Abelito, Nodal y el Jr.: tres historias de renacimiento

Hay entrevistas que uno espera con interés, otras que generan expectativa… y luego están esas que sorprenden, que descolocan, que te recuerdan por qué este oficio vale la pena. Eso me pasó con Abelito, mi invitado este sábado en El minuto que cambió mi destino sin ...

Hay entrevistas que uno espera con interés, otras que generan expectativa… y luego están esas que sorprenden, que descolocan, que te recuerdan por qué este oficio vale la pena. Eso me pasó con Abelito, mi invitado este sábado en El minuto que cambió mi destino sin censura por

Imagen Televisión a las ocho de la noche. Créanme: yo mismo quedé impresionado. A veces creemos que conocemos a los personajes porque los vemos en un reality o porque se convierten en tendencia en redes. Pero no. Hasta que se sientan frente a ti, hasta que te miran a los ojos y te abren la puerta de su historia, no tienes idea de la dimensión humana que hay detrás. Y eso me ocurrió con este muchacho. Abelito es sensible, inteligente, educado, chispeante, profundamente carismático y —si me apuran— con un humor nato que ya lo quisieran muchos comediantes. Llegó puntual, sonriente, sin poses, sin esa nube de fama recién adquirida que a tantos les nubla el juicio. Desde que se sentó, supo conectar. Y eso, señoras y señores, no se aprende: se trae. Pero, además, detrás del personaje que vimos competir y ganarse el cariño del público, descubrí a un joven con una historia dura, de esfuerzos, de familia, de miedos, de sueños pospuestos y de sueños alcanzados. Hablamos de su infancia, de sus amistades, de su noviazgo, de lo que significa la lealtad cuando todo mundo te voltea a ver; hablamos incluso de cómo se vive ser favorito de millones cuando apenas estás aprendiendo a vivir. Una entrevista honesta, cálida, reveladora. De verdad: no se la pierdan.

NODAL LE GANA A UNIVERSAL: UNA VICTORIA HISTÓRICA

Otro tema que sacudió al mundo del entretenimiento —y del derecho autoral— fue la resolución legal a favor de Christian Nodal en el pleito penal que su antigua disquera, Universal Music, sostenía en su contra. La compañía lo acusó nada más y nada menos que de falsificar más de 30 contratos para “quedarse” con derechos y regalías de sus primeros tres discos. Una acusación gravísima, una mancha que, de haber sido cierta, habría destruido carreras enteras. Pero no. El tiempo —y la justicia— pusieron cada cosa en su sitio. Nodal ganó. Ganó en lo penal, ganó en su nombre, ganó en su dignidad. Y no es cosa menor: le habían congelado alrededor de 150 millones de pesos, y eso era apenas la punta del iceberg. Universal pretendía quedarse con regalías, derechos fonográficos y cualquier peso que generaran los discos que lo lanzaron a la fama. Era una guerra legal enorme, desgastante, absurda y, como quedó demostrado, sin sustento. Hoy Nodal respira. Hoy puede levantar la cara. Y, aunque el pleito continúa en lo civil —porque estas batallas nunca terminan de inmediato—, el hecho de que lo penal ya esté resuelto a su favor es una victoria contundente. Desde aquí, mi felicitación para Christian. Porque además de talentoso, ha demostrado carácter. Ha enfrentado tormentas públicas y privadas, amores fallidos, rumores, señalamientos, escándalos y ahora también una guerra legal de este tamaño. Y se ha mantenido de pie.

EL JR, QUIERE VOLVER: ¿REINVENCIÓN O TERQUEDAD?

Y si de historias sorprendentes hablamos, una que me dejó helado es la del Jr., Julio César Chávez Jr., quien a sus 39 años quiere regresar al boxeo profesional. Sí, así como lo leen: pretende subir nuevamente al ring en enero del próximo año… y un mes después, en febrero, cumple 40 años. Miren, yo admiro profundamente a don Julio César Chávez, uno de los más grandes gladiadores que ha dado México. Pero su hijo ha tenido una vida distinta, marcada por decisiones polémicas, por excesos, por altibajos, por momentos muy oscuros y por problemas con la justicia que todos vimos. Y ahora dice que quiere volver. Que quiere reivindicarse. Que quiere demostrar que todavía tiene algo qué ofrecer. Que perdió tiempo, que desperdició oportunidades, que no valoró su apellido ni su talento. A estas alturas, él mismo reconoce que las tonterías le costaron años. Que la fama puede ser una ruina cuando no se sabe sostener. Que la disciplina no se improvisa. Y quizá por eso ahora pretende una especie de renacimiento a través del box. La pregunta es: ¿le alcanza? Yo, sinceramente, lo veo complicado. El boxeo no es un juego. El ring no perdona. El cuerpo no responde igual a los 40 que a los 28. Y, aunque celebro cualquier intento de encarrilar la vida, me pregunto si este retorno llega demasiado tarde o si, quién sabe, quizá sí sea la última llamada para un hombre que perdió mucho tiempo antes de que “le cayera el veinte”. Lo cierto es que, si sube, subirá bajo la mirada crítica de todos. Porque la afición mexicana es noble, pero no es ingenua. Y quien porte el apellido Chávez sabe que se enfrenta no sólo a un rival, sino a una leyenda.

Tres historias distintas, un mismo hilo conductor: la búsqueda de una segunda oportunidad

Abelito, con su frescura y autenticidad, mostrando que el talento verdadero apenas empieza. Nodal, recuperando su nombre y su libertad creativa. Y el Jr., intentando recuperar su rumbo antes de que sea demasiado tarde. El tiempo dirá quién lo logra. Pero mientras tanto, aquí seguimos, contando lo que pasa delante y detrás de los reflectores. Porque al final, este mundo —como la vida— está lleno de caídas, ascensos, tropiezos, victorias y renacimientos.

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