La impaciencia de Greta

La amenaza se acerca cada vez más, y resulta increíble que el compromiso que esperaríamos de los líderes del mundo lo ha demostrado de manera más elocuente una joven estudiante. Por su impacto y probabilidad, las amenazas ambientales, como fenómenos meteorológicos extremos —huracanes, inundaciones o sequías—, así como el cambio climático, por tercer año consecutivo lideran la lista de los 10 principales riesgos globales en el informe 2019 del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés).

Los hechos son irrefutables. El año pasado varios países fueron azotados por tormentas e inundaciones, así como olas de calor. Fenómenos que han causado la muerte de miles de personas.

Y si hablamos de olas de calor, no vayamos lejos. Desde finales de 2018 a la fecha, Australia registra temperaturas cercanas a los 50 grados centígrados, lo cual ocasionó que la semana pasada 40 caballos salvajes murieran de sed y hambre. Eso no es todo. Otros 50 ejemplares fueron encontrados en malas condiciones y fueron sacrificados. Sí, nadie se salva de los extremos climáticos, afectan a todos los seres vivos.

Es por ello que la pérdida de biodiversidad es otro de los riesgos en la lista del WEF, luego de que el Informe Planeta vivo 2018 del Fondo Mundial para la Naturaleza indicara que la humanidad y sus actividades han ocasionado la pérdida de 60% de los animales vertebrados entre 1970 y 2014.

Pero lo más desconcertante es que, con todo y Acuerdo de París, la incapacidad de mitigación y adaptación al cambio climático destaque entre los primeros tres peligros para la sociedad.

Ello habla de que todos estamos fallando. Las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI) continúan creciendo y la concentración actual de dióxido de carbono en la atmósfera es la más alta en tres millones de años.

Por como vamos, se antoja imposible que para 2030 hayamos disminuido las emisiones de GEI en casi 50%, que es lo mínimo requerido para evitar que la temperatura rebase 1.5 grados centígrados.

Es frustrante que el informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático —el cual advierte que los efectos de la crisis climática serán peores de lo previsto— no esté moviendo a los gobernantes ni a líderes empresariales ni a la sociedad para entrar en acción y evitar catástrofes mayores.

De hecho, la semana pasada en la Cumbre de Davos, Suiza, que organiza año con año el WEF, uno de los temas torales, justamente, fue el cambio climático. Pero hubo marcadas ausencias.

Debido a las crisis que enfrentan en sus respectivos países, la primera ministra de Gran Bretaña, Theresa May, así como los presidentes de Estados Unidos y Francia, Donald Trump y Emmanuel Macron, respectivamente, fueron obligados a quedarse en casa.

Ahí en Davos, Kristalina Georgieva, consejera delegada del Banco Mundial, dijo que el cambio climático está ocurriendo más rápido de lo que se pensaba y con un aumento de la temperatura de 2.5 grados centígrados se perdería el 15% del PIB mundial. Pero de subir a tres grados, se eliminaría 25% del PIB y “el costo en términos de sufrimiento sería inconmensurable”.

Un mensaje que ojalá cimbre a las naciones, porque es impostergable transitar hacia una economía climática que deje fuera a los combustibles fósiles.

Es decir, que las energías renovables sean el motor de la riqueza y la generación de empleos.

Y evitar que las inversiones en tecnologías limpias se desaceleren, pues se calcula que éstas han generado 65 millones de nuevos empleos.

Lo que más sorprendió y entusiasmó a los asistentes a la Cumbre de Davos no fueron ni siquiera las participaciones de connotados personajes relacionados con el cuidado de la vida silvestre y el planeta, como Al Gore, David Attenborough y Jane Goodall, sino el discurso enérgico de una joven sueca de 16 años.

Greta Thunberg es una activista que todos los viernes falta a clases para protestar frente al Parlamento sueco para exigir acciones contra el cambio climático y ya ha sumado a 100 mil estudiantes del mundo a su campaña “huelga por el clima”.

Consciente de que viajar en avión produce altas emisiones de GEI, tomó el tren en Estocolmo para llegar tras 32 horas de viaje a Davos.

En el foro, recriminó a la élite ahí reunida: “No quiero tu esperanza. No quiero que tengas esperanza. Quiero que te asustes… que actúes… Nuestra casa está en llamas”.

Greta, como muchos jóvenes de su edad, es impaciente. Pero su impaciencia nace de la complejidad de los adultos para enfrentar contundentemente la crisis climática. Para ella es: o se evita que la temperatura suba por encima de 1.5 grados centígrados “o no lo hacemos”.

En Davos pidió una acción transformadora, de lo contrario, se continuará como de costumbre y se fracasará.

Así como ha inspirado a jóvenes escolares de otras partes del mundo, ojalá Greta mueva la conciencia de los adultos. De lo contrario, el día de mañana esta generación tendrá toda la razón de vilipendiarnos por haber devastado el planeta.

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