Wisly Bellamour, la historia de un haitiano en Mexicali
A sus 33 años, originario de Gonaives, Haití, vive feliz en Mexicali, donde espera recibir pronto la ciudadanía mexicana

MEXICALI, Baja California.
A sus 33 años, Wisly Bellamour, originario de Gonaives, Haití, vive feliz en Mexicali, donde espera recibir pronto la ciudadanía mexicana.
Mientras tanto, estudia Ingeniería en Tecnología de Manufactura en la Universidad Politécnica de Baja California y disfruta de muy buenos momentos con su novia cachanilla.
Además trabaja muy duro para sacar adelante su propio negocio de reparación y venta de teléfonos celulares y computadoras, donde tiene un gran surtido en fundas, accesorios y equipos.

De acuerdo a la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), nuestro país registró en 2021 una cifra récord en el número de solicitudes de asilo de migrantes, con 131 mil 448 trámites, 86.84 por ciento más que en 2019.
Los haitianos superaron por primera vez a los hondureños en la presentación de solicitudes de asilo.
Wisly llegó en el lejano 2016 a México, con la primera oleada de haitianos que arribaron a nuestro país por el río Suchiate.
“Llegue a Chiapas y me dieron un permiso para llegar aquí a la frontera; mi primera parada después de salir de Haití fue Brasil pero luego decidí venir a México, buscando una mejor vida y con la idea de cruzar a Estados Unidos”, relató.

Desde que recibió albergue en el Hotel del Migrante de Mexicali quería aprovechar su carrera técnica para ganar algo de dinero y seguir su camino.
“Estudie reparación de celulares y computadoras, informática, electricidad, estudié todo eso en Haití”, comentó.
Con muy poco dinero pero muchas ganas de salir adelante, Wisly pronto se dio cuenta que sería muy difícil cruzar del otro lado.
La férrea política migratoria de Estados Unidos orilló a muchos migrantes a buscar oportunidades en las ciudades fronterizas de México.
“Estaba bien difícil y empecé a trabajar aquí, porque siempre digo que en cualquier parte puedo trabajar, progresar y crecer”, afirmó.
Hoy a seis años de distancia, Wisly es un ejemplo de adaptación, tenacidad y lucha constante para salir adelante.

“Muchas personas de Haití no hablan muy bien el español, y me buscan para no batallar mucho, para explicar su problema, lo que tiene su celular”, reveló.
Las caravanas de migrantes que caminan desde Centroamérica representan ahora para Wisly más trabajo en la reparación y venta de teléfonos celulares.
“Aumenta el mercado de trabajo con las caravanas, porque muchos vienen con los celulares quebrados, mojados y quieren que los componga”, detalló.
Sus aspiraciones de llegar a Estados Unidos dieron un vuelco para Wisly, quien ahora ya no piensa en cruzar como ilegal.
“Pienso diferente, quiero tener una visa de turista, ir de visita, ver cómo es y conocer”, indicó.
Por lo pronto, Wisly tiene claro que quiere seguir viviendo en Mexicali y tal vez, ¿Por qué no?, tener hijos mexicanos.
“Los mexicanos son muy buena gente, muy amables y no son racistas, les gusta tener a la gente cerca de ellos”, señaló.
Cuando se le pregunta a Wisly por su comida favorita, en lugar de nombrar un platillo haitiano, sin dudar responde: Los tacos de guisado y el pozole.

El éxodo de haitianos inició justo después de un terremoto que devastó la isla y miles de personas perdieron todo, por lo que el Gobierno de Estados Unidos decidió al principio otorgarles un permiso humanitario para quedarse en su territorio hasta por tres años, dada la crisis política y económica de la que venían huyendo.
Chabela resaltó que la mayoría de los migrantes haitianos que llegaron en esa época fueron deportados a su país, porque cruzaron de manera ilegal a Estados Unidos confiados en que Barack Obama les daría asilo, pero la situación ya se había desbordado.
Sobre el caso específico de Wisly Bellamour, la encargada del Hotel del Migrante dijo que es una persona de éxito, "que luchó por llegar hasta donde está y gracias a Dios, pues le va muy bien”.
Subrayó que en general los haitianos son gente muy trabajadora “a la que no le gusta que le regalen nada y que se gana las cosas trabajando”.
“Muchos ya tienen hasta sus casas, unos traen sus carros con DiDi y toda la cosa, andan manejando su propio carro, están establecidos, se casaron con mexicanas, ya tienen su familia y tienen hijos”, celebró.
Agregó que cuando recién llegaron los primeros haitiano como Wisly, no querían probar nada de comida mexicana, “y después los miraba en las taquerías, y me gritaban: ¡Oh amiga yo ya quiero ser mexicano, yo ya como tacos”.

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