a costa de las reservas maternas.

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¿Debilidad y mareos? ¡Podrían ser deficiencia de hierro!. Foto: Canva.

Deficiencias silenciosas con impacto real

Uno de los principales problemas es que la anemia y otras deficiencias de micronutrientes pueden no presentar síntomas evidentes. Una mujer puede percibirse como sana y, sin embargo, tener un déficit que afecte procesos clave del embarazo.

“Muchas de estas deficiencias no presentan síntomas… la paciente se siente bien, pero puede haber consecuencias a nivel celular”, señala López.

Estas consecuencias incluyen alteraciones en el crecimiento fetal, bajo peso al nacer, restricción del crecimiento intrauterino y complicaciones más graves como aborto espontáneo o preeclampsia.

La explicación está en la función de los micronutrientes: participan en procesos fundamentales como la división celular, la formación de la placenta y el transporte de oxígeno. Cuando faltan, el desarrollo del feto se ve comprometido desde etapas tempranas.

La ventana preconcepcional: tres meses que marcan la diferencia

Ante este panorama, la intervención más efectiva ocurre antes del embarazo. La consulta preconcepcional —idealmente tres meses antes de buscar la concepción— permite evaluar el estado nutricional de la mujer y corregir deficiencias.

“Se aconseja al menos un mes antes, pero de preferencia tres meses antes iniciar con suplementación”, indica López. 

En casos de anemia, este periodo es clave para restablecer niveles adecuados de hierro y otros micronutrientes.

La especialista enfatiza que no se trata solo de tomar suplementos, sino de hacerlo bajo supervisión médica. “Es ahí donde viene el criterio médico… si tengo una mujer con anemia, no la voy a suplementar con dosis básicas”.

Este enfoque personalizado es fundamental, ya que las necesidades varían según el historial clínico, la dieta y la capacidad de absorción de cada paciente.

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Vitaminas

Dieta suficiente… en teoría

Aunque suele asumirse que una dieta equilibrada cubre los requerimientos nutricionales, en la práctica esto rara vez ocurre. Factores como la preparación de los alimentos, la biodisponibilidad de nutrientes y la variabilidad en los hábitos alimenticios limitan su eficacia.

“No significa que tenga el 100% de tus requerimientos diarios… es por eso que es necesaria la suplementación”, explica López.

Además, durante el embarazo el requerimiento de micronutrientes aumenta de forma significativa, lo que vuelve insuficiente el aporte dietético habitual. Este desbalance refuerza la necesidad de intervenciones anticipadas.

Más allá del hierro: un enfoque integral

Si bien la anemia por deficiencia de hierro es uno de los principales focos de atención, no es el único. Actualmente, organismos internacionales han ampliado la recomendación hacia la suplementación con múltiples vitaminas y minerales.

“La OMS ya no habla solo de ácido fólico e hierro… recomienda combinaciones de al menos 15 a 17 vitaminas y minerales”, señala la especialista.

Este enfoque integral ha demostrado reducir la prevalencia de complicaciones como preeclampsia, bajo peso al nacer y malformaciones congénitas. La evidencia indica que abordar una sola deficiencia no es suficiente para garantizar un embarazo saludable.

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