Universidad Autónoma de Chapingo trabaja en “súper jitomate” resistente a la sequía

Un estudiante de la Universidad Autónoma de Chapingo sentó las bases para el desarrollo de un jitomate con tolerancia al estrés hídrico y alta salinidad

thumb
A futuro, la adopción de este tipo de genotipos permitirá ofrecer jitomates de mejor calidad, cultivados con menor consumo de agua y mayor estabilidad productiva.Foto: Cuartoscuro

Con el fin de enfrentar los efectos catastróficos del cambio climático sobre los cultivos por las sequías prolongadas y la degradación de los suelos, José Guadalupe Hernández Rodríguez, estudiante de la Universidad Autónoma de Chapingo (UACh), sentó las bases para el desarrollo de un jitomate con tolerancia al estrés hídrico y alta salinidad.

La investigación “Evaluación de la tolerancia a los efectos del estrés hídrico en genotipos de jitomate (Solanum lycopersicum)", abre la puerta a la sostenibilidad en la producción de este cultivo en regiones impactadas, fortaleciendo la seguridad alimentaria, ante escenarios climáticos cada vez más adversos.

El alumno de séptimo año del Departamento de Fitotecnia desarrolló el estudio en el marco del Programa de Formación de Nuevos Investigadores (PROFONI), en 10 genotipos de jitomate, específicamente con sales, durante la germinación y el desarrollo de plántulas.

La investigación se realizó en dos fases. La primera, en laboratorio (agosto-diciembre 2024), evaluando la germinación de 10 genotipos bajo estrés salino inducido y en la segunda fase en invernadero (enero-junio 2025), se evaluó el desarrollo de plántulas bajo riego normal y estrés hídrico”, explicó José Guadalupe Hernández Rodríguez.

Los resultados del estudio bajo la tutela del doctor José Luis Rodríguez de la O, confirmó diferencias significativas y el potencial en la tolerancia a la sequía entre los genotipos de jitomate evaluados. 

La identificación de variedades como MACIZO, SS2 y L52 con mayor resistencia al estrés salino e hídrico es fundamental, porque permite avanzar hacia la selección y desarrollo de genotipos más resilientes.

Aunque las variedades identificadas (MACIZO, SS2 y L52), no pueden distinguirse visualmente en los mercados, ya que sus nombres corresponden a la clasificación genética de la planta y no a una etiqueta comercial del jitomate, sus beneficios sí se reflejan en la calidad del producto que llega al consumidor.

De acuerdo con la Universidad Autónoma de Chapingo, estos materiales genéticos suelen producir jitomates más firmes, de color uniforme y con mayor vida de anaquel, características asociadas a plantas mejor adaptadas al estrés hídrico y salino.

A futuro, la adopción de este tipo de genotipos permitirá ofrecer jitomates de mejor calidad, cultivados con menor consumo de agua y mayor estabilidad productiva, lo que beneficiará tanto a productores como a consumidores".

Oro rojo

El jitomate es uno de los cultivos hortícolas más importantes de México y juega un papel preponderante en la seguridad alimentaria y en los mercados de exportación, pero su producción es altamente sensible al estrés hídrico y a la salinidad, factores abióticos que reducen la germinación, el crecimiento vegetativo, la fotosíntesis y, en consecuencia, el rendimiento final del cultivo.

Datos del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), establecen que durante 2025, la superficie cosechada de jitomate o tomate rojo registró una disminución de 6.7 por ciento en nuestro país.

En consecuencia, el volumen de producción nacional cayó 4.6 por ciento, al pasar de 3.20 a 3.05 millones de toneladas respecto a 2024.

El consumo nacional se ubicó en 1.25 millones de toneladas, lo que representó una reducción de 32.2 por ciento respecto a 2024.

Este ajuste responde tanto a la menor disponibilidad interna como a un entorno de precios deprimidos que desincentivó la colocación en el mercado doméstico", indicó.

El GCMA, señaló que el volumen exportado de tomate rojo alcanzó 1.80 millones de toneladas anuales, es decir, disminuyó 4.2 por ciento, por lo que en términos de valor, las ventas al exterior se ubicaron en dos mil 239 millones de dólares, con una caída de 5.4 por ciento anual.

Explicó que la reducción del valor exportado obedece principalmente a la aplicación de aranceles en el mercado de destino (Estados Unidos), que afectó la competitividad del tomate mexicano.

Además, a la operación de precios mínimos de referencia, que limitó la capacidad de negociación frente a compradores internacionales.

El precio promedio al productor registró una fuerte disminución de 36 por ciento, reflejando el impacto combinado de la caída en exportaciones, la presión de precios internacionales y el menor poder de negociación del productor.

jcp