Aplausos de pie…

Quienes tenemos el privilegio de trabajar en los medios de comunicación estamos familiarizados con consignar hechos lamentables, crisis, persecuciones y criticar –con la intencionalidad o fantasía de mejorar el mundo– una realidad en la mayoría de los casos ...

Kimberly Armengol

Kimberly Armengol

Rompe-cabezas

Quienes tenemos el privilegio de trabajar en los medios de comunicación estamos familiarizados con consignar hechos lamentables, crisis, persecuciones y criticar –con la intencionalidad o fantasía de mejorar el mundo– una realidad en la mayoría de los casos lastimera.

En caso de noticias alentadoras, buscamos la arista “sospechosista” que invariablemente nos remonta a intenciones ocultas.

Las redes sociales no son la excepción, estamos plagados de periodistas ciudadanos y ¿activistas de la red? donde la conversación versa sobre lo mal que estamos, que vamos a estar peor y la llegada de los jinetes del Apocalipsis y sí… yo he sido parte de ello.

Hoy, y en esta entrega, sólo puedo y quiero hacer una ovación de pie por el proceso que siguen las Coreas. Se acabó la guerra entre Corea del Norte y Corea del Sur y, justamente, eso es lo que necesitamos. Por más romántico y cursi que pueda sonar: nos urgen vientos de paz y esperanza.

En lo personal, la imagen de Kim Jong-Un y Moon Jae-In tomados de la mano, celebrando y sellando el pacto, con un abrazo fraterno me conmovió profundamente. ¡Fueron 68 años de hostilidades!

Era 1948 cuando esta península fue dividida por el famoso paralelo 38: el sur, proveedor de alimentos: el norte, dedicado al acero y la química. Una consecuencia de la Guerra Fría, con ideologías antagónicas heredadas por sus protectores, el comunismo contra el capitalismo.

El norte, con 25 millones de habitantes, un régimen de represión, comunicaciones controladas, una economía en decadencia y uno de los ejércitos más poderosos del mundo. ¿El sur?, 50 millones de ciudadanos, comunicaciones libres y democracia, es uno de los principales productores del mundo con una economía próspera.

La declaración de paz incluye: buscar la reducción de armas, convertir la frontera en zona de paz, cesar actos hostiles y la desnuclearización.

“Los dos líderes declaran ante nuestro pueblo de 80 millones y el mundo entero que no habrá más guerra en la península de Corea y ha comenzado una nueva era de paz”, se lee en la declaración conjunta.

Y nuestro querido y protagónico Donald Trump no podía resistirse a colgarse las medallas de este complejo proceso. Es por todos conocidos que desde que comenzó su administración uno de sus “entretenimientos” ha sido el intercambio de tuits provocativos y amenazantes con Kim Jong-Un.

Lo que es un hecho, es que antes de julio los líderes de Corea del Norte y Estados Unidos coincidirán en una reunión tan mediática como histórica. Moon Jae-In expresó que Trump merece un profundo reconocimiento por el papel crucial que ha tenido en que estas conversaciones tengan lugar. Aunque, la intervención surcoreana y la voluntad China (quien aporta 90% de los intercambios comerciales de Norcorea) para imponer sanciones han sido definitivas en este conflicto.

Kim Jong-Un, ese líder norcoreano flemático, exótico y bélico, hizo historia al ser el primer líder norcoreano en cruzar la zona desmilitarizada hacia Corea del Sur. “Una nueva historia comienza ahora, en el punto de partida de la historia y la era de la paz”, escribió Kim, junto con su firma y la fecha.

Reflexión: ¿querrá Trump un premio Nobel de la Paz como Obama?

POST SCRIPTUM

Y si hubiese agendas ocultas o fines ulteriores en la paz entre las Coreas, hoy no quiero pensarlo… Sólo quiero celebrar.

@kimarmengol

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