Capricho maldito
Capricho maldito, locura de un rato por ella he perdido lo más bonito que Dios me había dado. Los Rieleros del Norte La situación y su desarrollo en la sentimentalmente muy cercana Venezuela fue bastante caótica y, para los mexicanos, particularmente, confusa. La ...
Capricho maldito,
locura de un rato
por ella he perdido lo más bonito
que Dios me había dado.
Los Rieleros del Norte
La situación y su desarrollo en la sentimentalmente muy cercana Venezuela fue bastante caótica y, para los mexicanos, particularmente, confusa. La autodesignación que hizo Juan Guaidó –Presidente del Congreso original que Nicolás Maduro desconoció y sustituyó por otro a modo suyo– y las multitudes manifestándose por las calles de las ciudades venezolanas en pro y en contra del dictador dieron inicio a la feria de confusiones. Ante una multitud caraqueña, el señor Guaidó rindió protesta como presidente encargado de Venezuela, para luego irse a Washington a recibir cobijo y asesoría, aunque la figura de presidente encargado no existe.
Lo que sí existió fue el inmediato reconocimiento de Guaidó como legítimo jefe de Estado por parte de los Estados Unidos, Canadá y la Organización de los Estados Americanos como organismo. Todo esto mientras el señor Pompeo, secretario de Estado de los Estados Unidos, urgía a todo el mundo a seguir su actitud. Si bien la postura, primero dubitativa y luego más o menos firme, del gobierno de López Obrador ante la crisis que todo esto provocó, tiene el doble respaldo de la tradicional Doctrina Estrada y del articulado de la Constitución Mexicana que define los principios en los que debe basarse la política exterior de nuestro país, esto es la no injerencia en asuntos internos, la autonomía, la soberanía nacional y los derechos humanos; a poco del anuncio oficial, surgieron diferentes opiniones.
Las valoraciones difieren porque la misma política ha sido aplicada discrecionalmente en otras circunstancias. El gobierno mexicano rompió con Franco y mantuvo por años al gobierno español republicano en el exilio, con sede en la Ciudad de México. Rompió con interesante inmediatez con el Chile de Pinochet. Al mismo tiempo, mantuvo relaciones con países muy poco democráticos como Azerbaiyán, la República Popular Democrática de Corea, la del Norte, y con Cuba, por citar tres ejemplos. Parecería que los mexicanos hacemos distingos cuando se trata de dictaduras y que hay dictaduras buenas y dictaduras malas. Ergo, el gobierno mexicano de la cuarta república reconoce la legitimidad de la dictadura buena de Maduro, aunque insta a las dos facciones que se disputan el poder a solucionar sus diferencias por la vía del diálogo.
Esta vía es la que el Poder Ejecutivo sugiere para solucionar el enorme problema que es el bloqueo que la CNTE de los maestros disidentes mantiene sobre las vías férreas de Michoacán y que trae de cabeza a la industria de nuestro país que, con dificultades de abasto de hidrocarburos, no recibe materias primas de primer orden. El gobernador Aureoles, de Michoacán, y el gobierno federal se han echado la pelota sobre si el asunto es de índole federal o problema local. Finalmente, el centro destinó 200 millones de pesos para cubrir los sueldos de los maestros de una quincena ya vencida.
Pero la interpretación que del diálogo tiene la CNTE es otra: se requiere de cinco veces la suma entregada, además de otras cantidades para cubrir bonos, gratificaciones, pensiones, en un largo etcétera que no tiene otro objeto que el de prolongar el conflicto. Por sus purititos pantalones.
En el conflicto venezolano, cuatro fuertes países europeos: España, Gran Bretaña, Alemania y Francia le han puesto un ultimátum a Maduro: convoca a elecciones en una semana o reconocen a su opositor Guaidó.
La respuesta del régimen de Maduro no se hizo esperar: ¿quiénes se creen que son estos señores para ponernos un ultimátum, para intervenir en los asuntos internos de nuestro país?
Al igual que los dirigentes de la CNTE, si le preguntan a Maduro si va a seguir empecinado en su postura, la más probable respuesta de ambos pudiera ser: me canso ganso.
