Samantha
Su asesinato envía un mensaje claro a las personas trans que aspiran a participar en la vida política: que su vida está en riesgo sin importar lo que hagan o para quién trabajen.El asesinato de Samantha Fonseca, activista trans y aspirante al Senado por Morena en la ...
Su asesinato envía un mensaje claro a las personas trans que aspiran a participar en la vida política: que su vida está en riesgo sin importar lo que hagan o para quién trabajen.
El asesinato de Samantha Fonseca, activista trans y aspirante al Senado por Morena en la Ciudad de México, es un terrible transfeminicidio que además es violencia política y electoral.
Samantha era una mujer valiente y comprometida con la lucha por los derechos de las personas trans. Fue una de las fundadoras de la organización Transmasculinidades Unidas de la Ciudad de México (TMUCD), y trabajó incansablemente para visibilizar la violencia que enfrentan las personas trans en nuestro país.
Su asesinato es un recordatorio de que la violencia contra las personas trans es una realidad cotidiana en México. De acuerdo con cifras del Observatorio Nacional de Crímenes de Odio contra Personas LGBTTTIQ+, en 2023 se han registrado 78 transfeminicidios en el país, lo que representa un aumento del 25 por ciento con respecto al año anterior.
Pero insisto: el asesinato de Samantha Fonseca también es un acto de violencia política y electoral. Samantha era una aspirante de Morena, el partido en el poder en México y su asesinato envía un mensaje claro a las personas trans que aspiran a participar en la vida política: que su vida está en riesgo sin importar lo que hagan o para quién trabajen, o qué luchas y colectivos te arropen y te proyecten.
Es urgente que las autoridades mexicanas investiguen a fondo el asesinato de Samantha Fonseca y que se haga justicia. También es necesario que se tomen medidas para prevenir la violencia contra las personas trans en nuestro país. Y contra los candidatos y candidatas de todos los partidos.
La violencia contra las personas trans es una forma de discriminación que viola sus derechos humanos. Es necesario que todos los sectores de la sociedad nos comprometamos a combatir esta violencia y a garantizar que las personas trans puedan vivir libres de discriminación y violencia.
En el caso de Samantha Fonseca, su asesinato es una pérdida irreparable para su familia, sus amigos y para la comunidad trans. Su legado nos obliga a seguir luchando por los derechos de las personas trans y por un México más justo e igualitario.
Samantha Fonseca no era sólo una aspirante al Senado; era una voz valiente que buscaba representar a una comunidad históricamente marginada. Su activismo transgredía las fronteras de la discriminación, y su postulación era un paso adelante hacia la inclusión política y la visibilidad de la diversidad de género. Cuidar a las mujeres y a las comunidades más vulnerables es cuidar vidas (obligación del Estado), pero también cuidar a nuestra democracia (obligación del Estado). Y si el Estado no cumple con sus obligaciones, ¿cómo nos exigen que los ciudadanos cumplamos con las nuestras?
