Urge definir futuro de Morena

A primera vista no se vislumbra ningún líder carismático que pueda tomar la dirección

Adrián Rueda

Adrián Rueda

Capital político

Hace apenas unas semanas Marco Rascón, excandidato a jefe de Gobierno por el Partido Humanista y conocedor a fondo de la personalidad de Andrés Manuel López Obrador, dijo que si el tabasqueño ganaba la Presidencia de la República, desmantelaría a Morena.

Su opinión pudiera sonar incluso hasta disparatada, pero la lógica de Rascón es que, una vez que el partido le sirvió para ganar las elecciones, dejó de ser prioridad, porque se le podría convertir en un contrapeso que él no desea.

Sean ciertas o no las apreciaciones del famoso Superbarrio, llama la atención que, a estas alturas del partido, aún no se vislumbre el futuro de Morena, que se tendría que consolidar como partido político y dejar de ser una agrupación en torno a una figura. Porque todo el mundo ha tenido siempre muy claro que el partido pejista no hubiera sido nada sin la figura de López Obrador, y ahora más de uno se pregunta qué pasará con la agrupación hoy que su líder es virtual Presidente electo de la República.

A primera vista no se vislumbra ningún líder carismático que pueda tomar la dirección del partido más importante del país, según el número de puestos de elección popular ganados el 1 de julio.

Nadie ha deslizado ni siquiera un nombre, porque no hay nadie que muestre los espolones necesarios para tomar el lugar de Andrés Manuel para domesticar al monstruo en el que se convirtió Morena, con tanto poder acumulado.

Sería una mala broma pensar que alguien hiciera caso a lo que dijera Yeidckol Polevnsky, por ejemplo, quien pudiera ser la lideresa formal, pero jamás tendría la autoridad moral para ordenar a sus compañeros.

La definición del futuro de Morena urge, porque sus integrantes necesitan una señal para su consolidación, y López Obrador tendría que delegarlo, pues con su próxima responsabilidad al frente del gobierno de México no podrá hacerse cargo de todo.

Y es que, por regla básica, si no hay una autoridad fuerte al frente del partido oficial, a quién reportarán los líderes camerales morenos, por ejemplo, para evitar que cada quien se vaya por su lado.

Si hubiera un dirigente partidista visible, Andrés Manuel no habría tenido necesidad de salir a atacar al INE por la millonaria multa que le puso a su agrupación, a la que acusó de hacer trampa con el dinero para damnificados de los sismos.

Porque, además de que ya no es candidato, El Peje debe estar concentrado en lo que será su futuro gobierno, que no se aprecia nada fácil, y no regresar a asumirse como el líder político radical que cuestiona a las instituciones. Y es que el tabasqueño debería entender que fueron, precisamente, las instituciones las que lo llevaron al poder que ahora representa. Que ya no hay villanos con los cuales disputar los votos que lo hicieron ganar. Él ya es Presidente y no debe actuar como líder partidista. Es como si Enrique Peña saliera a pelearse con el INE o cualquier otra instancia para defender al PRI; ésa no es su chamba. Por eso urge definir el futuro de Morena.

CENTAVITOS… Como un dato curioso, los secretarios de Gobierno designados por Miguel Ángel Mancera y por Claudia Sheinbaum, respectivamente, tienen una historia en común. Cuando Héctor Serrano concluyó su encargo como relevo de la panista Guadalupe Morales en la delegación Venustiano Carranza y se quedó con pocas opciones, alguien salió en su rescate y lo presentó con Andrés Manuel López Obrador. Esa persona fue Rosa Icela Rodríguez, quien a partir de diciembre ocupará la posición que Serrano encabezara primero con Marcelo Ebrard y después con el propio Mancera. Quién lo iba a imaginar.

Temas: