Nerd

Ya van dos veces que veo Ready Player One y no porque no le haya entendido a la primera, sino porque, obviamente, me gustó. La segunda vez que la vi no leí los subtítulos, que aunque hablo inglés y puedo escuchar los diálogos y entenderlos, ir en contra de la costumbre ...

Ya van dos veces que veo Ready Player One y no porque no le haya entendido a la primera, sino porque, obviamente, me gustó. La segunda vez que la vi no leí los subtítulos, que aunque hablo inglés y puedo escuchar los diálogos y entenderlos, ir en contra de la costumbre de toda una vida es difícil: por más que lo intento, mis ojos se van a la parte baja de la pantalla y por milisegundos dejo de ver las imágenes. En otras películas no importa, pero en RPO hay que estar muy pendientes de lo que está pasando, tanto por la inmensa cantidad de referencias a la cultura pop (parte importante de la historia), como por el puro placer de ver el mundo virtual de OASIS recreado para la película.

La realidad virtual es, sobre todo, visual. Es por eso que el libro no se parece a su adaptación cinematográfica. Era necesario cambiarlo. Por más que los fans puristas de la novela se quejen, hay cosas en el libro que no funcionarían en imagen. Puede ser que en otras películas me moleste este tipo de licencias, pero en ésta no. El libro y la película son distintas, sí, pero de una manera extraña se complementan. Si eres un nerd, las dos son disfrutables.

El que debería sentirse frustrado por los cambios podría ser el escritor, Ernest Cline, pero es el más feliz de todos, ¿no han visto sus fotos? En todas aparece con una sonrisa de oreja a oreja que no puede con ella. Y cómo no. El libro que escribió es una oda a Spielberg y resulta que él es el director del filme. No puede quejarse porque fue parte de la adaptación, comparte crédito con Zak Penn en la realización del guión. Además le deben de haber pagado bien, y las ventas de sus libros están subiendo a cada minuto. ¿Qué más puede pedir?

Ernest Cline, sin duda, es el nerd más famoso del momento, el ídolo de todos esos frikis que se la pasan estudiando películas, cómics y videojuegos, para mencionarlas en el momento exacto y denigrar a quien no sabe de qué está hablando. Desde hace tiempo, Cline es una referencia obligada en asuntos de videojuegos vintage y actuales, lo vimos en el documental de la búsqueda de los cartuchos enterrados del videojuego de E.T. (Atari: Game Over. 2014) llegando con su DeLorean al desierto de Nuevo México, fanfarroneando. Ya se creía mucho y eso pasó en 2014, ¡imagínense cómo andará Ernie a estas alturas!

La verdad es que su historia está de cuento de hadas. En 1998 escribió un guión que parecía imposible de filmar: unos fans de Star Wars entran al Skywalker Ranch para ver el Episodio I de la saga antes de que se estrene. Pero se logró gracias a que George Lucas dio el permiso, así que la película FanBoys salió en 2009.

Debido a la mala experiencia con esta película, en la que los realizadores hicieron cambios en su historia sin consultarlo, dejó de hacer guiones y se dedicó a escribir una novela, Ready Player One, sin pensar que ésta tendría una adaptación cinematográfica. Por eso escribió un libro con tantas referencias a la cultura pop de los 80. En un libro no tienes que pagar regalías por mencionar que tu protagonista tiene el reto de entrar a “actuar” como Matthew Broderick en la película War Games, ni pagarle a Rush por usar una canción de su álbum 2112.

Su segunda novela, Armada, que aunque no está tan buena como su primera, desde que se publicó en 2015 se vendió a Universal Pictures para su adaptación.

Aunque Ernest Cline dice que sus personajes son rebeldes y que están en contra del sistema, no deja de ser puro divertimento, lo cual está bien para mí.

Si a nerds vamos, admiro más a Cory Doctorow, bloguero, escritor de ciencia ficción y activista en favor de liberalizar los derechos de autor. Aunque, claro, ¿a quién no le gustaría estar viviendo el sueño hecho realidad del nerd de nerds Ernest Cline? A mí, sí.

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