Apuntes (II)

Los futuros responsables del primer gobierno morenista de la historia han empezado a delinear proyectos. Tanta anticipación tiene sus ventajas, pero también es un desgaste innecesario

El torrente informativo que ha generado en tan sólo dos semanas el contundente triunfo de Andrés Manuel López Obrador amerita que hagamos pausas para tratar de ir digiriendo la trascendencia de lo que está ocurriendo. Continuamos con los temas que empezamos a esbozar desde la semana pasada para contribuir al mapa de ruta para el debate.

4. El gabinete adelantado. Al inicio de su campaña, López Obrador presentó a quienes formarían su equipo de trabajo, una idea extrañamente creativa que fijó la agenda en los primeros días de la contienda y cuyo impacto esa vez se replicó exponencialmente.

Al tener nombres y apellidos, los futuros responsables del primer gobierno morenista de la historia han empezado a delinear proyectos, cinco meses antes de tomar posesión. Tanta anticipación tiene sus ventajas —un debate público como nunca se había dado sobre la acción gubernamental—, pero también es un desgaste innecesario cuando, en estricto sentido, lo único que hay es mucho discurso y pocos hechos.

Los reflectores están ahora sobre los personajes de carne y hueso que encabezarán las carteras de gobierno, y eso ha dado lugar a definiciones sobre asuntos que generaban cierta inquietud, sobre todo en materia económica. Temas como el gasolinazo, por ejemplo, ya no obedecen a la lógica de cachar votos, sino de un manejo responsable que, además, dé señales de que no se cometerán locuras.

Este aterrizaje a la realidad terminará decepcionando a quienes hayan creído, literalmente, en promesas que sonaban más retóricas que concretas. Curiosamente, los cuatro meses y medio que faltan para el relevo le dan un colchón muy amplio al nuevo gobierno para amortiguar la indignación en torno a las promesas presuntamente no cumplidas. Y para concentrar sus esfuerzos de planeación en compromisos que sí pueda cumplir y tengan visibilidad.

5. La ¿restauración? A lo largo de las semanas he visto muchas opiniones en el sentido de que la mayoría que obtuvo Morena en el Poder Legislativo federal y en varios congresos estatales equivale al regreso del priismo omnipotente de los años previos a la transición. Una vuelta al mayoriteo, es decir, la imposición mediante el avasallamiento numérico.

Frente a esta lectura, bastante comprensible, es justo señalar que los triunfadores han respondido con mesura. El propio López Obrador, en entrevista con Francisco Zea, descartó que se vaya a actuar con prepotencia, mientras Martí Batres le aseguró a Pascal Beltrán del Río, en Imagen Radio, que se buscarán consensos con el resto de las fuerzas políticas. Si es así, significa que estarán leyendo correctamente el mandato de una ciudadanía que quiere trabajo y diálogo, y no confrontación estéril ni agandalle.

Y a tono con el inédito acuerdo de la clase política —desde congresistas hasta gobernadores— en torno a que todo el mundo sea austero, sería una gran señal que uno de los primeros grandes consensos se estableciera para frenar los gastos excesivos y compras opacas o en sobreprecios, tanto de dependencias gubernamentales como de instancias legislativas, que Excélsior ha documentado consistentemente desde hace años. Ahora es el momento de darle a la ciudadanía la prueba de que, después de insistentes denuncias, la clase política sí puede dar muestras de que ha escuchado y aprendido.

6. La nueva geometría política. Desde 1994 estábamos acostumbrados a pensar en función de la triada PRI-PAN-PRD, equivalente a centro-derecha-izquierda, mientras el resto era la “chiquillada” de pequeños partidos que según les conviniera se juntaban con alguno de los grandes para establecer alianzas electorales o legislativas.

Este esquema quedó roto y no está muy claro ahora cómo redibujarlo. En primera, por la mezcla de perfiles ideológicos que confluyen en Morena, identificado genéricamente como de “izquierda”, pero que, al menos económicamente, no parece tentado a alejarse mucho de la ortodoxia liberal de los gobiernos que le anteceden, y que lo mismo cobija a radicales que a expriistas, expanistas y a pragmáticos de otras militancias.

Fuera del hoy hegemónico universo guinda, está un PRI que perderá el núcleo de poder en torno al cual se reagrupó este sexenio y un PAN diezmado que quizá sólo tenga la opción de representar una suerte de oposición conservadora para consolidarse como oposición contrastante. Los restos del PRD que decidan permanecer ahí y no migrar a Morena engrosarán las filas de la chiquillada con opción a extinguirse definitivamente. Pero en lo que coincidirán todos es en su escaso margen de maniobra para representar un contrapeso.

Este último papel puede que lo ejerza la también heterogénea masa de organizaciones que se identifican como “sociedad civil”, y que se han arrogado la misión de ser el ojo vigilante que exija rendición de cuentas y frene todo ejercicio excesivo de poder. Quién sabe si lo logren, pero tenga por seguro que son los únicos capaces de hacer el ruido suficiente para hacerse oír.

                Twitter: @Fabiguarneros

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