The Climate Reality Project, a 20 años de su fundación; la sociedad civil como raíz del cambio

Columnista Invitado Nacional

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Itzel Morales Lagunes* 

Uno de los episodios más relevantes en la historia del activismo ambiental se escribió gracias al compromiso y la tenacidad de Wangari Maathai, madre del Movimiento Cinturón Verde, iniciativa creada ante la grave deforestación que registraban distintas zonas de Kenia en 1977. Maathai convocó a mujeres de comunidades rurales para recolectar semillas de árboles típicos de sus zonas con el objetivo de reforestar sus territorios. Fue un acto motivado no sólo por una emergencia ambiental, sino por la omisión y complicidad de autoridades nacionales. A la fecha, ese movimiento suma 51 millones de árboles plantados.

 Ese espacio, entre la voluntad ciudadana y la responsabilidad gubernamental, es el territorio exacto en que operan las organizaciones de la sociedad civil. No son parches ni sustitutos del Estado; son, en todo caso, su mejor interlocutor. Estos grupos ejercen influencia para que las políticas públicas respondan a las necesidades e intereses de la sociedad civil, y los gobiernos las reconocen como actores clave en la lucha contra los grandes desafíos globales. Una organización no reemplaza a quienes toman decisiones, los equipa con evidencia, presión legítima y narrativas capaces de transformar la voluntad política en acción concreta. 

 Este 2026, The Climate Reality Project cumple dos décadas de existencia. La organización nació en 2006 por iniciativa del exvicepresidente de Estados Unidos Al Gore, quien decidió invitar al granero de su granja en Tennessee a 50 personas a quienes les habló de crisis climática a propósito de su galardonado documental Una verdad incómoda. Al Gore sembró algo, capacitó a los primeros 50 líderes que tendría su organización. Hoy, The Climate Reality Project entrena y moviliza personas de todas las edades y orígenes para impulsar soluciones climáticas justas que aceleren la transición global de los combustibles fósiles hacia energías renovables, contando con 11 oficinas internacionales y una red global de 4.5 millones de personas. Infraestructura civil construida ladrillo a ladrillo durante veinte años de entrenamientos.

La relevancia de esta labor se comprende mejor cuando se la sitúa en el arco largo de la historia. Durante décadas, la ciencia climática existía, pero carecía de vida política. Los datos sobre el calentamiento global circulaban en publicaciones académicas mientras los tomadores de decisiones miraban hacia otro lado. Fue la acción sostenida de organizaciones civiles, convocando, formando, presionando, documentando, lo que fue acortando esa distancia. La COP 21 en París, en diciembre de 2015, marcó un hito histórico al alcanzar un acuerdo para combatir el cambio climático e intensificar las acciones e inversiones necesarias para un futuro sostenible con bajas emisiones de carbono. El derecho a un ambiente sano se construyó primero en el tejido social.

Al Gore lo ha expresado con claridad meridiana al comparar el movimiento ambientalista con las grandes luchas de derechos de la historia moderna. Ninguno de esos derechos que hoy vemos materializado llegó sin la presión organizada de personas que decidieron que la inacción era una forma de complicidad.

La sede latinoamericana de Climate Reality es un ejemplo concreto de ese modelo. Con más de 5,782 líderes climáticos, la organización construye una red de personas entrenadas y listas para transformar el presente desde sus propias comunidades. Esos líderes recibieron en los entrenamientos herramientas suficientes para convocar, movilizar y transmitir conocimiento en sus territorios, escucharon ponencias dictadas por científicos y expertos en medio ambiente, ciencia de datos, derechos humanos o periodismo y hoy conversan con los integrantes de su comunidad y son interlocutores de las autoridades locales. 

La diversidad de quienes conforman la red es la condición de posibilidad para que las políticas públicas que se impulsen sean realmente para todos. Dicho de otro modo, quienes conforman las organizaciones son los intermediarios entre la ciencia y el poder, entre la comunidad y el Estado, son los traductores en los territorios.

En 2026, la red de Climate Reality está en una posición privilegiada para impulsar la siguiente fase de la acción climática global, con los recursos, la experiencia y el alcance necesarios para acelerar la transición energética hacia metas críticas del año 2030. Pero, más allá de las metas y los puntos de referencia, hay algo más difícil de cuantificar y más importante de comprender: el valor de haber construido, durante dos décadas, una cultura de liderazgo climático que atraviesa fronteras, idiomas y generaciones. Desde la resiliencia comunitaria de Wangari Maathai hasta la red global de líderes de Al Gore, el activismo ambiental demuestra que cada acción local nutre un movimiento global.

*Branch manager The Climate Reality Project América Latina