La importancia de llamarse Ernesto
Más que un ejercicio de rendición de cuentasdel pasado, la andanada mañanera se antoja comoun intento un tanto obtuso por controlar el presente. Ante la inminente llegada al país del exmandatario Ernesto Zedillo, tras años de ausencia, el presidente López Obrador ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
Más que un ejercicio de rendición de cuentas del pasado, la andanada mañanera se antoja como un intento un tanto obtuso por controlar el presente.
Ante la inminente llegada al país del exmandatario Ernesto Zedillo, tras años de ausencia, el presidente López Obrador no se quiso quedar atrás y salió temprano a marcar la cancha. En un evidente intento por controlar la narrativa, soltó una andanada preventiva de reclamos contra su antecesor.
Con cuatro cuestionamientos puntuales durante la mañanera, AMLO busca tomar la delantera y evitar que sea Zedillo quien acapare los reflectores y fije la agenda mediática. No vaya a ser que el exmandatario aproveche su visita para lanzar algún misil político. En la mañanera le lanzó dos preguntas que ya ha hecho reiteradamente en el pasado y dos más que abonan a la propia agenda de reformas que López Obrador presentará el próximo 5 de febrero: ¿Por qué hizo públicas las deudas de privados creando el Fobaproa? ¿Por qué no dejó que los trabajadores se jubilaran con más del 50 por ciento de su salario? ¿Por qué durante su sexenio no creció el salario mínimo, pero sí bajó el poder de compra de los mexicanos? ¿Por qué desapareció los trenes de pasajeros para luego trabajar cómo asesor a una de las empresas a las que se le entregaron los ferrocarriles?
Esta táctica defensiva de López Obrador, aunque predecible, resulta contraproducente en varios sentidos. Por un lado, valida la voz de Zedillo, al grado de considerarlo aún una amenaza. Por otro, refleja cierta ansiedad e inseguridad frente a los juicios que pudiera emitir.
Más que un ejercicio de rendición de cuentas del pasado, la andanada mañanera se antoja como un intento un tanto obtuso por controlar el presente. Como casi cada mañana, AMLO se empantana en viejas rencillas políticas, que hasta el día de hoy no le han generado más que un circo de críticas en el exterior. La estrategia de López Obrador tiene varios objetivos. En primer lugar, busca anticiparse a los ataques de Zedillo y posicionarse en la agenda pública. En segundo lugar, busca movilizar a su base de apoyo y defender su gestión. En tercer lugar, busca debilitar a la oposición política, que podría intentar capitalizar la visita de Zedillo.
Es probable que esta visita genere un debate político intenso en México. López Obrador está apostando a que su estrategia de autoprotección y defensa le permita salir airoso de este desafío. Sin embargo, es importante señalar que Zedillo es un político experimentado y que no se dejará intimidar por los cuestionamientos de López Obrador. El expresidente podría dar un discurso contundente en el que critique duramente al gobierno de López Obrador y sus políticas.
Como sea, la estrategia de López Obrador tiene claros visos electorales. Busca evitar que Zedillo marque la agenda y le reste oxígeno a Morena. Pero ese afán por politizarlo todo, aunque predecible, resulta desalentador. Y, por lo tanto, puede resultarle contraproducente. Los problemas reales esperan soluciones, no shows. Justamente, Zedillo fue la antítesis de la pirotecnia y cerró su sexenio con una altísima aprobación: sin necesidad de darnos show ninguno.