Nicaragua, hoy como hace 39 años

El día de ayer se cumplió el 39 aniversario de la revolución sandinista en un contexto de creciente violencia, más de 350 muertos y 2000 heridos, producto de la represión del gobierno de Daniel Ortega, quien encabezó hace cuatro décadas el movimiento que derrocó a ...

El día de ayer se cumplió el 39 aniversario de la revolución sandinista en un contexto de creciente violencia, más de 350 muertos y 2000 heridos, producto de la represión del gobierno de Daniel Ortega, quien encabezó hace cuatro décadas el movimiento que derrocó a la dinastía Somoza. Se repite la lucha antidictatorial, pero ahora contra quien traicionó la gesta del 79, a sus caídos e ideales.

Según recuerda Sergio Ramírez (líder histórico de la revolución, exvicepresidente y crítico de Ortega desde hace años), un hecho del 23 de julio de 1959, que “marcó su vida para siempre”, al ser sobreviviente de la masacre de León por el ejército contra estudiantes que protestaban contra el gobierno de Luis Somoza (hijo de Anastasio Somoza García). Rememora que los soldados impidieron el paso de las ambulancias, y los sobrevivientes debieron subir a los heridos y muertos en autos particulares para llevarlos al hospital… Sólo en esa refriega hubo cuatro muertos y más de 70 heridos, pero no se frenó la lucha que duró otros 20 años hasta que fue derrocado el último de la dinastía.

Después del triunfo revolucionario, y de que el nuevo régimen superó la crisis de los “contras” (financiados por Estados Unidos), a partir de 1990 inició la experiencia democrática, pronto escamoteada por Daniel Ortega, puesto que si bien llegó a la Presidencia por la vía electoral en 2007 (con dudosa legitimidad al violarse la ley), ha maniobrado para quedarse fraudulentamente en el poder (los comicios de 2016 fueron una farsa, al realizarse sin candidatos opositores, órganos electorales independientes ni observadores internacionales). Ortega se metamorfoseó, de revolucionario a dictador (como Castro), con su esposa Rosario Murillo en la vicepresidencia, y un proyecto dinástico neosomocista.

El régimen de Ortega se caracteriza por la concentración de poder; el control del aparato de justicia y electoral; el sometimiento del Parlamento (desde el 2016 se destituyó a los 28 diputados opositores); la persecución de críticos y disidentes (incluyendo a su antiguo camarada y poeta, Ernesto Cardenal), y el acoso a la prensa; la apropiación del Estado como negocio familiar (sus hijos ocupan cargos públicos y dirigen empresas que han enriquecido a la familia, y se ha ndesviado 3500 millones de la cooperación venezolana a cuentas privadas), provocar bancarrota económica, implantar el partido casi único, promulgar leyes antiterroristas, uso de paramilitares para reprimir y ser una dictadura más sanguinaria que la de Maduro.

Las manifestaciones recientes empezaron el 18 de abril, inicialmente contrarias a la reforma del sistema de seguridad social, pero conforme se intensifica la violencia contra los opositores (jóvenes quemados vivos dentro de sus hogares, clérigos atacados en sus iglesias, etc.), cuyas protestas abarcan más ciudades, y con mayores exigencias: desde un diálogo nacional, la división real de poderes, la investigación de la matanza estudiantil por la CIDH, una reforma electoral y comicios anticipados hasta demandar la salida de Ortega, quien resiste violentamente a ello. Incluso, el exjefe del ejército, y hermano de Daniel, Humberto Ortega pidió una salida constitucional para que se restablezca la democracia. Crece la presión internacional para que cese la represión y se convoquen elecciones adelantadas.

Maduro y Ortega son ejemplos de los riesgos que implican para México, y cualquier país, el ser gobernados por un “hombre fuerte”, que concentre el poder y lo ejerza con mano dura.

ENTRETELONES

¿Se hará recorte y división autoritaria de las familias de los burócratas?

                Twitter: @evillarrealr

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